16 de agosto de 2009

Influencia IV: agrado.

"The main work of a trial attorney is to make a jury like his client."
Clarence Darrow


Accedemos con más facilidad a los requerimientos de aquellos que nos caen bien. Esta aparente obviedad además es un factor poderoso. Pero, ¿quiénes nos caen bien?. Hay varios factores que generan mayor agradabilidad:

-Atractivo físico. Genera un efecto halo que arrastra otras atribuciones que hagamos sobre esa persona: a la gente guapa les asignamos talento, amabilidad, honestidad e inteligencia. Esto ha demostrado influir de manera importante sobre elecciones políticas, contratación de trabajadores, y sentencias judiciales.

-Similaridad: nos abrimos más a aquellos que se nos parecen en algo, sean opiniones, orígenes, estilo de vida o vestir. A veces ahí fracasa (o se pone cuesta arriba) una primera sesión de terapia...

-Halagos: pueden producir un efecto muy claro incluso en condiciones donde los sujetos saben que las alabanzas son forzadas!

-Familiaridad: si el contacto se produce en circunstancias positivas. Un experimento: si nos sacamos una foto de nuestro rostro, y una copia especular, a nosotros nos gustará más ésta (es la que estamos acostumbrados a ver en el espejo cada día) pero a los demás les gustará más la original.
El contacto frecuente facilita este agrado mutuo (¿el roce hace el cariño?), lo cual fue una estrategia inicial para luchar contra las actitudes racistas en los USA en los 60. Sin embargo, si ese contacto se da en condiciones de competitividad o conflicto, la tensión nosotros-ellos aumenta. La clave, pues, parece estar en un contacto frecuente en condiciones de cooperación necesaria: ahí sí que hay pruebas concluyentes sobre el efecto positivo y desestigmatizador del contacto.
Otro clásico es el poli-bueno/poli-malo: uno crea miedo y el otro conecta desde la cooperación.

Good Cop/Bad Cop works as well as it does for several reasons: The fear of long incarceration is quickly instilled by Bad Cop's threats; the perceptual contrast principle ensures that compared to the raving, venomous Bad Cop, the interrogator playing Good Cop will seem like an especially reasonable and kind person (Kamisar, 1980); and because Good Cop has intervened repeatedly on the suspect's behalf—has even spent his own money for a cup of coffee—the reciprocity rule pressures for a return favor (Rafaeli & Sutton, 1991). The main reason that the technique is effective, though, is that it gives the suspect the idea that there is someone on his side, someone with his welfare in mind, someone working together with him, for him. In most situations, such a person would be viewed very favorably, but in the deep trouble our robbery suspect finds himself, that person takes on the character of a savior. And from savior, it is but a short step to trusted father confessor.
En terapia, ese equilibrio entre la responsabilidad del paciente y el apoyo "en equipo" del erapeuta es una de esas claves que a veces son delicadas de gestionar.
-Asociación: el mensajero acaba pagando por las malas noticias (ver meteorólogos); de la misma manera, las churris espectaculares del anuncio aumentan la valoración positiva nconsciente de un deportivo (¿para qué va a evolucionar la publicidad, si los clásicos siguen funcionando?). Colocar insignias de Visa o Mastercard aumenta la tendencia al gasto...
incluso en metálico. Los vendedores y los políticos se asocian a gente famosa y admirada (bueno, el PP hace unos años sólo consiguió a Norma Duval, pero ZP et al. se soban con cantautores y escritores sin disimulo; por otro lado diríase que José Coronado es un experto en el tracto digestivo, Federer y Tiger son especialistas en afeitado, y Concha Velasco es una gran conocedora de los misterios fisiológicos de las pérdidas leves de orina).
Unos estudios recientes muestran cómo la personalidad de los logos influye en nuestras actitudes de forma objetivable. Ya se sabía que justo después de ver fotografías de gente anciana, tendemos a movernos con más lentitud, pero además hacer unos tests de creatividad tras exposición subliminal al logo de Apple...mejoraba los resultados, aunque parece que sólo si la creatividad era un objetivo personal relevante para el sujeto. Este efecto incrementador se observaba también haciendo que los sujetos completaran una encuesta sobre el logo de Disney (el grupo control, sobre el de otro canal) y realizaran luego unos tests de honestidad. O el ejemplo de Ariely en Predictably Irrational en que cuando los estudiantes debían recordar los 10 mandamientos (o los que pudieran) antes de realizar una prueba pagada en que podían hacer trampas y cobrar más pasta...!no engañaban en absoluto! (no "lo normal": nada); daba igual si habián recordado 2 o los 10: habían activado el módulo moral asociado.

Un ejemplo que cita Cialdini sobre cómo autorregulamos ese asociacionismo con lo agradable/positivo y que siempre me ha hecho mucha gracia (soy una víctima impenitente) es el uso, referido al equipo deportivo del que uno es aficionado, de la expresión ganamos ... y perdieron.

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1 de agosto de 2009

Influencia III: evidencia social

"Where all think alike, no one thinks very much."—Walter Lippmann

Es más probable que hagamos (o al menos probemos) lo que otra gente está haciendo mayoritariamente. Si uno se pone a mirar a lo alto en medio de una acera, casi nadie se sumará, pero prueba a hacerlo con cuatro cómplices más : hasta un 80% de paseantes se verán influídos (se pararán a mirar o al menos echarán un vistazo rápido mientras caminan). Cuando busco pelis desconocidas para descargar, tiendo a seleccionar las poquitas que son puntuadas por miles de usuarios en IMDB por encima de 7, y casi siempre paso de las de menos de 6. En algunas discotecas ya se ocupan de crear largas colas a la entrada aunque dentro haya sitio de sobra: eso atrae a más clientes (las mamás siempre recomiendan acudir en el mercado a la parada con más compradores). En estudios sobre dolor, el informe subjetivo pero también medidas psicofisiológicas eran de menor intensidad cuando, ante descargas eléctricas, otro sujeto mostraba tolerancia elevada al mismo. Una vez fui de espectador a un programa televisivo de entretenimiento: allí estaba el realizador señalando cuándo aplaudir, animar, incluso reír, para marcar el tono al televidente (lamentable, pero encima funciona, vean los antecedentes operísticos de los claqueurs profesionales italianos del siglo XIX).
Hay dos factores importantes en este efecto: la incerteza y la similaridad.
El primero consiste en que cuanto más ambigüo sea el contexto (y menor la certeza en una respuesta "correcta"), más probable es que se active esta búsqueda de evidencia en los otros, dando lugar a veces al fenómeno de la ignorancia pluralística. Para explicar este fenómeno Cialdini reanaliza el célebre caso Genovese: una chica apuñalada y asesinada en la calle en NY durante más de media hora mientras 38 testigos no llamaban a la poli. Si bien se alude a una difuminación de responsabilidad ("alguien más habrá llamado") hay un segundo factor en juego: Genovese no fue salvada porque había demasiada gente mirando. Si bien la realidad de los hechos puede haber sido bastante menos dramática que el reportaje periodístico (sí hubo al menos una llamada temprana a la poli, y no fueron 38 los que vieron de hecho un apuñalamiento), el efecto se ha reproducido múltiples veces experimentalmente (con actores simulando epilepsia, o desvanecimientos, etc.). Si todos los testigos están en pause buscando en los otros la respuesta adecuada...la respuesta acaba siendo el pause. En cualquier caso, Cialdini dice que no es que vivamos en una sociedad apática, fría y deshumanizada: si hay un único testigo de la petición de ayuda, la probabilidad de respuesta empática es altísima; es la presencia de más gente la que tiende a frenar a los individuos. En relación a esta ayuda al necesitado, el hecho de que los presentes sean extraños entre sí reduce la probabilidad (los hace más dependientes de la iniciativa ajena). El entorno urbano no es en sí deshumanizador, sino más dado a la ambigüedad cambiante, a que haya mucha gente simultáneamente en el escenario, y a menor familiaridad, y por tanto activa la no respuesta de ayuda pero no por falta de amabilidad / sensibilidad, sino por ignorancia pluralística.
El segundo factor de evidencia social es la similaridad: compre usted porque X millones no pueden estar equivocados. Dove se ha hecho un hueco en el mercado de higiene femenina utilizando modelos "normalitas" (treinta y pico, un pelín fondonas). La publicidad nos asalta con actores malísimos que fingen ser el vecino de al lado, y que nos recomiendan consumir esto y lo otro.
Un caso espectacular es el de los copycats: las imitaciones de suicidios, envenenamientos de analgésicos o de alimentos, agresividad homicida en coles, etc. Cialdini revisa las investigaciones de Phillips sobre la influencia de suicidios muy publicitados sobre...muertes no sólo por suicidio, sino por accidentes. Las correlaciones con datos de muchos años son espectaculares y dan que pensar (¿accidentes? bueno, sería una forma "disimulada" de buscar la muerte). Si añadimos la similaridad, el incremento de estas muertes tras el suicidio omnipresente en medios de comunicación se relaciona diferencialmente con características específicas (rango de edad, raza).
Otro análisis detallado de Cialdini es el de los 910 suicidios de los miembros de la secta de Jim Jones en Guayana: en orden, con calma, de buen rollo...Entre otras cosas por el contexto (una secta escapada de San Francisco y aislada en medio de la Guayana) más el hecho de que ante el planteamiento del suicidio colectivo, algunos miembros lo actuaron de manera inmediata, calmada y convencida, y marcaron el patrón para el resto.
En terapia, una aplicación excelente son los clásicos estudios de Bandura de modelado: observar a otro resolviendo el reto fóbico inspira un afrontamiento mucho más eficaz. Esto es eficaz inclusive a partir de filmaciones. El efecto placebo en los antidepresivos parece aumentar en los últimos años quizás porque el impresionante marketing del Prozac et al. ha creado una percepción social de una mayor expectativa de respuesta (un modelo social de qué esperar). Si todos los pacientes son medicados para la migraña y todos los profesionales sanitarios creen en la insoslayable necesidad de ese enfoque, cuando un neurólogo prueba una estrategia cognitivo-conductual, el entorno desconfía. El estudio pendiente en psicología votado hace un año como el más relevante por hacer, implicaba la hipótesis de J Harris en The Nurture Assumption: los padres importan mucho menos que los iguales (similaridad). Los programas para luchar contra el tabaquismo en adolescentes son más eficaces si utilizan a adolescentes como mensajeros. La actitud de aceptación en el terapeuta es un factor de primer orden quizás porque guía al paciente en esa misma aceptación de lo que hay, en lugar de angustiarse por su angustia. Mostrar esperanza también es alimentar esperanza.


¿La defensa ante los posibles abusos? No es fácil, pero pasa por buscar evidencia en contra de la tendencia grupal, y considerar apoyos complementarios distintos de lo que otros similares hacen.

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30 de julio de 2009

Influencia II: consistencia

"It is easier to resist at the beginning than at the end."—Leonardo da Vinci

Es un motivador esencial. Por un lado, una alta consistencia se valora socialmente de forma muy positiva, asociada a valores de fuerza de carácter y fiabilidad. En segundo lugar, funciona como un automatismo protector del pensamiento rumiador (aunque también nos escaquea de tomar demasiada conciencia de nuestras contradicciones internas). En tercer lugar, simplifica una realidad diaria compleja al permitirnos tomar decisiones de una manera fácil, práctica.
La clave es el compromiso inicial: una vez se establece, la consistencia empuja al individuo en esa dirección, lo mantiene y lo intensifica (al estilo Kaizen). Es el pie-en-la puerta: si hay una compra pequeña, le sucederán otras mayores. Una vez tienes la autoimagen de alguien donde quieres, la persona tenderá a cumplir de forma natural con un montón de requerimientos que sean consistentes con esa manera nueva de verse.
Por supuesto hay maneras más o menos execrables (Cialdini describe las tácticas chinas con prisioneros americanos en la guerra de Corea en los 50: conseguir que hicieran pequeñas concesiones iniciales, como escribir un ensayo sobre lo que ellos creían que un comunista pensaría sobre ciertos temas, incluso simplemente copiarlo de un modelo, favorecía posteriormente pequeños cambios actitudinales que, con persistencia e ingenio, llegaban en algunos casos a transmitir información militar relevante; por supuesto las sectas conocen muy bien esta técnica de los pasitos cortos: primero vas a una charla abierta sobre teosofía o el poder de la mente o vas a estudiar a un centro juvenil del Opus, y al final acabas rapándote la cabeza y vestido de naranja o de supernumerario). La consistencia es un motivador que se interioriza, porque en general creemos más en lo que hacemos que en cualquier otra pata de nuestras actitudes, o al menos derivamos nuestro conocimiento de quiénes somos (identidad) en gran medidad de cómo nos comportamos.
A la consistencia le crecen patas: se autoperpetúa, fluye en su propia inercia autorreforzada. Sin embargo, para que un compromiso sea eficaz en este sentido, ha de ser: activo, público, con esfuerzo, y elegido libremente:

-Activo: desde dentro, hay una presión de adecuar la autoimagen a la acción.

-Público: desde fuera, una presión más sutil a ajustar esta imagen con la percepción que se tiene de nosotros.

-Esfuerzo: cuanto más nos cuesta (dentro de lo posible) más nos implicamos (ver rituales de iniciación en colegios mayores, o boot camps de marines).

- Libre elección: aceptamos responsabilidad por un comportamiento que creemos haber elegido poner en marcha en ausencia de presiones externas relevantes.

A similar technique involved political essay contests that were regularly held in camp. The prizes for winning were invariably small—a few cigarettes or a bit of fruit—but were sufficiently scarce that they generated a lot of interest from the men. Usually the winning essay was one that took a solidly pro-Communist stand ... but not always. The Chinese were wise enough to realize that most of the prisoners would not enter a contest that they thought they could win only by writing a Communist tract. Moreover, the Chinese were clever enough to know how to plant in the captives small commitments to communism that could be nurtured into later bloom. So, occasionally, the winning essay was one that generally supported the United States but that bowed once or twice to the Chinese view. The effects of this strategy were exactly what the Chinese wanted. The men continued to participate voluntarily in the contests because they saw that they could win with essays highly favorable to their own country. Perhaps without realizing it, however, they began to shade their essays a bit toward communism in order to have a better chance of winning. The Chinese were ready to pounce on any concession to Communist dogma and to bring consistency pressures to bear upon it. In the case of a written declaration within a voluntary essay, they had a perfect commitment from which to build toward collaboration and conversion.

[...] If, however, the idea was to attract large numbers of entrants, why were the prizes so small? [...] They wanted the participants to own what they had done. No excuses, no ways out were allowed. A pledge who suffered through an arduous hazi
ng could not be given the chance to believe he did so for charitable purposes. A prisoner who salted his political essay with anti-American comments could not be permitted to shrug it off as motivated by a big reward.

[...] Given the Chinese Communist government's affinity for the political essay contest as a commitment device, it should come as no surprise that a wave of such contests appeared in the aftermath of the 1989 massacre in Tiannanmen Square, where pro-democracy protesters were gunned down by government soldiers. In Beijing alone, nine state-run newspapers and television stations sponsored essay competitions on the "quelling of the counterrevolutionary rebellion."

En psicoterapia, creo que tenemos ciertas ventajas potenciales como instigadores de cambio sobre la psicofarmacología: esencialmente el uso de los factores de actividad (hay que hacer algo), esfuerzo, y elección libre (a veces ignorado en la prescripción médica más de lo que es necesario en ciertos casos específicos, y posiblemente uno de los motivos de las bajas tasas generales de adhesión a los tratamientos).
Caildini muestra ejemplos detallados de uso reprobable (acuerdo una venta del coche en 11.000 euros, pero finalmente acabo pagando 11.700) y recomendable (reducción de gasto de energía eléctrica en los hogares). También comenta una aplicación educativa esencial: la amenaza de castigo es eficaz si uno está dispuesto a hacer de policía (no se castiga el acto, sino que te pillen); interiorizar moralmente la regla en cuestión es factible sólo si el niño se responsabiliza de ella, y esto requiere más bien una razón que acepte inicialmente como válida y que apoye una conducta inicial concreta en la dirección deseada (lo difícil es encontrar esa razón inicial adecuada para ese niño concreto). Esto es válido para cualquier proceso de cambio, realmente (es preferible tener un por qué adecuado).


La defensa ante este mecanismo de persuasión no es sencilla; Cialdini recomienda apoyarse en la intuición del primer instante, y/o confiar en el instinto cuando ante una propuesta nos sentimos incómodos (corporalmente, sin saber por qué), al menos para detenernos y posicionarnos.

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24 de julio de 2009

Influencia I: reciprocidad

“There is an obligation to give, an obligation to receive,
and an obligation to repay” - Marcel Mauss


La reciprocidad es una regla humana incorporada a todas las culturas y que procede supuestamente de una ventaja evolutiva notable: permite la división del trabajo, el intercambio de bienes y servicios, y la creación de estructuras de interdependencia que une a los individuos en unidades mayores y más eficaces. El grupo presiona a los miembros a cooperar entre sí amenazando con una pérdida de reputación al que no colabora; así que todos nos sentimos obligados a devolver (eventualmente) los favores recibidos (en otros términos, el altruismo recíproco / justicia que comentaba Haidt en nuestra moral). Inclusive nos sentimos obligados a recibir (sin esto, la regla sería débil y su sentido evolutivo frágil).
La variante más simple es ofrecer algo y posteriormente pedir algo más a cambio (un clásico de voluntario de cruz roja regalándote un pin y luego pidiendo una contribución voluntaria; o de primera visita al dentista: ¡revisión sin coste!; o muestras gratis de queso en el súper). La fuerza de esta tendencia es independiente de si nos cae bien o no el dador-peticionario. Además, cuanta más sorpresa hay en el regalo, o en la petición, parece haber mayor respuesta favorable (nos cortocircuita la capacidad de convertir lo automático en reflexión).
Un problema muy relevante para la temática más habitual de este blog aparece, p.e., cuando los médicos reciben regalos de los laboratorios (en USA al menos, parece ser además que los psiquiatras son los especialistas con mayor valor de regalos recibidos): se entra en la dinámica tanstaafl (there ain't no such thing as a free lunch). Esto influye notablemente en los hábitos de prescripción como muestran varios estudios relevantes (ver revisión) y como deben tener bastante claro los laboratorios (su gasto, como empresa, necesariamente ha de ser es una inversión dirigida a aumentar los beneficios); en el Johns Hopkins ciertos regalos han sido prohibidos como muestra de lucha anticorrupción, aunque como bien critica el Carlat Psych Blog, es más marketing cosmético que control real. Supongo que el cobro de cantidades notables de pasta por una charlita de powerpoint también puntúa, al menos en el cableado inconsciente, como regalo parcial. Sin embargo, es una cuestión fundamental entender que la prescripción de fármacos se ve influida (con implicaciones asistenciales y financieras importantes para los pacientes y para el conjunto de los ciudadanos/Estado); sustituir un cheque al portador por un vale de compra de libros o material informático para la investigación no es una fórmula aceptable aunque parezca más limpia (eso libera otros recursos monetarios igualmente, y en cualquier caso psicológicamente crea la misma sensación más o menos inconsciente de deuda, o puede incluso que más al estar más personalizado).
Una variante más sofisticada consiste en solicitar algo (una compra, un favor) de mayor enjundia, y ante la negativa, pedir una versión más simple (y menos costosa, pero probablemente la que era el objetivo original); esto se ve de hecho como una concesión, de forma que el rechazo inicial (que suele generar cierta incomodidad) y sobre todo la "concesión" subsiguiente de la parte instigadora nos impulsa a aceptar la nueva versión, beneficiándose del principio de contraste propuesto en la entrada anterior (técnica de rejection-then-retreat). Es decir: primero se nos ofrece el artículo muy caro y sobrevalorado, y cuando lo rechacemos se nos muestra el que quieren empaquetarnos. El cliente tiene así por añadidura una falsa ilusión de control, y encima muestra más satisfacción.


Cialdini propone defendernos de estas tácticas a través de tomar conciencia de ese mecanismo involuntario, y revertir la percepción de regalo (cuando proceda) por la de intento de manipulación (entonces nos sería aceptable una respuesta de rechazo o directamente de me-como-el-queso-y-hasta-luego-lucas). Por supuesto, prudentemente intentando evitar los falsos positivos y actitudes de-entrada-no que son tan nocivas para la salud mental (o sea, más bien parar la situación, activar la reflexión y sopesar la intencionalidad del regalo). No obstante, como siempre que se convierte lo automático en conciencia, es un esfuerzo añadido.
En fin, la vida es difícil: necesitamos ser ingenuos, pero no demasiado, y quién sabe cuál es el equilibrio correcto... (continuará).

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23 de julio de 2009

Fulanos interesantes en Ψ: Cialdini

Robert Cialdini es un profesor universitario de psicología social y marketing que escribió hace unos años el que es, posiblemente, el libro más influyente sobre persuasión: Influence: Science and Practice (ya 4ª ed.). Es un libro muy bueno en el sentido de su amplitud y sobre todo por ese estilo pedagógico americano fácil que parecería poder entender un niño de 8 años (igual me he pasado, pero pillan la idea). Un dato fantástico es que Cialdini, cual De Niro preparando una peli bajo el método, pasó 3 años trabajando en diversos curros de vendedor (seguros en una oficina, coches usados en un concesionario, ventas telefónicas) y entrevistó y analizó a publicistas, agencias de anuncios, incluso miembros de cultos religiosos que captaban adeptos, y analizó toda esa información, la combinó con investigaciones de psicología social, y desarrolló su modelo de los 6 factores de influencia/persuasión que expone en su libro (y que posiblemente iré desgranando aquí en sucesivas entradas). Por lo pronto, un ejemplo encantador (excepto si lo hiciera mi hija) del llamado efecto de contraste perceptivo (o efecto señuelo):

"Queridos mamá y papá:

Desde que marché a la universidad he estado escribiendo poco, y siento haber sido tan inconsciente. Os pondré al día ahora, pero antes de que sigáis leyendo, por favor sentaos. No leáis nada más hasta estar sentados, ¿vale?
.

Bueno, me va bastante bien. La fractura de cráneo y las contusiones producto de haber saltado por la ventana del dormitorio cuando se declaró el incendio, justo recién llegada, están casi curadas. Sólo pasé dos semanas en el hospital y ahora puedo ver casi con total normalidad y los dolores de cabeza sólo me viene una vez al día. Afortunadamente, un empleado de la gasolinera cercana fue testigo del incendio del dormitorio y de mi salto y pudo llamar a los bomberos y a la ambulancia. Me visitó en el hospital, y ya que no tenía a dónde ir por el incendio, fue tan amable de invitarme a compartir su apartamento con él. Realmente es un sótano, pero tiene mucho encanto. Es un chico muy majo; estamos enamorados y planeamos casarnos. Todavía no tenemos fecha, pero será antes de que se note el embarazo.

Sí, papá y mamá, estoy embarazada. Sé que estáis muy ilusionados con ser abuelos, y sé que recibiréis al bebé con los brazos abiertos y le daréis el amor y devoción que me disteis a mí cuando niña. La razón del retraso de la boda es que mi novio tiene una pequeña infección que sin querer me ha contagiado, pero sé que le recibiréis en la familia con los brazos abiertos. Es muy amable, y aunque no tiene estudios, es muy ambicioso.

Ahora que os he puesto al día, quisiera contaros que no hubo incendio, ni contusiones, ni fractura craneal; no estuve en el hospital, ni estoy embarazada, ni prometida, ni infectada, ni tengo novio. Sin embargo, he suspendido Estadística y Química, y quiero que podáis analizar estos datos en la perspectiva adecuada.

Con mucho amor, vuestra hija
Sharon"


"Sharon suspendió varias asignaturas, pero sacaría un Sobresaliente en Psicología", Cialdini dixit.

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Aforismos para psicoterapeutas quemados

"Sólo porque no me importe no significa que no entienda."

"El alcohol: causa y solución de todos los problemas."

"Quiero compartir algo contigo: Tres pequeñas frases que te ayudarán a lo largo de tu vida:
1- ¡Cúbreme!, 2- ¡Buena idea Jefe!, 3- Estaba así cuando llegué."

"Si algo te resulta difícil, no vale la pena que lo hagas."


"Tendrá todo el dinero del mundo... pero habrá algo que jamás podrá comprar.... un dinosaurio"


"Ahora con internet los niños se te educan solos..."


"La vida es una aplastante derrota tras otra hasta que acabas deseando que se muera Flanders"

"Intentarlo es el primer paso hacia el fracaso."

Homer Simpson

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21 de julio de 2009

Psicólogos, canguros y animadores de fiestas

Arien Hochschild es una socióloga feminista (sic) que desde hace años investiga cómo trabajo y hogar se han disociado hasta el punto de que la capacidad familiar para el cuidado afectivo se ha desintegrado, y de hecho contratamos en el mercado a personas que provean ese cariño/cuidado. En la introducción de su último libro (La mercantilización de la vida íntima):

En el año 1900, menos de un quinto de las mujeres estadounidenses casadas trabajaban por un salario; en 1950 lo hacía aproximadamente el 40 por ciento, y en el año 2000, cerca del 70 por ciento. En efecto, esté o no presente el marido, seis de cada diez mujeres con hijos de 2 años y más de la mitad de las mujeres con hijos de 1 año trabajan fuera del hogar, y hoy en día también trabajan las abuelas, las tías y las vecinas a quienes una mujer podría haber acudido en busca de ayuda para cuidar a sus hijos. Lejos de reducir su horario de trabajo, los padres lo han extendido, en tanto que el índice creciente de divorcios ha llevado a que muchos padres dejen todo el cuidado de sus hijos en manos de sus ex esposas. Como consecuencia de este proceso hay menos colaboradores en el hogar, en tanto que mucha gente no encuentra o no puede pagar personal que cuide bien a sus hijos.[...]

Y este vacío ha tenido consecuencias curiosas. Por un lado, el cuidado de niños y ancianos parece haber descendido de categoría en cuanto a los honores y la recompensa monetaria, y se ha transformado en un trabajo del que es preciso salir o que debe dejarse vacante para quienes no logran conseguir un empleo mejor. Por otro lado, la tarea ha adquirido mayor importancia ideológica, como parte de un vehemente y confuso intento de crear una familia y una nación más cálidas y gentiles. El "cuidado" se ha ido al cielo en el terreno ideológico, pero en la práctica se ha ido al infierno.[...]

Cuando reemplazamos el cuidado familiar por cuidado pago, ¿qué podemos hacer para que éste funcione bien desde el punto de vista humano? A medida que la familia "artesanal" se transforma en una familia posindustrial, las tareas que antes se llevaban a cabo en el interior del núcleo familiar se confían cada vez más a especialistas externos: cuidadores de niños y de personas mayores, enfermeros, profesores de colonias de vacaciones, psicólogos y, entre los más ricos, choferes, ensambladores de álbumes familiares y animadores de fiestas de cumpleaños
[smile!]. Cada vez producimos menos cuidado familiar y cada vez lo consumimos más. En efecto, cada vez es más común que "cuidemos" mediante la adquisición del servicio o el objeto apropiados.[...]

Hochschild analiza cómo contratamos en el mercado capitalista a quienes se encargan de los afectos (familiares y personales) bajo esa aparente contradicción de invertir nuestro tiempo en ganar pasta con que pagar el tiempo de otros que hagan lo que nosotros deberíamos hacer (que es propia de la eficacia del mercado, pero que si implica lo afectivo no parece compensar tanto), e incluso reparte estopa contra los libros de autoayuda feministas tipo Mujeres que aman demasiado que realmente propugnan una afectividad más fría y desapegada, un formato de inversión a supervisar (en la línea del Amor Líquido de Baumann).
Hochschild, que plantea una tesis interesante y que merece una reflexión, incluye en esta cuadrilla de cuidadores afectivos explícitamente a los psicólogos. Además de en el texto anterior, en el último suplemento cultural de La Vanguardia (369) dice literalmente en un extenso artículo: "Cien años atrás a nadie se le ocurriría pagar para que otros le escuchasen. Para eso estaban los amigos o el sacerdote. Ahora, incluso la gente más madura emocionalmente acude al terapeuta. Está totalmente aceptado". Esta frase es muy importante. Entiendo que hay muchos tipos de relaciones de ayuda, y que algunas igual se basan exclusivamente en la escucha; esto es lícito, tanto en la venta como en la compra (ca uno es ca uno). Sin embargo, creo que igualar la psicoterapia con esto (y con ser una oreja de alquiler) es una generalización sensacionalista y poco creíble. Es posible, pero no probable. Y trae a cuestión cuál es la percepción que genera nuestra profesión (el artículo revela en la misma línea que en USA hay gente llamada wantologists que le averigüan a uno lo que uno quiere en la vida; esto, p.e., es exactamente lo que un psicoterapeuta no hace; en mi opinión tampoco hacemos lo que el sr. prostituto de la viñeta - que encuentro muy divertida, por cierto).
Hochschild no parece reconocer que una cosa es la queja y otra la demanda, y que ésta última es la razón de ser de una psicoterapia (y no la primera): se busca un objetivo, hay un acuerdo (a veces cambiante, o algo ambiguo) de propósito (y ojo, que la demanda puede ser o no clínica; es decir, la psicoterapia puede tener perfecto sentido en procesos no patológicos sino adaptativos o de conciencia). Ocasionalmente, puede que la escucha sea el eje principal (un duelo bloqueado, p.e.), pero incluso si así fuera, el objetivo de una psicoterapia es ¡que el cliente deje de acudir!. Damos espacio a los afectos, pero si ocupamos una posición de cuidador ésta es necesariamente transicional y dirigida desde el principio a dejar de serlo, al empowerment del otro, muy distinto al cuidar como objetivo en sí de una nanny o un cuidador para el abuelo o un enfermo (sin menosprecio; la autora tampoco lo hace, simplemente señala el vacío social generado en nuestro sistema económico productivo que obliga a subcontratar estas funciones fuera de la familia). Quizás la de escuchador es una imagen que deriva aún de los iconos populares y caricaturizados del psicoanálisis de diván y asociación libre o de la terapia rogeriana, pero el psicoterapeuta debe siempre (intentar) tener la mayor y más objetiva conciencia posible del tablero de juego y de hacia dónde mueven (ambas partes) las fichas (la escucha es parte del encuentro, pero no su finalidad). Por otro lado, sí tiene parte de razón en su cuestionamiento: es cierto que muchas personas/padres/familias acuden con el deseo de que nos hagamos cargo (nos responsabilicemos) de sus carencias, e indefinidamente si pueden, y que los sustituyamos como padres/parejas/sí mismos, y aunque esa vieja trampa se supone que está reconocida, puede que en casos particulares sea aceptada erróneamente esa en principio inaceptable demanda. Ciertamente es uno de los peores correlatos de la psicologización de la vida cotidiana: la dependencia del experto. Pero igual que la psiquiatría afortunadamente no es igual a sus usos equivocados tipo Malleus Maleficarum, la psicoterapia como concepto no es igual a la parentalidad o a la abrazoterapia.
En fin, que el mito del psicólogo como confesor moderno, pañuelo de lágrimas u oreja prestada me parece que habla más de las (¿seudo?)terapias amateurs y de una visión que, quiero pensar, es distorsionada... o quizás francamente sintomática (no de Hochschild, sino del espacio social en que la psicoterapia se (¿nos?) ha caído).

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