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19 de junio de 2013

Misturado 14

The Antidote, de Oliver Burkeman: Happiness for People Who Can't Stand Positive Thinking. Brillante aproximación de un periodista británico con mucha ironía y bastante sentido común, que revienta el tufillo entre simplón y simplemente paradójico de la búsqueda ansiógena del pensamiento positivo y la propia felicidad.

Countering a self-help tradition in which "positive thinking" too often takes the place of actual thinking, Oliver Burkeman returns our attention to several of philosophy's deeper traditions and does so with a light hand and a wry sense of humor (Daniel Pink).

Tiene uno previo llamado Help que pone en su sitio (generalmente muy bajo)  con argumentos la endeblez de la autoayuda frívola (abrumadoramente mayoritaria, por cierto).

In the flesh (BBC) : irónica miniserie en que zombies medicados son recuperados a la vida y pasan a calificarse como afectados por el "Síndrome del Parcialmente Muerto" (PDS en inglés). El tratamiento crónico con (tachán) Nortriptilina (un tricíclico clásico) les permite un regreso aproximado desde la muerte, pero deberán convivir con el estigma, la incomprensión y la feroz intolerancia de sus coetáneos. Por supuesto, todos apestados pero unos más que otros. También hay espacio para la reivindicación PDS Pride y en conjunto una interesantísima metáfora de ciertas realidades habituales en el mundo de la psicopatología que promueve reflexión y no solo entretenimiento. Inteligente, casi brillante; espero continuación.

Una nostalgia (más que nunca necesaria) de mi adolescencia, que siempre me remueve:

Cuando ya nada se espera
personalmente exaltante
mas se palpita y se sigue
más acá de la consciencia.
fieramente existiendo
ciegamente afirmando,
como un pulso que golpea
las tinieblas,
que golpea las tinieblas.

Cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos
claros de la muerte,
se dicen las verdades, las bárbaras,
terribles,amorosas crueldades,
amorosas crueldades.

Poesía para el pobre,
poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos
trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos
dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes
porque apenas sí nos dejan
decir que somos quien somos.
Nuestros cantares no pueden ser
sin pecado un adorno;
estamos tocando el fondo,
estamos tocando el fondo.

La poesía es un arma cargada de futuro (extracto) , Gabriel Celaya
Musicado por Paco Ibáñez.

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1 de junio de 2013

Rowling y el fracasar

[...] Estaba convencida de que lo único que quería hacer, por el resto de mi vida, era escribir novelas. Sin embargo, mis padres, que proceden de ambientes pobres y además nunca fueron a la universidad, tomaron mi hiperactiva imaginación simplemente como una excentricidad personal que no me ayudaría a pagar una hipoteca o garantizarme una pensión. [...] No puedo criticar a mis padres por esperar que yo nunca experimentara la pobreza. Ellos mismos habían sido pobres, yo misma llegué a ser pobre, y estoy de acuerdo con ellos en que no es precisamente una experiencia ennoblecedora. La pobreza implica miedo, y estrés, y a veces depresión; significa miles de pequeñas humillaciones y obstáculos. Salir de la pobreza a través de tu propio esfuerzo es algo de lo que enorgullecerse, pero la pobreza sólo es romántica para los tontos.
Lo que más temía a vuestra edad no era la pobreza, sino el fracaso.

No soy tan simple como para pensar que porque ustedes son jóvenes, talentosos y bien educados, nunca habrán pasado por dificultades o desencantos. El talento y la inteligencia nunca han inoculado a nadie contra los caprichos del destino, así que en ningún momento supongo que todos los aquí presentes han disfrutado de una existencia llena de privilegios y satisfacciones.

Sin embargo, el hecho de que ustedes se estén graduando de Harvard sugiere que no están muy acostumbrados al fracaso. Tal vez hayan tenido tanto miedo a fallar como han deseado el éxito. De hecho, su concepto de fracaso puede no estar muy lejos de la idea de éxito de una persona promedio; así de alto han volado ya. En última instancia, todos hemos de decidir por nosotros mismos qué es el fracaso, pero el mundo está deseando ofrecerles su criterio si le dan permiso. Así que creo que es justo decir que bajo cualquier punto de vista habitual, sólo 7 años después del día de mi graduación, fracasé a una escala épica. Un matrimonio excepcionalmente corto se había hundido ya, y yo estaba desempleada, era madre soltera, y tan pobre como es posible serlo en la Gran Bretaña moderna sin acabar en la calle desahuciada. Los temores que mis padres albergaban sobre mí, y que yo albergaba sobre mí misma, se convirtieron en realidad, y bajo cualquier criterio estándar, yo era el mayor fracaso que conocía.
No voy a pararme aquí para decirles que el fracaso es divertido. Ese período de mi vida fue muy oscuro, y no tenía ni la más remota idea de que ocurriría lo que la prensa llama ahora un “final de cuento de hadas”. No tenía idea de lo larogo que sería el tunel, y durante mucho tiempo, cualquier luz al final de él era más una esperanza que una realidad.

 Así que, ¿por qué hablo acerca de los beneficios del fracaso? Simplemente porque el fracaso significó un camino para despojarme de lo no esencial.  Dejé de pretender que era algo muy diferente a lo que era en realidad, y comencé a dirigir toda mi energía a terminar el único trabajo que me interesaba.  Si hubiera triunfado en alguna otra cosa, quizás nunca hubiera encontrado la determinación de triunfar en aquello a lo que creía verdaderamente pertenecer. Me liberé, pues mis mayores miedos se habían materializado, y aún estaba con vida, y aún tenía una hija a la cual adoraba, y tenía una vieja máquina de escribir y una gran idea. Y entonces el fondo se convirtió en los cimientos sólidos sobre los que reconstruí mi vida.

Tal vez vosotros nunca fracaséis a la escala que yo lo hice, pero algún fracaso en la vida es inevitable. Es imposible vivir sin fallar en algo, a menos que vivas tan cautelosamente que no estés viviendo en realidad - en cuyo caso, fallas por defecto. El fracaso me dio una seguridad interior que nunca experimenté al aprobar exámenes. El fracaso me enseñó cosas acerca de mi misma que no hubiese podido aprender de otra manera. Descubrí que tengo una voluntad fuerte, y más disciplina de la que sospechaba. Y también descubrí que tenía amigos que valen más que los rubíes.

El saber que has emergido más sabia y más fuerte de tus adversidades significa que estás, para siempre, segura de tu capacidad para sobrevivir. Nunca te conocerás verdaderamente, ni las fortalezas de tus relaciones, hasta que ambas sean puestas a prueba por la adversidad. Ese conocimiento es un verdadero regalo, en la medida del dolor que cuesta conseguirlo, y vale más que cualquier calificación que haya obtenido nunca. Si me dieran un máquina del tiempo, me diría a mi misma a los 21 años que la felicidad personal reside en saber que la vida no es un listado de adquisiciones o logros cumplidos. Vuestras calificaciones, vuestros currículums, no son vuestra vida, aunque conoceréis a muchas personas de mi edad o mayores que confunden estos dos aspectos. La vida es difícil, y complicada, y más allá del control de cualquier persona, y la humildad de saber eso os permitirá sobrevivir a sus vicisitudes.


Extracto del discurso de JK Rowling en la Ceremonia de Graduación N°357 de la Universidad de Harvard (2008)

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21 de abril de 2013

Kierkegaardianas logoterapéuticas


 La puerta de la felicidad se abre hacia dentro, hay que retirarse un poco para abrirla: si uno la empuja, la cierra cada vez más.

La vida sólo puede ser comprendida hacia atrás, pero únicamente puede ser vivida hacia delante.

¡Qué absurdos son los hombres! Nunca usan las libertades que tienen, y piden las que no tienen. Tienen libertad de pensamiento y piden libertad de expresión.

 La vida no es un problema que tiene que ser resuelto, sino una realidad que debe ser experimentada.

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25 de febrero de 2013

¡Viva Rodríguez!

Los Oscar suelen ser una machangada autopromocional más bien decepcionante y absurda; sin embargo, cuando premian (y por tanto promocionan) historias como "Searching for sugar man" merecen seguir existiendo.
Casualmente, y sin saber nada de su nominación (ni en general de la gala) pude ver anoche este extraordinario documental que unas horas después estaba siendo premiado en LA. Rodríguez, la estrella de la música popular de los 70 (de la que ustedes ni yo ni casi nadie jamás oyó hablar) tiene una biografía fascinante que habla sobre la diferencia entre éxito y talento, el destino, la realidad superando a la ficción, y sobre todo cómo ser un perdedor sin serlo jamás. Evitaré destripar el argumento pero no puedo menos que abrir una entrada en este blog para dejar constancia de la maravilla, contada desde un perfil calmado, ordinario e intimista, de una historia opuesta: intensa, extraordinaria y transpersonal. La historia de un tipo derrotado y perdido que jamás lo estuvo. Quedan avisados.



Y fue la útima canción que Rodriguez jamás grabó. Y lo que me entristece aún más fue que el album salió en noviembre de 1971, y esperábamos grandes cosas. Pero no tuvo ninguna repercusión.
Y entonces, dos semanas antes de Navidad. Sussex le despidió. Y la primera frase de esa canción, casi como una premonición...fue, "I lost my job \ two weeks before Christmas". Joder tí­o, te das cuenta...Este tío merece reconocimiento. Nadie en America siquiera sabe quién es. Nadie tuvo ningún interés siquiera en escucharlo... ¿Cómo puede ser?


The mayor hides the crime rate
council woman hesitates 
Public gets irate but forget the vote date 
Weatherman complaining, predicted sun, it's raining 
Everyone's protesting, boyfriend keeps suggesting 
you're not like all of the rest
Garbage ain't collected, women ain't protected
Politicians using, people they're abusing
The mafia's getting bigger, like pollution in the river
And you tell me that this is where it's at
Woke up this morning with an ache in my head
I splashed on my clothes as I spilled out of bed 
I opened the window to listen to the news 
But all I heard was the Establishment's Blues.
Gun sales are soaring, housewives find life boring
Divorce the only answer smoking causes cancer
This system's gonna fall soon, to an angry young tune 
And that's a concrete cold fact
The pope digs population, freedom from taxation
Teeny Bops are uptight, drinking at a stoplight
Miniskirt is flirting I can't stop so I'm hurting
Spinster sells her hopeless chest
Adultery plays the kitchen, bigot cops non-fiction
The little man gets shafted, sons and monies drafted
Living by a time piece, new war in the Far East
Can you pass the Rorschach test?
It's a hassle it's an educated guess.
Well, frankly I couldn't care less.


THIS IS NOT A SONG IT'S AN OUTBURST: OR THE ESTABLISHMENT BLUES , Sixto Rodríguez, 1971

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6 de diciembre de 2010

Tenga usted un buen morir...


"La vida es tan corta y el oficio de vivir tan difícil, que cuando uno empieza a
aprenderlo, ya hay que morirse". Ernesto Sabato

Por esto es tan necesario poder observar la propia muerte, o en concreto el cómo mi muerte es capaz de decirme cómo busco mi vida (en otras palabras: ¿cómo me gustaría contemplar mi vida pasada si me quedaran 5 minutos para morir? ¿ me sugiere esto algo sobre cómo estoy viviendo aquí y ahora? Esto es una reflexión esencial).

Desde luego, una de las condiciones de la buena muerte (o mejor, del buen morir) es la libertad (y a ser posible el mínimo dolor y la máxima conciencia, fenómenos cuyo equilibrio supongo no debe ser fácil a veces, pero que en cualquier caso deben estar sometidos a la primacía del derecho personal a decidir). Puesto que la muerte es el envoltorio conceptual de la vida (y viceversa), me encanta imaginar que elijo mi propia manera de morir igual que me gusta imaginar que elijo cómo vivir...

Y decididamente me enerva que no se permita a otros definir su morir (por supuesto, me aterroriza que no se me permitiera a mí). En este sentido, no puedo menos que recomendarles la lectura de un reportaje de Millás en El País hace unos días, sobre la elección personal libre de Carlos Santos (qué extraordinaria presencia moral la de esos voluntarios de DMD).

Y por el mismo precio, el excelente, provocador, reflexivo y muy, muy recomendable telefilm marca HBO (garantía; igualito que tele5) con un excelso Al Pacino, sobre Jack Kevorkian, más conocido como Dr. Muerte: "You don't know Jack", libremente disponible como siempre en torrentz.com y subdivx.com.


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17 de julio de 2009

"Hay que vivir ingenuamente, y lo digo sin ingenuidad"

Javier Sádaba, catedrático de Ética


67 años. Nací en Vizcaya y vivo en Madrid. Doctor en Filosofía y Letras, licenciado en Teología y catedrático de Ética.

¿Sigue preguntándose sobre el sentido de la vida?
Tenga sentido o no, es la pregunta fundamental. Hay que preguntarse seriamente si podemos sacarle jugo a esta vida.

En eso estamos todos.
Sí, pero lo que más nos importa se nos suele ir por las rendijas de la trivialidad: al margen de que uno sea futbolista o ajedrecista, nuestra felicidad depende de cómo posamos el pie en este mundo.

Aprendemos caminando.
Hay que tener muy despierta la inteligencia y la sensibilidad, porque hay cantidad de estímulos que nos vienen de fuera y que deberíamos aprovechar. Hay que estar como los indios: con la oreja siempre pegada al suelo. Y me parece decisivo tener carácter, es decir, querer estar bien, no dejarse llevar por los acontecimientos, ir directamente a las cosas con una voluntad fuerte.

Eso es tarea de una vida entera.
La vida buena, la felicidad, hay que currársela, no viene dada como un don del cielo. Y al final lo que uno hace es respirar bien: algo que está en potencia y uno lo pone en acto.

¿Con qué herramientas contamos?
Al final el objetivo es llegar a ser tú mismo, construirte, y para ello es necesario conocerse bien, saber lo que uno puede, cuáles son sus poderes, y desechar lo que no puede. Otra es saber estar bien con los demás.

Eso es muy difícil.
Habría que repetir una y mil veces aquella frase de Bergamín: "Sólo los solitarios son solidarios".

Hay que empezar por uno mismo.
Hay que saber de uno y, después, saber salir a los demás. Si uno es egoísta, aparte de que no hay nada más feo, se achica a sí mismo. Uno crece si crece con los otros. Desarrollar un altruismo inteligente es al final lo que merece la pena.

¿Qué impide la buena vida?
Aparte de uno mismo, en esta época sobreestimulada, ir deprisa por la vida y cierta patología sociopolítica que nos está hundiendo, que ha extendido el reino de la mentira, que valora muy poco a la gente por lo que ella pueda dar. Se trata de un paternalismo desilustrado.

Eso suena terrible.
En los países desarrollados hay un desequilibrio entre el desarrollo tecnocientífico y los sentimientos morales. Una inmensa disfunción entre lo que podríamos hacer y lo que hacemos.

Ponga el énfasis...
Lo pondría en la sensibilidad y los sentimientos, que son la llave para entrar en la vida buena, en nosotros y en los otros, y como guía la inteligencia, que es esclava de las pasiones pero siempre es un gran faro.

¿Y por qué estamos tan perdidos?
Deberíamos reflexionar más sobre aquello que está en nuestras manos hacer y crear unas relaciones mucho más auténticas. Hemos sido cómplices de unas instituciones que no han sabido hacerlo, y por eso estamos tan perdidos.

Igual lo que habría que hacer es eliminar unas cuantas.
El fracaso del avance democrático tiene mucho que ver con la alienación política de las instituciones, que en vez de ser los depositarios de la voluntad popular se han convertido en los que mandan e imponen sus intereses. Yo abogo por la abstención consciente.

... Pues le llamarán inconsciente.
La vida política se ha convertido en una noria de la cual no se sale: vienen unos, luego los otros, y todos son muy parecidos. La única forma de liberarse sería crear semilla en la sociedad, que cada uno viera que la vida política no va a cambiar desde la política, sino desde la acción cotidiana.

Usted dice que todos nacemos con un don, ¿está seguro?
Como decía Descartes, todos somos muy parecidos en inteligencia, pero después es una cuestión de disciplina, suerte y saber estar. La gente tiene capacidades ocultas que bien aprovechadas te pueden hacer la vida feliz.

¿Y para descubrir ese don?
Por una parte está el pensar, el ver como decía Wittgenstein, traspasar las cosas. A veces, callarse y esperar, y la gran mayoría de las veces, callarse y escuchar, fuera y dentro.

Yo, que me paso la vida escuchando, le diría que la acción es básica.
Sí, Wittgenstein decía que un concepto que no se aplica es vacío. Al final hay que comprometerse, hay que jugársela. Uno de los aspectos más deleznable de nuestros días es que no nos la jugamos, hay un miedo difuso que es paralizante. Todo el mundo teme salirse de la raya, ser considerado incorrecto, y las cosas cambian cuando uno actúa en consecuencia con lo que piensa.

¿Persigue la inocencia?
Persigo por lo menos la disposición a la inocencia: saber que las cosas pueden ser de otra manera. "Hay que vivir ingenuamente, y lo digo sin ingenuidad", decía Dostoyevski. De tonto no hay que ir, pero sí esperando siempre lo mejor de los otros, por lo menos como actitud de entrada.

¿El valor supremo?
Lo más artístico e interesante que hay en la vida es construir la propia bondad. El bueno inteligente es la más rara avis que existe, y ese me parece el valor supremo.

¿Y el humor?
Hay un nexo importante entre el humor y el amor, no sólo porque el humor es lo más erótico que existe, sino porque una persona con mucho humor es persona empática.

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2 de julio de 2009

Lao-tsé en Guía

Una íntima y bella aportación que Javier comparte conmigo desde Santa María de Guía (Gran Canaria), y yo con ustedes; ya sabemos que la psicología de calado, esa que pretende entender la Vida, se nutre de la literatura.

Coincidimos en el encuentro de las calles de Enmedio y Canónigo Gordillo, allí donde la ferretería hace esquina. Siempre fue una mujer divertidísima, fumadora hasta el fin, admirable, risueña y simpática como pocas he conocido, a la que le entraba la risa en medio de una regañina –y entonces estaba perdida- . Cuando tuve cuatro años, fue ella quien me enseñó a leer y escribir. Tras un pequeño diálogo intrascendente, con sus maneras suaves y algo distraídas, con su expresión afable y hablar pausado, me preguntó: ¿Eres feliz?. Y no me mientas, que a los ancianos no hay quien nos engañe.

La felicidad, esa gran palabra, es un concepto equívoco. Y aunque la canción diga qué bonito nombre tiene, es una entelequia que puede causar daño y angustia. Si algo he aprendido con la edad es que en el terreno de la felicidad no existen ni fórmulas magistrales ni consejos infalibles. Cada cual ha de buscarse su felicidad como pueda.

No deja de ser sintomático que seres humanos que aún andan por el mundo desnudos y desposeídos de casi todo, como los pigmeos africanos o los yanomami amazónicos, no tengan en su vocabulario la palabra felicidad. No la necesitan. Mientras, en nuestra moderna sociedad, las enfermedades psicológicas, la angustia, la ansiedad o la depresión van en aumento. La obligación de ser felices nos convierte en infelices patológicos, a pesar de que hoy presumamos de tener muchas cosas que aparentemente nos deberían procurar la ansiada felicidad.

La conversación pronto finalizó. La esperaban en su casa y hacia ella se dirigió caminando por una acera tan estrecha que era tan ancha como ella. Dejé que se alejara unos metros y la observé marchar despacio hacia la calle del Agua, mientras el bastón en el que se apoyaba le imprimía una cadencia sonora y una serena dignidad a su vejez. Entonces, no sé aún bien porqué, pensé que quizás la felicidad no es un lugar al que llegar; es más bien una manera de andar.

Javier Estévez

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23 de mayo de 2009

(In)felicidad en tiempos de crisis

Easterlin es un economista que en los 70 desarrolló la paradoja que lleva su nombre, y que viene a decir que aunque los ricos tienden a ser más felices en una misma sociedad, cuando se comparan países ricos y pobres no sólo no hay diferencias significativas, sino que en los casos en que un país aumenta su riqueza, no aumenta su felicidad. Easterlin sugería que es la riqueza relativa (por comparación) a tus conciudadanos la que importa. Wolfers y Stevenson dicen en Freakonomics que a la luz de nuevos métodos y nuevos set de datos, la paradoja no se sostiene: la correlación entre felicidad y pasta es de 0.8, y más bien lineal: el 10% de incremento aumenta la felicidad igual en USA y en Burundi (sólo que 100$ en Burundi son 20 veces más que en USA; eso sí es relativo).
Lyubomirsky, que es una reputada investigadora en felicidad, comentaba hace pocos meses que seguía fiel a Easterlin; después de todo, diversos experimentos en psicología social seguían confirmando que muchos prefieren ganar $50,000 al año cuando los compañeros de curro ganan $25,000 que ganar $100,000 al año cuando los compis hacen $200,000 (puesto así en frío parece idiota, pero somos predeciblemente irracionales [¿idiotas?]). Como la crisis es general y nos afecta a todos a la vez, las comparaciones permanecen similares y por tanto no somos más infelices. Wolfers ya le ha cortado el rollo en Freakonomics, alegando que los datos de Gallup siguen confirmando su perspectiva.
Para remate, publico una gráfica (de Psych Central) que indica que aunque el porcentaje de personas que hacen uso de medicaciones y servicios en salud ha disminuido en USA a lo largo de los últimos meses, en salud mental exclusivamente se da un incremento notable. Me da que Wolfers va a tener razón y que el optimismo, tan necesario en la vida, suele estar desinformado.

Daniel Gilbert, que es un señor a quien me gustaría parecerme cuando sea mayor (hay más candidatos; pero para ser sinceros, creo que al final no me esforzaré mucho y me concentraré en aceptar mis limitaciones) escribe en su blog (que actualiza una vez al año o así; mira, también es vaguete el tío) sobre el tema y ofrece como siempre una conexión iluminadora sobre lo que toca: en este caso, la incertidumbre. Si después de todo ahora vivimos mejor y tenemos más $ que nuestros abuelos, ¿qué causa esa sensación subjetiva de empeoramiento? Pues la incertidumbre, el hecho de no saber de qué va esta crisis, cuánto durará, ni hasta dónde llegará (ya se encargan los ministros de economía, presidentes y subsecretarios de confundirnos al respecto). Como ejemplifica Gilbert: los pacientes que sufren una colostomía y saben que es irreversible están mejor adaptados 6 meses después que aquellos que tienen posibilidades de que sea reversible. Nos ajustamos a lo que conocemos, pero no podemos hacerlo a lo desconocido.

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11 de mayo de 2009

Fracase, hombre, fracase

Michela Marzano, investiga la pornografía, el ´management´ y el ´coaching´ en el CNRS
LLUÍS AMIGUET - 11/05/2009 La Vanguardia


"Tengo 39 años. Investigo en el Centre National de la Recherche Scientifique. Soy creyente no practicante. La pornografía y la autoayuda coinciden en servirse de la ilusión de libertad individual para perpetuar la explotación de unas personas por otras. Colaboro con el CCCB" (Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona)

Vivimos el mejor momento para desenmascarar la impostura de los libros de management personal, autoayuda, coaching...
¿Por qué ahora?
Las crisis ponen en evidencia que si quieres no siempre puedes, porque, por mucho que quieras, no lograrás nada si antes no desvelamos que las reglas del juego de la economía son tramposas, producen desigualdad y nos penalizan a la mayoría.
No veo nada malo en autoayudarte.
Es perverso hacerte creer que todo lo que te sale mal es culpa tuya y debes mejorarlo y que, en cambio, las reglas del juego establecido por una minoría en su provecho no necesitan ninguna mejora.
Algunos de esos libros son divertidos.
Pero la ideología que los alimenta no: lleva a pensar, por ejemplo, que si hoy estás en el paro, es porque no deseaste el éxito lo suficiente ni te esforzaste. No sólo eres un perdedor y un fracasado sino que encima es culpa tuya y eso exculpa, de paso, a todos los demás responsables de tu paro.
Antes había perdedores simpáticos.
Hoy esa superchería del autocrecimiento lo impide: si eres un perdedor es porque también eres un vago que no se ha molestado en automejorarse. Antes el sistema era paternalista: había un amo del que emanaban en cada momento todas las órdenes que todos cumplían y si las cosas iban mal, también se preocupaba y ocupaba de los suyos...
Ya no quedan señoritos de esos.
Porque a partir del año 90 el capitalismo, para seguir creciendo, necesita nuevos empleados emprendedores, ya que las tecnologías de la información han dejado anticuada la estructura patriarcal. Ahora cada empleado debe ser capaz de tomar sus decisiones por la empresa y asumir sus consecuencias.
Gente que sepa mandarse a sí misma.
En la era digital, las empresas para ser productivas deben tener apariencia - sólo es una apariencia-horizontal: los amos y sus capataces ponen objetivos y los empleados los cumplen por los medios que quieran.
La célebre dirección por objetivos.
Es la ilusión de la autonomía personal cuando, en realidad, sus objetivos a menudo o son incumplibles o sólo se pueden cumplir si renuncias a todo lo que no sea trabajar. Los amos te dan toda la libertad para renunciar de la manera que quieras a tu propia libertad. Por lo menos, cuando imponían un horario, tu tiempo libre era tuyo.
Pero el trabajo produce satisfacción.
Esa es la trampa - envuelta en toda esa palabrería de autoayuda-de la felicidad por el trabajo. Sostiene que el trabajo es el único camino de la realización personal hacia la felicidad. De esta forma sólo puedes ser feliz haciendo ricos a los amos. Yyano te queda ser el pobre e inocente desgraciado, de antaño, ahora si no eres feliz, encima eres un indolente culpable de tu desgracia.
Trabajar antaño fue maldición bíblica.
Era el peaje del sustento. En la sociedad patriarcal era el fatigoso pero inevitable modo de mantener a la familia: hoy la economía necesita más implicación personal: exige ejecutivos autoconvencidos que renuncian a la familia y amigos para invertir todas sus horas en la empresa, lo que les convierte - creen los muy alienados-en superhombres y supermujeres felices y admirados.
Eso si la empresa funciona...
Es la otra paradoja: se te hace creer que todo depende sólo de ti, pero, a la hora de la verdad, todo depende de los resultados de tu empresa que a su vez pueden tambalearse, como ahora, por una crisis financiera que comenzó a miles de kilómetros por culpa de quienes sí deciden y ponen las reglas.
Tampoco podíamos crecer siempre.
El crecimiento tiene límites, pero el éxito ilimitado que promete la filosofía de la autoayuda necesita de la ilusión de que eres tú solo quien pone los límites, como si el planeta no los tuviera. Cuando tú puedes permitirte tres coches y dos piscinas, pero el planeta y su atmósfera, no.
A veces, crecer es ser más pequeñito.
Sí, menos mal que hemos "fracasado" en conseguir todos nuestros objetivos y aún podemos salvar lo que queda de la Tierra.
Aquí aún estarían enladrillando playas.
Esa lógica de la autoayuda propicia, en crisis, enormes cantidades de sentimiento de culpa, que a su vez se transforma en depresiones. En Argentina y Francia, el psicoanálisis es una religión y de su sacramento, los antidepresivos, argentinos y franceses son los mayores consumidores del mundo.
¿Por qué?
Precisamente porque son países con egos enormes educados en la fe ilimitada en la propia capacidad de control de uno mismo y de su destino, al que se considera mero resultado de las decisiones tomadas a lo largo de la vida. Las terapias breves, la PNL y otras técnicas alimentan esa ficción de control ilimitado, que no es más que la ilusión infantil de omnipotencia.
Y resulta que la suerte también existe.
Llámele suerte, destino, imponderables, lo que quiera, pero se trata de la madura aceptación de que una parte de lo que nos sucede - por ejemplo, esta crisis financiera-no depende exclusivamente de nosotros.
Pero sí nuestra actitud ante ella.
Veo que ha leído mucha autoayuda.
He entrevistado a un montón de gurús.
Léalos, pero a veces es mejor fracasar. Fracase, hombre: no sé si será más feliz, pero seguro que vive más tranquilo.

En La Vanguardia de hoy mismito (gracias Charlie). Me recuerda a Happiness, de Will Ferguson, sátira sobre el mundo de la autoayuda: "La razón por la que tenemos tantos libros de autoayuda es que no sirven de nada." "Happiness podría ser catalogada como un excelente libro de autoayuda, un libro de autoayuda que deja al descubierto el truco: la infelicidad es el verdadero motor del mundo, así que no debemos cometer el error de erradicarla. (Papel en blanco) "

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28 de marzo de 2009

La infelicidad de ser padres

Un artículo en The Psychologist este mes ahonda en un fenómeno que, al menos en contextos occidentales y según lo estudiado hasta ahora, va tomando forma: ser padres incrementa el estrés (sobre todo los primeros años) y disminuye la calidad del matrimonio y lo más relevante, el nivel global de satisfacción vital. La relación no es extraordinariamente clara, pero podríamos decir que al menos parece definido que en sí mismo ser padres no crea felicidad, como tradicionalmente con frecuencia se sostiene.
Tras este fenómeno subyace posiblemente la ilusión de foco (focusing illusion): cuando las personas consideramos el impacto de un factor aislado en nuestra felicidad, tendemos a exagerar su importancia. Si preguntáramos a gente que vive en Ibiza y en Teruel en qué lugar es más probable ser feliz, posiblemente los de Ibiza digan que allí, y los de Teruel igual ("Ibiza, coño, que aquí hace frío y no hay ni mar ni marcha en verano"; el original usa California y el Midwest americano); pero si no hacemos comparaciones enfocadas en el lugar, su nivel de felicidad global informado sería muy posiblemente equivalente. La correlación entre las respuestas de universitarios entre "¿Cuál es tu nivel de felicidad global?" y "¿Cuántas citas (de ligue) tuviste el mes pasado?" es -0.012 si se preguntan en este orden, y 0.66 si se preguntan a la inversa. La ilusión de foco predice una sobreestimación sistemática del efecto de las circunstancias vitales presentes sobre el estado de ánimo, y explica lo contraintuitivo de muchos resultados cuando se investiga sobre el bienestar. Así que cuando imaginamos ser padres, sobrevaloramos ese efecto positivo (por la saliencia de imaginar una sonrisa, un dibujo garabateado el día del padre, un beso con babas) pero cuando la realidad llega, la saliencia la ocupa lo ordinario (que consiste en mayor medida en cacas apestosas, llantos desconcertantes, and so on). Clark et al (2008) comprobaron que ese es el patrón: felicidad anticipatoria el año previo al nacimiento y estrés desmoralizante el año posterior y hasta los 4. Mi señora y yo (2009) podemos confirmar que la valoración global de felicidad desde que la enanilla existe (casi 6 meses) aumenta varios puntos a partir de las 9 y media de la noche cuando la ves durmiendo plácidamente, y a las 8 de la mañana, recién reseteado; de resto la felicidad tiende (con fluctuaciones) a lo teórico.
¿Entonces por qué seguimos experimentando ese deseo parasuicida de tener hijos? Bueno, esta idea de hijos=alegría de vivir es uno de los memes más poderosos que existen: sin esa creencia, por irreal que sea, poco íbamos a durar, y no olvidemos en el 150 aniversario de El Origen de las Especies de Darwin que el sentido de la vida es...perpetuarse (o más precisamente que nuestros genes lo hagan). Así que los que creen que los hijos son una carga que no están dispuestos a llevar, igual son algo más felices, pero se llevan su estilo a la tumba, así que al final no es que abunden.

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5 de diciembre de 2008

Felicidad contagiosa

Un estudio en BMJ analiza de forma profusa, potente y metodológicamente muy elegante un grupo de más de 12000 personas (en algún momento) durante 32 años de forma bastante continuada, y las redes sociales que se crean entre ellos, y observan que aunque se sabe que la emoción en general es contagiosa, las redes sociales diseminan la semilla de la felicidad incluso con tres grados de separación (fenómeno ya observado respecto a hábitos como el fumar o la obesidad, pero muy novedoso en este ámbito emocional): si el amigo del amigo de tu amigo es incrementa su nivel de felicidad, de alguna manera te impacta (bastante diluido, es cierto, pero de forma estadçisticamente significativa). No sólo eso: la gente feliz suele ocupar posiciones centrales en su red, y asociarse en clusters con otra gente feliz. Este efecto de contagio requiere una afinidad amistosa, no simplemente laboral, y se modula a través de la cercanía física también (más cerca, más facilidad de contagio).
Es decir, la felicidad no es sólo un atributo individual, sino también grupal. Psicología comunitaria en toda regla.
Esto me sugiere a la vez dos ideas: una, la dificultad de hacer funcionar un grupo de terapia compuesto de personas con distimia, por ejemplo (hay evidencias de que exige un equilibrio difícil de llevar a cabo, y la eficacia no acaba de estar clara); dos, que hace años cuando acudía a Casa del Tíbet en Barcelona a charlas/sesiones de meditación, recuerdo escuchar que parte del Dharma era buscar la conexión con otra gente que estuviera impregnada de energía positiva (digámoslo así) y de alguna manera evitar a la gente que transmite negatividad. No me pareció particularmente compasivo en aquel momento, pero supongo que con toda justicia en una encuesta entre varios miles de psicólogos del ámbito anglosajón hace un tiempo, el psicólogo más brillante e influyente de la historia resultó ser...Buda. Y sin puñetera idea de estadística, el tío.

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8 de noviembre de 2008

La felicidad de la experiencia ordinaria

Debido a lo que algunos llaman "adaptación hedónica", nuestros sistemas nerviosos reciclan el placer repetido igual que el dolor: creando nuevos puntos de referencia que hagan que el contraste sea mínimo: al cabo de cierto tiempo de sumar una gran alegría o un gran dolor a nuestras vidas, nuestra línea base se ajusta y nos adaptamos porque la novedad se convierte en inercia, al estilo de lo que nuestro cuerpo hace con el frío o el calor. Es decir, comprarse el BMW de 40000 pavos nos generará unas dos semanas de placer al conducirlo a diario, como mucho. Sin embargo, hay evidencias cada vez más frecuentes de que ese termostato de felicidad es regulable al alza si lo incrementamos de poco a poco, en cantidades mínimas pero regulares. Es la base del kaizen, o de los ejercicios de gratitud y amabilidad en terapia (y me temo que de la gota malaya también): lo ordinario vence a lo extraordinario. Por otro lado, otra sugerencia proviene de la constatación de que la experiencia proporciona más felicidad que la tenencia: más de lo que experimentamos y compartimos que de las cosas.

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18 de octubre de 2008

La prisa es el mejor modo de perder el tiempo

Otra Contra interesante.

Stefan Klein, físico, estudia nuestra percepción de tiempo y felicidad; autor de 'El tiempo'

¿El tiempo es oro? ¿Sólo oro?
Eso lo dijo por primera vez Benjamin Franklin, y esa nueva percepción del tiempo es la causa, paradójicamente, de que hoy lo perdamos tanto. Además, Franklin propuso en plan de broma una ley para que se adecuara el reloj al horario solar y ahorrar así en velas...

Pues hoy no es ninguna broma. Es realidad dos veces al año y también lo es que, desde Franklin, hemos convertido el tiempo en una obsesión: ahorrarlo, perderlo, aprovecharlo...

Como si fuera dinero. Tremendo error, e irrealizable, porque para empezar no hay uno, sino dos tiempos: uno en el calendario y otro en nuestro cerebro. Hoy sabemos que no estamos estresados porque nos falte tiempo, sino que nos falta tiempo porque estamos estresados.

Explíquemelo con calma. La prisa y la obsesión por el tiempo es el mejor modo de perderlo, porque la ansiedad que genera la prisa nos impide concentrarnos y ser eficaces en lo que hacemos.

¿Por qué a veces vuela y otras no pasa? ¡Esas son las percepciones que estudio! Si conoce bien su cerebro, podrá evitar algunas de las trampas que nos tiende nuestra percepción del tiempo, que tan poco tiene que ver con el del calendario y el reloj.

Con los años, pasa más deprisa. Los jóvenes perciben que el tiempo pasa despacio y para los viejos, vuela. La razón está en que el cerebro asocia la percepción del tiempo y el funcionamiento de la memoria: cuando todo es nuevo para ti, tu memoria trabaja almacenando más y más datos, y por eso parece que el tiempo pasa lento...

Y para los niños todo es nuevo. ... Y su tiempo es lentísimo. En cambio, a los mayores, que ya han almacenado en su memoria gran parte de los datos de la realidad que viven, el tiempo les pasa volando.

Si estás entretenido, desaparece. Porque el reloj interno también depende de nuestra actividad: en 1962, Michel Siffre, geólogo francés, se encerró en una cueva hasta que perdió el sentido del tiempo.

¡Qué relajo, el muy pillín! Salió de la cueva convencido de haber pasado sólo 45 días en ella cuando en realidad habían transcurrido ya 61.

A veces es mejor no mirar el reloj. Por eso, cualquier trayecto de ida a un lugar desconocido - y por lo tanto con más datos que memorizar- nos parece más largo que el de vuelta, aunque duren lo mismo. Y por eso tenemos la sensación de que el tiempo se detiene en una situación de peligro real.

¿Por qué? El miedo estimula la memoria y nos hace retener de repente una enorme cantidad de datos, que serán utilísimos si la situación se repite. Del mismo modo, en una atmósfera relajada, memorizas mucho menos los detalles y percibes el tiempo como remansado.

¡Triste, que recordemos mejor lo peor! Es un mandato evolutivo que explica muchísimas de nuestras acciones, como, por ejemplo, las noticias de este periódico...

Las malas noticias se leen más. Porque son más escuchadas y recordadas: más importantes. Nuestro cerebro se fija antes en la serpiente del árbol que en su apetitosa manzana. Lógico: podríamos sobrevivir sin manzana, pero sería mortal ignorar a la víbora. Ese mecanismo evolutivo explica que el chismoso en busca de público siempre hable mal de alguien o que el orador siempre vea graves amenazas por doquier.

El cataclismo vende. Y más en algunas culturas. A los alemanes nos parecen más serios y fiables los personajes tristes, hipercríticos y negativos.

¿Hubo alguna vez un progre feliz? A los norteamericanos les sucede lo contrario: para que contesten que se encuentran mal, tienen que haberles diagnosticado varias enfermedades mortales seguidas.

¿La felicidad nos vuelve gilipollas? ¡Esa es una convicción típicamente alemana! La seriedad es allí, por definición, triste.

¿La felicidad no será una gilipollez? En neurociencia, la felicidad, como otras emociones, se puede medir. Es una descarga momentánea de sustancias bioquímicas observables. De hecho, se han descrito con precisión disfunciones que bloquean esa felicidad en algunos desgraciados cerebros.

La felicidad son momentitos. Breves. Otra cosa es la satisfacción. La felicidad es el instante; la satisfacción, el balance. Y debemos advertir que la satisfacción es fácil de estropear sólo con un mal momento.

Por ejemplo. Usted puede tener un día magnífico, pero una observación maliciosa de un colega - un instante- puede destrozárselo. Y cuando usted vuelva a casa no explicará su maravilloso día, sino que, amargado, despotricará contra el malvado colega aguafiestas.

La culpa es de mi cerebro, no del colega. Eso es lo que yo pretendo: ayudar a que la gente descubra esas trampas de percepción de su cerebro y que, al advertirlas, tome distancia crítica y relativice. Eso es madurar.

¿Existe un factor para la satisfacción? El primordial es la capacidad de controlar la propia existencia. Y eso no es una observación personal, sino que ha sido documentado por la ciencia y probado con profusión.

¿Cuantos menos jefes, más felicidad? Cuanto más poder de decisión tenga sobre su propia vida, menos estresado y más satisfecho estará. Si el que manda se estresa, el que obedece mucho más.

El placer del error

Klein cita varios estudios clásicos sobre la satisfacción y su reverso, el estrés. Coinciden en que, cuanto más poder de decisión tienes sobre tu propia vida, menor es el estrés y mayor tu satisfacción. El estrés del que manda es un mito rebatido por la ciencia que demuestra que el poder estresa sobre todo a quien obedece. Existe evidencia empírica apoyada por estudios de décadas de que el empleado con menor poder vive menos y peor que cualquiera de sus jefes. Quien se limita a obedecer por miedo se pierde además el placer del error. El gran antídoto contra el estrés es tener derecho - y no terror- a equivocarse. Por eso sólo acierta alguna vez quien supo aprender de sus errores.

La Vanguardia, 16-10-2008

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24 de septiembre de 2008

Inspiracional

Discurso de Steve Jobs a los graduados de Stanford en 2005. Sugerido por Daniel B. (gracias). Creo que es una buena inspiración sobre el sentido de la vida, ese tipo de contenidos que lo ponen a uno en órbita cuando todo parece desmoronarse. Una buena referencia.


Tengo el honor de estar hoy aquí con vosotros en vuestra graduación en una de las mejores universidades del mundo. Nunca me gradué. A decir verdad, esto es lo más cerca que jamás he estado de una graduación universitaria. Hoy os quiero contar tres historias de mi vida. Nada especial. Sólo tres historias.

La primera historia versa sobre cómo se conectan los puntos.
Dejé Reed College después de los seis primeros meses, pero después seguí por allí por libre otros 18 meses, más o menos, antes de dejarlo de veras. Entonces, ¿por qué lo dejé?
Comenzó antes de que yo naciera. Mi madre biológica era una titulada universitaria joven y soltera, y decidió darme en adopción. Ella tenía muy claro que quienes me adoptaran tendrían que ser titulados universitarios, de modo que todo se preparó para que fuese adoptado al nacer por un abogado y su mujer. Solo que cuando aparecí decidieron en el último momento que lo que de verdad querían era una niña. Así que mis padres, que estaban en lista de espera, recibieron una llamada a media noche preguntando: “Tenemos un niño no esperado; ¿lo queréis?” “Por supuesto”, dijeron. Mi madre biológica se enteró de que mi madre no tenía titulación universitaria, y que mi padre ni siquiera había terminado el bachillerato, así que se negó a firmar los documentos de adopción. Sólo cedió, meses más tarde, cuando mis padres prometieron que algún día iría a la universidad.
Y 17 años más tarde realmente fui a la universidad. Pero de forma descuidada elegí una universidad que era casi tan cara como Stanford, y todos los ahorros de mis padres de clase trabajadora los estaba gastando en mi matrícula. Después de seis meses, no le veía propósito alguno. No tenía idea de qué quería hacer con mi vida, y menos aún de cómo la universidad me iba a ayudar a averiguarlo. Y me estaba gastando todos los ahorros que mis padres habían conseguido a lo largo de su vida. Así que decidí dejarlo, y confiar en que las cosas saldrían bien. En su momento me dio miedo, pero en retrospectiva fue una de las mejores decisiones que nunca haya tomado. En el momento en que lo dejé, ya no fui más a las clases obligatorias que no me interesaban, y comencé a meterme en las que parecían interesantes.
No era idílico. No tenía dormitorio, así que dormía en el suelo de las habitaciones de mis amigos, devolvía botellas de Coca Cola por los 5 céntimos del depósito para conseguir dinero para comer, y caminaba más de 10 Km los domingos por la noche para comer bien una vez por semana en el templo de los Hare Krishna. Me encantaba. Y muchas cosas con las que me fui topando al seguir mi curiosidad e intuición resultaron no tener precio más adelante.
Os daré un ejemplo: en aquella época el Reed College ofrecía la que quizá fuese la mejor formación en caligrafía del país. En todas partes del campus, todos los póster, todas las etiquetas de todos los cajones, estaban bellamente caligrafiadas a mano. Como ya no estaba matriculado y no tenía clases obligatorias, decidí atender al curso de caligrafía para aprender cómo se hacía. Aprendí cosas sobre el serif y tipografías sans serif, sobre los espacios variables entre combinaciones de letras, sobre qué hace realmente grande a una gran tipografía. Era sutilmente bello, histórica y artísticamente, de una forma que la ciencia no puede capturar, y lo encontré fascinante.
Nada de esto tenía ni la más mínima esperanza de aplicación práctica en mi vida. Pero diez años más tarde, cuando estábamos diseñando el primer ordenador Macintosh, volvió a mí. Y diseñamos el Mac con todo dentro. Fue el primer ordenador con tipografías bellas. Si nunca me hubiera dejado caer por aquél curso concreto en la universidad, el Mac jamás habría tenido múltiples tipografías, ni tipos con espaciado proporcional. Y como Windows no hizo más que copiar el Mac, es probable que ningún ordenador personal los tuviera. Si nunca hubiera decidido dejarlo, no habría entrado en esa clase de caligrafía, y los ordenadores personales no tendrían la maravillosa tipografía que poseen. Por supuesto que era imposible conectar los puntos mirando hacia el futuro cuando estaba en clase. Pero era muy, muy claro al mirar atrás diez años más tarde.
Otra vez: no se pueden conectar los puntos hacia adelante, sólo puedes hacerlo hacia atrás. Así que tenéis que confiar en que los puntos se conectarán alguna vez en el futuro. Tienes que confiar en algo — tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea. Esta forma de actuar nunca me ha dejado tirado, y ha marcado la diferencia en mi vida.


Mi segunda historia es sobre el amor y la pérdida.
Tuve suerte — supe pronto en mi vida qué era lo que más deseaba hacer. Woz y yo creamos Apple en la cochera de mis padres cuando tenía 20 años. Trabajamos mucho, y en diez años Apple creció de ser sólo nosotros dos a ser una compañía valorada en 2 mil millones de dólares y 4.000 empleados. Hacía justo un año que habíamos lanzado nuestra mejor creación — el Macintosh — un año antes, y hacía poco que había cumplido los 30. Y me despidieron. ¿Cómo te pueden echar de la empresa que tú has creado? Bueno, mientras Apple crecía contratamos a alguien que yo creía muy capacitado para llevar la compañía junto a mí, y durante el primer año, más o menos, las cosas fueron bien. Pero luego nuestra perspectiva del futuro comenzó a divergir, y finalmente nos apartamos completamente. Cuando eso pasó, nuestra Junta Directiva se puso de su parte. Así que a los 30 estaba fuera. Y de forma muy notoria. Lo que había sido el centro de toda mi vida adulta se había ido, y fue devastador.
Realmente no supe qué hacer durante algunos meses. Sentía que había dado de lado a la anterior generación de emprendedores – que había soltado el testigo en el momento en que me lo pasaban. Me reuní con David Packard [de Hewlett Packard] y Bob Noyce [inventor del circuito integrado, Intel], e intenté disculparme por haberla fastidiado tanto. Fue un fracaso muy notorio, e incluso pensé en huir del valle [Silicon Valley]. Pero algo comenzó a abrirse paso en mí — aún amaba lo que hacía. El resultado de los acontecimientos en Apple no había cambiado eso ni un ápice. Había sido rechazado, pero aún estaba enamorado. Así que decidí comenzar de nuevo.
No lo vi así entonces, pero resultó ser que el que me echaran de Apple fue lo mejor que jamás me pudo haber pasado. Había cambiado el peso del éxito por la ligereza de ser de nuevo un principiante, menos seguro de las cosas. Me liberó para entrar en uno de los periodos más creativos de mi vida.
Durante los siguientes cinco años, creé una empresa llamada NeXT, otra llamada Pixar, y me enamoré de una mujer asombrosa que se convertiría después en mi esposa. Pixar llegó a crear el primer largometraje animado por ordenador, Toy Story, y es ahora el estudio de animación más exitoso del mundo. En un notable giro de los acontecimientos, Apple compró NeXT, regresé a Apple, y la tecnología que desarrollamos en NeXT es el corazón del actual renacimiento de Apple. Y Laurene y yo tenemos una maravillosa familia.
Estoy bastante seguro de que nada de esto habría ocurrido si no me hubieran echado de Apple. Creo que fue una medicina horrible, pero supongo que el paciente la necesitaba. A veces, la vida te da en la cabeza con un ladrillo. No perdáis la fe. Estoy convencido de que la única cosa que me mantuvo en marcha fue mi amor por lo que hacía. Tenéis que encontrar qué es lo que amáis. Y esto vale tanto para vuestro trabajo como para vuestros amantes. El trabajo va a llenar gran parte de vuestra vida, y la única forma de estar realmente satisfecho es hacer lo que consideráis un trabajo genial. Y la única forma de tener un trabajo genial es amar lo que hacéis. Si aún no lo habéis encontrado, seguid buscando. No os conforméis. Como en todo lo que tiene que ver con el corazón, lo sabréis cuando lo hayáis encontrado. Y como en todas las relaciones geniales, las cosas mejoran y mejoran según pasan los años. Así que seguid buscando hasta que lo encontréis. No os conforméis.

Mi tercera historia es sobre la muerte.
Cuando tenía 17 años, leí una cita que decía algo como: “Si vives cada día como si fuera el último, algún día tendrás razón”. Me marcó, y desde entonces, durante los últimos 33 años, cada mañana me he mirado en el espejo y me he preguntado: “Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?” Y si la respuesta era “No” durante demasiados días seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo.
Recordar que voy a morir pronto es la herramienta más importante que haya encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones de mi vida. Porque prácticamente todo — las expectativas de los demás, el orgullo, el miedo al ridículo o al fracaso — se desvanece frente a la muerte, dejando sólo lo que es verdaderamente importante. Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay razón para no seguir al corazón.
Hace casi un año me diagnosticaron cáncer. Me hicieron un barrido a las 7:30 de la mañana, y mostraba claramente un tumor en el páncreas. Ni siquiera sabía qué era el páncreas. Los médicos me dijeron que era prácticamente seguro un tipo de cáncer incurable, y que mi esperanza de vida sería de tres a seis meses. Mi médico me aconsejó que me fuese a casa y dejara zanjados mis asuntos, forma médica de decir prepárate a morir. Significa intentar decirle a tus hijos todo lo que ibas a contarles en los próximos diez años en unos pocos meses. Significa asegurarte de que todo queda atado y bien atado, para que sea tan fácil como sea posible para tu familia. Significa decir adiós.
Viví todo un día con ese diagnóstico. Luego, a última hora de la tarde, me hicieron una biopsia, metiéndome un endoscopio por la garganta, a través del estómago y el duodeno, pincharon el páncreas con una aguja para obtener algunas células del tumor. Yo estaba sedado, pero mi esposa, que estaba allí, me dijo que cuando vieron las células al microscopio los médicos comenzaron a llorar porque resultó ser una forma muy rara de cáncer pancreático que se puede curar con cirugía. Me operaron, y ahora estoy bien.
Esto es lo más cerca que he estado de la muerte, y espero que sea lo más cerca que esté de ella durante algunas décadas más. Habiendo vivido esto, ahora os puedo decir esto con más certeza que cuando la muerte era un concepto útil, pero puramente intelectual:
Nadie quiere morir. Ni siquiera la gente que quiere ir al cielo quiere morir para llegar allí. Y sin embargo la muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y así tiene que ser, porque la Muerte es posiblemente el mejor invento de la Vida. Es el agente de cambio de la Vida. Retira lo viejo para hacer sitio a lo nuevo. Ahora mismo lo nuevo sois vosotros, pero dentro de no demasiado tiempo, de forma gradual, os iréis convirtiendo en lo viejo, y seréis apartados. Siento ser tan dramático, pero es bastante cierto.
Vuestro tiempo es limitado, así que no lo gastéis viviendo la vida de otro. No os dejéis atrapar por el dogma — que es vivir según los resultados del pensamiento de otros. No dejéis que el ruido de las opiniones de los demás ahogue vuestra propia voz interior. Y lo más importante, tened el coraje de seguir a vuestro corazón y vuestra intuición. De algún modo ellos ya saben lo que tú realmente quieres ser. Todo lo demás es secundario.
Cuando era joven, había una publicación asombrosa llamada The Whole Earth Catalog [Catálogo de toda la Tierra], una de las biblias de mi generación. La creó un tipo llamado Stewart Brand no lejos de aquí, en Menlo Park, y la trajo a la vida con su toque poético. Eran los últimos años 60, antes de los ordenadores personales y la autoedición, así que se hacía con máquinas de escribir, tijeras, y cámaras Polaroid. Era como Google con tapas de cartulina, 35 años de que llegara Google: era idealista, y rebosaba de herramientas claras y grandes conceptos.
Stewart y su equipo sacaron varios números del The Whole Earth Catalog, y cuando llegó su momento, sacaron un último número. Fue a mediados de los 70, y yo tenía vuestra edad. En la contraportada de su último número había una fotografía de una carretera por el campo a primera hora de la mañana, la clase de carretera en la que podrías encontrarte haciendo autoestop si fueseis así de aventureros. Bajo ella estaban las palabras: “Sigue hambriento. Sigue alocado”. Era su último mensaje de despedida. Sigue hambriento. Sigue alocado. Y siempre he deseado eso para mí. Y ahora, cuando os graduáis para comenzar de nuevo, os deseo eso.
Seguid hambrientos. Seguid alocados.
Muchísimas gracias a todos.


(Traducción via MetaPsike)

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24 de mayo de 2008

La sabiduría es lenta

Acabo de leer en Mind Hacks que Terry Pratchett, un excelente escritor inglés de novelas-parodia (la saga del MundoDisco es muy buena; me encantan Dioses Menores y Mort) tiene Alzheimer. Luego me he ido al vínculo con el New York Times sobre la vejez cerebral normal y sus ventajas (esto no incluye, evidentemente, la demencia). Resulta que a mayor edad, el cerebro se vuelve más lento en sus funciones frontales (es decir, más distraíble y menos selectivo para filtrar rápidamente la información; más lento porque, entre otras cosas, no inhibe información sino que tiende a facturarla toda). Quizás por esto a mayor edad cuesta más acordarse de un nombre o recuperar de la memoria a largo plazo un número de teléfono (lo que se conoce algo peyorativamente como deterioro cognitivo o de la memoria asociado a la edad o benigno). Los jóvenes, mientras, van más bien a toda pastilla y jerarquizando la información con cierto ímpetu característico.
Lo que es muy interesante en las investigaciones que refiere el artículo, es que esta mayor lentitud cognitiva, que en una prueba estándar aparece como un leve déficit, y que implica realmente mayor distraibilidad (irse a lo periférico, a lo supuestamente irrelevante, al detalle)pero también un mayor procesamiento de información, da como resultado una mejor capacidad para resolver situaciones que requieran de creatividad (o sea, capacidad para relacionar información de una forma nueva). Otros estudios ya muestran que la creatividad se relaciona con menor actividad frontal (mayor distraibilidad, menos filtrado de información). Es decir, que la gente mayor posiblemente absorbe al final más información (pagando el precio de la lentitud, claro) de una situación, y esto les da la posibilidad de combinarla entre sí y con un depósito de conocimiento almacenado mayor (por mayor experiencia, por más procesamiento previo de toda una vida, lo que llaman inteligencia cristalizada). Esto al final puede ser una ventaja comparativa para la cual (sorpresa) ya teníamos un nombre: sabiduría.

Esto ya lo sabían Kundera (La Lentitud) y el que hizo aquella peli tan buena de Primavera, Verano, Otoño, Invierno...y Primavera (Kim Ki-Duc; preciosa). Y supongo que cualquiera que se haya visto seducido alguna vez por el Zen.



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4 de mayo de 2008

¿Son más felices los de derechas?

En una serie de artículos en Freakonomics de Arthur Brooks, se observa que desde hace años, en encuestas nacionales bien diseñadas en USA, los conservadores tienden a mostrar un mayor nivel de satisfacción con sus vidas que los liberales (izquierda americana), de forma muy significativa, e independientemente de factores como nivel de ingresos, educativo, raza , sexo y edad (aparte de la diversión que les producirá ahora mismo la lucha en el barro entre Clinton y Obama). Parece ser que una gran parte de esa variación puede explicarse a partir de la mayor religiosidad de los conservadores; ya se sabe hace tiempo que la religiosidad se relaciona con mayor satisfacción vital, quizás por factores relacionados con ciertas experiencias religiosas, con el sistema de creencias estable que configura el dogma religioso y la moral asociada, o porque refuerza una red social específica y sólida (especialmente en USA, país del melting pot sujeto a dinámicas religiosas muy arraigadas y que estructuran intensamente a su sociedad).

En la tercera entrega, señala que Daniel Kahneman, profesor de psicología más conocido por su premio Nobel en Economía en 2002 , sugiere que puesto que la derecha suele considerar que cada uno obtiene lo que merece en función de su esfuerzo y minimiza la injusticia en el mundo, a poco que uno esté bien posicionado tiene mayor tendencia a la satisfacción con la vida que alguien en la misma situación afortunada que considere que el mundo es básicamente injusto. Otro psicólogo, P. Tetlock, supone que la felicidad de la derecha reside en su visión más simple y dicotómica del bien y el mal (¿menos ansiedad existencial?). El propio Brooks, que publica ahora un libro sobre el tema (Gross National Happiness), se basa en encuestas recientes que muestran que, efectivamente, el votante de derechas americano cree con más firmeza en la capacidad de afrontar la adversidad vital con esfuerzo y perseverancia, y en estar menos limitados por las circunstancias: digamos que poseen un estilo atribucional interno y por tanto supongo que mayor expectativa de autoeficacia, que viene a ser uno de los conceptos más interesantes que ha dado la psicología en el estudio del cambio y el éxito personal.

De todas maneras, creo que seguiré siendo algo zurdo y alérgico a las iglesias.

En la cuarta entrega sobre el tema, se confirma que además los extremistas o radicales son más felices (o se reconocen así en las encuestas) que los moderados: probablemente si la religiosidad es una de las claves, el radicalismo (de cualquier tipo) sea una forma de religiosidad pagana que explica el fenómeno. Al final va a ser verdad aquella frase tan cierta de que la salud mental es un simple acto de fe. Lo difícil es elegir convincentemente en qué tener fe.

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22 de marzo de 2008

¿Somos felices?

A saber...¡si ni siquiera sabemos definir felicidad! Es un artículo interesante que revisa varios de los últimos best-seller en USA sobre el tema, y la verdad es que es un tema extraordinariamente más complejo de lo que algunos teóricos de la psicología positiva (todo muy naive y tal) nos han querido vender. Me gusta Dan Gilbert, y lo recomiendo fervientemente.
Y de postre, esta noticia que confirma que afortunadamente ca`uno es ca`uno... y tiene sus caunadas. Debe ser un tipo cachondo el tal Luke.

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Ser bueno compensa

Según recientes estudios científicos, el dinero da la felicidad...si lo repartes. Por otro lado, cuanto menos castigues al prójimo, más recompensa recibes en la interacción. Ergo...ser buena gente compensa; aunque se intuía, está comprobado.

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