24 de abril de 2010

¿Rompecabezas o misterio?

En el último libro de Malcolm Gladwell, que compila artículos suyos en The New Yorker de los últimos años, hay uno sobre Enron en que recoge una distinción fundamental de un alto responsable de seguridad nacional de USA: rompecabezas versus misterio. El paradero de Bin Laden es un rompecabezas (sólo hay una respuesta verdadera, y llegar a ella depende de tener la máxima información posible y encajarla correctamente; el rompecabezas se vuelve más simple con cada información adicional verdadera); sin embargo, la evolución de Al-Qaeda es un misterio (no es tanto el incrementar la información disponible -que es contradictoria, amorfa a veces, repleta de opinión, e interesada- como poderla entender, analizar, descifrar; de hecho demasiada información es tan malo como demasiada poca).


Mysteries, though, are a lot murkier: sometimes the information we’ve been given is inadequate, and sometimes we aren’t very smart about making sense of what we’ve been given, and sometimes the question itself cannot be answered. Puzzles come to satisfying conclusions. Mysteries often don’t.
La trama Gürtel es un rompecabezas; el proceso a Garzón es un misterio.

En un chequeo no demasiado exhaustivo (su web ha sido bloqueada hace unos días) de la propuesta DSM5 para los trastornos de personalidad, me temo que se confunden ambos conceptos. Al estilo de un comentario que leí hace unos días a un artículo de prensa sobre la sobremedicalización del dolor cotidiano con antidepresivos ( "Algún dia, cuando se conozca mejor el funcionamiento del cerebro humano, se reconocerá el componente biologico hereditario de las enfermedades mentales y se podrán tratar mejor.": clásico enfoque de rompecabezas - motivado por la ilusión de control, supongo), el DSM5 parece absorber bajo este mismo defecto perceptivo el ámbito de la personalidad, aunque bajo una pátina no tanto biologicista como psicometricista. Me explico: supuestamente, en este nuevo mundo la personalidad debería ser evaluada dimensionalmente en 6 dominios que engloban un total de 37 rasgos. Es decir, cuanta más información tengamos, más cerca de resolver el puzzle (porque hay una imagen estática última a la que todo se remite). En mi opinión, además de ser de un pragmatismo paradójicamente impráctico, esta seudocomplejidad simplona sigue omitiendo la esencia de la valoración personológica, que es ver no sólo cómo la estructura de la misma supone una forma establecida (y generalmente no consciente) de atención (selectiva) a la realidad, y una elaboración característica de lo atendido, sino además una motivación o propósito emocionalmente significativo y simultáneo (y generalmente de origen biográfico anterior).


El carácter es más que un conjunto caótico de rasgos: es una compleja estructura que podría representarse en forma de árbol, en el que los distintos comportamientos son aspectos de comportamientos más generales e incluso estos diversos rasgos de naturaleza más general pueden comprenderse como expresión de algo más fundamental.
El núcleo fundamental del carácter [...] tiene una doble naturaleza: un aspecto motivacional en interacción con un prejuicio cognitivo, una «pasión» asociada a una «fijación».[...] En el centro de cada carácter existen -en recíproca relación una y otro- una forma de motivación por deficiencia y un error cognitivo.
C. Naranjo, Carácter y Neurosis.
Otros añadidos criticables en la nueva propuesta son la presunción de que la falta de sentido coherente del sí-mismo es una rasgo definitorio de los trastornos de personalidad (cuando muchas veces es la excesiva coherencia el síntoma), o la sorprendente reducción de los prototipos de trastornos de personalidad a cinco ( personalmente, soy más partidario de prototipos fenomenológicos que de colecciones dimensionales de rasgos), en un movimiento táctico desconcertante (no sé si bajo la estrategia reificadora habitual de sólo admitir la existencia de aquello de lo que tengo datos que me lo (más o menos) justifiquen, y lo convierto así en (seudo)ciencia establecida).

No, la personalidad no es un rompecabezas que se resuelve mediante la acumulación de información; es un misterio (y por tanto requiere el descifrado atento, flexible, y lleno de huecos, de lo significativo, más que la superposición estandarizable de datos). El DSM-IV no sabe leer más allá de la regularidad de comportamientos, cogniciones o sentimientos, pero al menos sus limitaciones son tan obvias que se sabe cuando te derivan un paciente con TP X que tienes que repensarlo todo de cero porque realmente no significa mucho (cuando te derivan con etiqueta de cluster, ya apaga y vámonos); el DSM5 vende un cambio de enfoque que aunque aparentemente respalda a la psicología, la convierte al modelo positivista y la disfraza con ropas pretendidamente respetables (pero no hay nadie bajo las ropas: sólo ruido).

No compro.

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17 de abril de 2010

Reescribiendo el Trauma

Existe una controversia fundamental en el ámbito de las psicoterapias sobre la equivalencia a nivel de efectividad de los distintos procedimientos terapéuticos. Si bien es cierto que posiblemente los factores comunes son mayoritarios a la hora de explicar la varianza, es probable que, especialmente en ciertos trastornos, haya procedimientos más eficaces que otros (es decir, haya factores terapéuticos circunscritos a la técnica), e incluso que algunos procedimientos sean perjudiciales (ver psicoterapias locas).

En el último número de Clinical Psychology Review se aborda la polémica en torno al Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT). Hace un par de años, una revisión en la misma revista (Benish et al, 2008) concluía que todo tratamiento bona fide es eficaz en este ámbito; ahora, Ehlers et al.(Clinical Psychology Review 30(2010)269–276) revisan los errores metodológicos (entre otros los sesgos en la selección de estudios, la necesidad de considerar los tamaños de muestras y el tamaño del efecto, y la necesidad de comparar con no-tratamiento) y reconsideran las conclusiones: parece evidente con una perspectiva amplia y exhaustiva que los tratamientos centrados en el trauma (p.e. cognitivo-conductual centrado en el trauma, o el EMDR; es decir, que trabajan esencialmente con la memoria viva del suceso traumático y su significado construido por el sujeto) son más efectivos que los no centrados en el suceso traumático (hipnoterapia, psicodinámica, interpersonal, gestión de estrés).


Una insistencia fundamental de los autores es: cuidadín con el concepto bona fide (una cosa es la valoración subjetiva de que algo tiene el propósito y la face validity de ser terapéutico, y otro el que aún así ha de haber cierta evidencia empírica y/o teórica de que funciona, y de qué funciona, y esto además necesita demostrar que es superior a no hacer nada).


En contextos traumáticos, afortunadamente en la mayoría de casos las personas no necesitan psicoterapia, sino que sus propios recursos permiten una resiliencia sanadora. Sin embargo, con frecuencia observo una presencia por defecto de servicios psicológicos que acuden prestos a intervenir sobre las víctimas de catástrofes. Es posible que la operativa real sea sensata y argumentada, pero también parece ser que a día de hoy, muchos organismos (Cruz Roja, protección Civil) siguen confiando en una técnica de intervención urgente/preventiva (en las 48 horas posteriores al suceso traumático) llamada debriefing que, curiosamente, no sólo es ineficaz sino en algunos casos contraproducente (Rose et al.: Cochrane Database of Systematic Reviews 2002; y la revisión mencionada).

Por tanto, en primer lugar, tenemos que la mayoría de personas no desarrollan TEPT (y sin ayuda profesional; la psicoterapia puede ser tan redundante y narcisista como esas recetas de fluoxetina cuando te deja la novia). En segundo lugar, para los que necesitan terapia hay procedimientos con diferentes niveles de efectividad (y alguno potencialmente patologizante). Y finalmente, la cuestión esencial: ¿por qué esa efectividad diferencial?.

Hace unos 3 meses, un artículo en Nature (via Scientific American) titulado Preventing the return of fear in humans using reconsolidation update mechanisms muestra cómo Schiller y cols. (entre ellos LeDoux) trabajan experimentalmente induciendo una huella postraumática que luego abordan terapéuticamente a través de la extinción simple, o a través de la reactivación explícita y deliberada del miedo antes de la fase de extinción (aprovechando pues ese estado de particular vulnerabilidad que permite su modificación previa a reconsolidarse de nuevo), bien a las 6 horas o bien 10 minutos después. Es éste último grupo el que presenta una desaparición (borrado) del miedo de forma altamente específica e incluso mantenida un año después (ya hay referencias anteriores utilizando sustancias para inducir una extinción de la memoria del miedo, pero esta vez es a pelo, sin drogas). Según Schiller, el grupo de los 10 minutos reescribe la huella de memoria traumática original con información de no-miedo; los otros dos simplemente crean una memoria nueva, en competencia con la traumática, que a veces desplaza a ésta pero a veces no, o sólo parcialmente. Aunque evidentemente son condiciones experimentales de trabajo con miedos condicionados y no exactamente un cuadro clínico de TEPT se puede conjeturar con sensatez: que sabemos que no recordamos el suceso original, sino su reescritura después de la última vez que accedimos al recuerdo; y que para una terapia eficaz es necesario reactivar el trauma, pero no como mera catarsis freudiana sino como paso obligado para que nos abra la ventana que permita reescribir los detalles y el significado del recuerdo (en interacción recíproca) antes de reconsolidarla (por cierto, esto hace más comprensible el misterioso EMDR, al menos en parte). Sin embargo, una reactivación precipitada, acelerada, sin alianza terapéutica, de abreacción y verbalización forzadas, y no individualmente reescrita (más o menos lo que supondría según algunos el debriefing) puede suponer una retraumatización; a pesar de ello parece ser de uso amplio en las intervenciones psicológicas en catástrofes y emergencias (generalizado, dicen algunas voces):

A la vista de los resultados contradictorios es factible preguntarse el porqué de esta aceptación incondicional. Son muy distintas las respuestas, y quizá no se ha llegado todavía a un consenso claro, sin embargo, no parece posible entender la situación actual sin tener en cuenta intereses que van más allá del propio ejercicio de la psicología, como intereses económicos y legales. Al respecto, algunos autores recalcan el hecho de que a organizaciones, bancos, hospitales y agencias, les conviene continuar utilizando esta técnica dado su bajo coste en comparación con otras y la dificultad de desarrollar alternativas (Kenardy, 2000; Paton, 2000; Stuhlmiller y Dunning, 2000a). Además, gracias a la simplicidad del protocolo es posible emplear la técnica de manera universal, aplicándola a todo tipo de individuos y grupos, sin tener en cuenta su cultura, experiencia o características de personalidad (Paton et al., 2000) algo que reduce enormemente los costos.

Vera-Poseck B. Debriefing: una revisión acerca de la polémica actual. Cuadernos de crisis. 2004;3(2):7-26.

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16 de abril de 2010

Misturado 6

Un libro: El poder del Perro, de Don Winslow.

La guerra al 'narco' causa 22.700 muertos en México (El País, 14-04-2010)

"El poder del perro es la primera gran novela sobre la droga desde que se publicó Dog Soldiers, hace treinta años. Es aterradora y triste, de una intensidad magníficamente sostenida. Es una hermosa visión en miniatura del infierno, con toda la locura moral que lo acompaña."
James Ellroy


En el prólogo, Rodrigo Fresán: “si el diez por ciento de “El poder del perro” fuese verdad, sería algo horripilante. Que el noventa por ciento pueda ser cierto resulta casi insoportable”.
El bebé está muerto en brazos de su madre.

A juzgar por la forma en que yacen los cuerpos (ella encima, el bebé debajo), Art Keller deduce que la mujer intentó proteger al niño. Debía saber, piensa Art, que su cuerpo blando no podría detener las balas (de rifles automáticos, desde esa distancia), pero el movimiento debió ser instintivo. Una madre interpone el cuerpo entre su hijo y quien quiere hacerle daño. Así que se dio la vuelta, se retorció cuando las balas la alcanzaron, después cayó su hijo.

¿De veras creía que podría salvar al niño? Tal vez no, piensa Art. Tal vez no quería que el niño viera surgir la muerte del cañón del arma. Tal vez quería que la última sensación del niño en este mundo fuera la de su pecho. Envuelto en amor.



Una serie: Treme (HBO). De los creadores de The Wire. Sublime.


"Esta es una historia sobre la cultura y cómo la cultura urbana estadounidense define cómo vivimos", explicó David Simon en una entrevista en el periódico británico The Guardian. "¿Qué hace a los estadounidenses ser estadounidenses? La única cosa que indiscutiblemente le hemos dado al mundo es la música afroamericana. En un bar de Sudáfrica o Kathmandú, si tienen un jukebox, encontrarás algo de Michael Jackson, Otis Reading o John Coltrane. La colisión entre los ritmos africanos con la escala pentatónica y la instrumentación y arreglos europeos se produjo en un área de 12 manzanas de una ciudad llamada Nueva Orleans que tuvo una experiencia cercana a la muerte en el año 2005".
La crítica también se ha rendido a los pies de este nuevo título que tiene como escenario uno de los vecindarios históricos de Nueva Orleans en el que la música juega un rol muy importante. La serie se desarrolla tres meses después del huracán Katrina y refleja la lucha de un grupo de músicos por reconstruir sus vidas a través de la música y las tradiciones culturales que los convierten, tanto a ellos como a su ciudad, en algo único.

Una imagen sarcástica: a propósito de A psychiatric revolution, A Scull.

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29 de marzo de 2010

Crisis de identidad, ora pro nobis


Hola.

Efectivamente, he estado haciendo el perro varios meses. Bueno, la adaptación requiere su energía, pero confieso que he procastinado (feo vocablo) y que posiblemente lo volveré a hacer.





Un reciente post del reputado blog del Dr Carlat (poco sospechoso él de ovejismo) sugiere una redefinición radical de la psiquiatría /psicología hacia una integración de ambas en algo así como un misturao a lo yanki (es decir, pragmático y al grano) de manera que se empieza incentivando a los psicólogos a medicar (algo que ya se hace en 2 estados USA; hay pastel para todos, dice el Dr) y se continúa creando una nueva carrera en salud mental que evite a los psiquiatras pasar por el suplicio de hacer medicina. Siendo una aportación polémica en el buen sentido (sacudir un poco lo insacudible, y esto siempre se agradece), hay varios elementos de juicio con el punto de mira un poco cambao, a mi ver. Por ejemplo, que dos años de formación psicofarmacológica permitan a un psicólogo manejar medicación (no es lo más frecuente, pero hay una jartá de concomitant conditions que intuyo requieren de un conocimiento médico mucho más amplio, aunque sean una minoría de casos). O que el Dr asuma que los programas de formación vigentes en Psicología son un modelo de preparación en el manejo de la clínica y de la psicoterapia (al menos en este país eso es una falacia descarada; y o mucho ha cambiado o incluso 3 años de PIR no acaban de cuadrar la formación necesaria). El Dr parece procupado porque la búsqueda de identidad de la Psiquiatría la autoarrincone hacia la Neuropsiquiatría dejándonos el hueco a los psicólogos para además ocupar el (lucrativo) sector del pastilleo (cosa que según él estará ocurriendo de forma generalizada en USA en 10-20 años), así que en el fondo hace una llamada de atención a los psiquiatras para reivindicar un lugar comú. Muy lícito, no meo el territorio, pero si nosotros estamos mal formados en psicoterapia, ¿estarán mejor los MIR?. No sé, tanta fusión me parece al final muy poco esclarecedora; idealmente estaría bien que todos fuéramos Leonardo, pero en la realidad yo al menos no me veo capaz de tanto.

En cualquier caso parece más una preocupación predominantemente de (algunos) psiquiatras; los psicólogos desde bien pronto sabemos que no tenemos identidad definida, por lo que después de soportar las rencillas departamentales de esos jardines de infancia llamadas facultades universitarias, y a raíz de x tortazos bien recibidos de nuestros pacientes, un buen día llegamos a la conclusión de que: 1) hay que desaprender a marchas forzadas; 2) o integras o no te comes nada: y 3) esencialmente se crece profesionalmente a partir de la ignorancia y la curiosidad, y sobre todo haciendo fintas en los huecos de la Evidence-Based. De hecho la pregunta más temida por un psicólogo clínico es que nos pidan que nos definamos (somos un poco BPD en ese sentido).


Por ejemplo: recientemente como saben se han reafirmado las sospechas de que los antidepresivos son sólo ligeramente más eficaces que el placebo en cuadros depresivos leves-moderados (que a fuerza de ensanchar tanto el diagnóstico son legión); si a esto le sumamos los conflictos de intereses de investigadores e industria, el sesgo en la publicación de resultados, la dificultad de que el doble ciego sea realmente ciego, o que más que un efecto antidepresivo específico los ISRS quizás produzcan un embotamiento emocional (ver un resumen facilito aquí), los biopsiquiatras entran en terreno neblinoso ... al que ya los psicólogos estamos acostumbrados (terreno conocido el de la confusión ontológica). Y es que los psicólogos positivistas/academicistas y los psiquiatras outsiders en ejercicio de maniqueísmo suelen reivindicar la terapia cognitivo-conductual como paradigma de las alternativas al pastilleo indiscriminado, pero obvian que el factor terapéutico esencial en la terapia cognitiva de la depresión...no es la intervención cognitiva (vaya chasco: revisión qué-corte-de-rollo aquí). O si quieren más barro reciente (o más diversión; yo ya lo sumo como aliciente creativo): los pacientes que creen que dios se preocupa por ellos tienen mayor probabilidad de responder positivamente a medicación antidepresiva que aquellos que no creen en un dios que se preocupa o que no creen en dios en absoluto (aquí ). Como ven, bastante confuso está el patio como para que todos hagamos de todo: juntos sí, revueltos ya no sé... En fin, yo por ahora prefiero una identidad conscientemente difusa pero contenida que un muchoabarcopocoaprieto.

Si es que no somos nadie.
(imágenes via soberinanightclub).

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4 de octubre de 2009

Cambio y corto

"Contempla constantemente que todo se produce por cambio y acostúmbrate a pensar que nada quiere tanto la naturaleza del Todo como cambiar lo que es y hacer nuevas cosas iguales. Porque todo lo que es, es de alguna manera la semilla de lo que será a partir de sí mismo". Marco Aurelio, Meditaciones (libro IV)
Pues sí, Heráclito strikes again. Sin saber si volver (yo adivino el parpadeo) es una forma de llegar, el 1 de Noviembre, nos mudamos los tres a Gran Canaria, a reinventarnos en medio del caos económico, a probar un salto que parece sin red (¿encontraremos trabajo?) pero que, motivado por afectos y parentalidad con buenas intenciones, sí que tiene la única red que realmente acaba importando: familia, afectos (y admito que en mi caso, esa pulsión cíclica de asomarme al precipicio para removerme un poco las tripas y salir de inercias agotadas). Como inspiración del triple mortal, una hermosa idea cervantina del Quijote: que Dios (llámalo X, llámalo energía) guía nuestros pasos mejor de lo que nosotros mismos nos atreviéramos a desear.


Barcelona ha sido una etapa larga (récord personal: 15 años) y enormemente satisfactoria, sobre todo en las amistades y en la tolerancia social y convivencialidad que a pesar de nacionalistas de uno y otro signo ignorantes (o peor: malévolos) creo que es superior en esta ciudad a cualquier otra en este país. Igual de agradecido me siento a este blog, que resultó más interesante para mí que lo que en un principio anticipé, y especialmente porque me llevó a estimularme y a conocer las ideas y aportaciones de otros; siempre desde el buen rollo han ido apareciendo unas conexiones sutiles de intereses y simpatías que disfruté y agradezco: un saludo a los habituales (y, ya puestos, a los esporádicos). Pero me permitirán que, en homenaje a esta ciudad, su gente, y por supuesto a la Muerte/Vacío/Renacimiento y el Azar que son los ejes cardinales de esta metamorfosis, me despida (no sé si es un hasta lueguito) con una bellísima canción de Lluis Llach cantada con un chicha ilustre, Pedro Guerra (eso es sumar y lo demás es bobería).


Que tinguem sort
(escuchar)

Si em dius adeu
Si me dices adiós
vull que el dia sigui net i clar,
quiero que el día sea limpio y claro
que cap ocell
que ningún pájaro
trenqui l'harmonia del seu cant
rompa la armonía de su canto
Que tinguis sort
Que tengas suerte
i que trobis el que t'ha mancat
y que encuentres lo que te ha faltado
en mí
en mí

Si em dius "et vull",
Si me dices "te quiero",
que el sol faci el dia molt més llarg,
que el sol haga el día mucho más largo,
i així, robar
y así robar
temps al temps d'un rellotge aturat
tiempo al tiempo de un reloj parado
Que tinguem sort,
Que tengamos suerte,
que trobem tot el que ens va mancar
que encontremos todo lo que nos faltó
ahir
ayer

I així pren tot el fruit que et pugui donar
Y así toma todo el fruto que te pueda dar
el camí que, a poc a poc, escrius per a demà
el camino que, poco a poco, escribes para mañana
Què demà mancarà el fruit de cada pas
Que mañana faltará el fruto de cada paso;
per això, malgrat la boira, cal caminar
por eso, a pesar de la niebla, hay que caminar.


Si véns amb mi,
Si vienes conmigo,
no demanis un camí planer,
no pidas un camino llano
ni estels d'argent,
ni estrellas de plata,
ni un demà ple de promeses, sols
ni un mañana lleno de promesas, sólo
un poc de sort,
un poco de suerte,
i que la vida ens doni un camí
y que la vida nos dé un camino
ben llarg.
bien largo.

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2 de octubre de 2009

Relativismo geográfico






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25 de septiembre de 2009

Misturado 5

Goodbye Solo (Ramin Bahrani, 2008, sin estrenar aquí creo, disponible en torrent): es una de esas pelis que se describen en dos palabras: im prescindible. Pocos medios y mucho filin'. Y diez segundos de pause hacia el final, para que uno no sólo sea espectador, sino se pregunte "¿yo cómo me posiciono en esto?". Vida y Muerte. A pelo.

Souléymane Solo es un taxista senegalés de 34 años. Un día es contratado por William, un setentañero estoico: en dos semanas tiene que llevarlo a Blowing Rock, el pico de una montaña rocosa.


Bahrani was inspired by an encounter, some years ago, with a local taxi driver who did not himself own a car and had to cadge rides or take cabs to get to his job. Bahrani remembers telling his acquaintance, "You're a taxi driver and you don't have a car? One day I'll come make a film about you."
Driving around the area while visiting his family, the director would occasionally spot an older gentleman standing at the side of a road, outside a nursing facility. He
would wave, and the man would wave back. Bahrani said he would enjoy the encounters but would also feel saddened by what he perceived as the man's loneliness. The driver without a car and the aimless older man in search of companionship fused in his mind, and the kernel that would become "Goodbye Solo," written with Bahareh Azimi, began to grow.

"Has an uncanny ability to enlarge your perception of the world." NYTimes

"The scale of "Goodbye Solo" is modest, intimate; its resonance is universal." Star Tribune

"Vivas donde vivas, cuando este film se estrene allí, será la mejor película de la ciudad." Roger Ebert: Chicago Sun-Times

Quedan avisadísimos.

Siguiente: de un pasaje biográfico de Daniel Kahnemann, psicólogo israelí, Nobel en Economía en 2002 por sus investigaciones sobre juicio humano y toma de decisiones. Como punto de partida a una vocación es impagable. (via Nudge)

An early event in Nazi-occupied Paris that he remembers vividly left a lasting impression because of varied shades of meaning and implications about human nature. “It must have been late 1941 or early 1942. Jews were required to wear the Star of David and to obey a 6 p.m. curfew. I had gone to play with a Christian friend and had stayed too late. I turned my brown sweater inside out to walk the few blocks home. As I was walking down an empty street, I saw a German soldier approaching. He was wearing the black uniform that I had been told to fear more than others—the one worn by specially recruited SS soldiers. As I came closer to him, trying to walk fast, I noticed that he was looking at me intently. Then he beckoned me over, picked me up, and hugged me. I was terrified that he would notice the star inside my sweater. He was speaking to me with great emotion, in German. When he put me down, he opened his wallet, showed me a picture of a boy, and gave me some money. I went home more certain than ever that my mother was right: people were endlessly complicated and interesting.”.
Away we go (Sam Mendes, 2009):
Cuando Burt y Verona descubren que están a punto de tener un niño, sufren una crisis de pánico. No soportan el pueblo donde viven, y ahora que los padres de Burt se mudan de allí, pierden el sistema de apoyo con el que contaban. Deciden emprender un viaje en busca del sitio ideal para echar raíces y criar un niño.

Aunque no tan redonda como Goodbye Solo, y con un tono que roza la comedia, lo cierto es que más que el viaje exterior/ interior de los protagonistas (que parten del vacío en busca de un destino), algo falto de definición y fuerza, la reflexión procede de las diversas formas en que los varios destinos que se encuentran por el camino parecen haberse desinflado inversamente en otros vacíos. Aunque asumo (ya se explicará en breve) una carga proyectiva considerable, también es cine del que te obliga a esos infrecuentes ejercicios de reflexión sobre el fracaso, el miedo, el amor, y esas cosillas (beyond popcorn, vamos).

O bien, alternativa de consumo fácil (via soberinanightclub).

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