1 de enero de 2011

Historias del Padre Basili (I)

En agradecimiento a Miquel y por supuesto a Basili

Hace unos cuantos años, en el 96 ó 97 si no recuerdo mal, conocí al Padre Basili en una cueva habilitada en la montaña sobre el monasterio de  Montserrat. Basili Girbau era un ermitaño benedictino, y llevaba allí desde el 73. Curiosamente, poco antes había regresado a Montserrat desde Tabur, entre Belén y Jerusalén, donde había ejercido como bibliotecario en el Instituto Ecuménico Pontificio. Basili retornaba en busca de la guía espiritual del anacoreta que entonces habitaba ese espacio (la cueva de la Santa Creu), el Padre Estanislau, para encontrarse que éste ¡se acababa de marchar a Belén! (y luego Japón) a vivir en una cueva menos transitada su retiro del mundo en silencio radical (parece ser que decidió que aquello era demasiado concurrido -mucha gente venía a consultarle, a conocerle). Así que Basili se vio con cueva y sin guía, pero con la firme sugerencia del que hubiera sido su maestro de ocuparla.
El Padre Basili, sin embargo, tenía un talante distinto, muy sociable, dado a la broma y el desconcierto. Había viajado muchísimo por Oriente (llegó en el 61 a Palestina tras 42 días de hacer dedo). Hablaba una docena de idiomas, tenía anécdotas divertidísimas, y mostraba una curiosidad infantil y un sano desprecio por la etiqueta.
Mi amigo Miki lo había conocido en su preadolescencia cuando, en una visita del cole y haciendo gala de su hoy diagnosticable TDAH, se aventuró por la montaña y sorprendió al monje hablando con los pájaros. Muchos años después, cuando rozábamos ya los 30, recordó súbitamente (de esa manera completamente ilógica y caída de ninguna parte que es su sello) al Padre Basili, y fue en su busca; le contó que recordaba su hablar con los pájaros y que había pensado que estaba chiflado, pero que quería conocerle (quizás para comprobar si estaba girao o si como sospechaba era un sabio libre sin sentido del ridículo). Allí pues seguía el ermitaño, en su cueva-ermita, y allí me condujo Miquel en su siguiente visita al Padre ("tienes que conocer a este hombre, es el loco menos loco que he visto nunca").
Su cueva consistía en un jergón, una estufita con tetera, unas estanterías bajas deterioradas llenas de libros en idiomas diversos (hebreo, alemás, latín, creo que árabe), un altar torcido apoyado sobre un tocón mal recortado, y lleno de simbologías religiosas variadísimas (siempre en un equilibrio precario; cada vez que pasabas demasiado cerca gritaba - gritaba- "¡¡cuidado!!" y te acojonabas, y entonces prestabas una atención exquisita, y caminabas más despacio, y te volvías muy consciente del ínfimo espacio en la cueva, y de tus movimientos, y de tus intenciones, y entonces parecía que era todo un juego con el que Basili se divertía a tu costa, pero que de paso te despojaba de tus aires urbanos y del deambular como quien visita un museo, y te invadía una actitud reverencial y ciertamente acojonada, porque los gritos del Padre Basili acojonaban, al menos las primeras veces). También había allí un teléfono que le tenía en ascuas ("es curioso ser un ermitaño con teléfono. Hace dos años el abad me convenció de tenerlo en caso de enfermedad o una urgencia, y ahora me es tan útil que se ha convertido casi en una necesidad. El otro día se estropeó y cada rato me daba por comprobar si ya arreglaron la línea. Así somos los humanos: inventamos necesidades sin parar" y se reía fuerte de su condición de eremita con teléfono y de su propia humanidad, con extraordinaria ternura). Cada vez que sonaba (ocasionalmente, por fortuna), Basili daba un respingo y un ¡aah! como si nunca lo hubiera oído o si hubiera olvidado que tenía uno.
Sólo lo traté en unas pocas ocasiones, una de ellas por espacio de 3 días, pero con el tiempo creí entender que el Padre Basili, ante todo un hombre bueno, consideraba cada instante como único, y por ello todo le sorprendía, con una curiosidad infinita: como si fuera un bebé barbudo de 70 años.






No le gusta que le toquen el tema de su relación con el Dalai Lama, aunque todo el mundo en el monasterio sabe que el Dalai Lama le llama por teléfono. Tampoco le gusta cuando se le pregunta sobre la sabiduría. "Averígüalo por tí misma", contesta.


[...] En la radio suena "Las bodas de Fígaro" de Mozart. Es imposible continuar la conversación. El Padre Basili es una entusiasta de la música clásica. Tararea y dirige con sus manos. Para el Padre Basili no existe el concepto de entrevista. Las preguntas de cualquier tipo generalmente le enojan. Entonces, eleva el tono de su voz y respira profundamente, como si pidiera asistencia divina para lidiar con tanta ignorancia. Pero un momento más tarde sonríe. Una sonrisa sincera. 

De una entrevista en Planeta Humano, en 1999.
[continuará]

9 comentarios:

bento 2/1/11 11:47  

¡debe continuar!...

Candido 2/12/12 09:37  

Hola que tal: Mi nombre es Candido.
yo fui gran amigo del padre Basilio, me queria mucho,y yo a el. he de decirlo,me vio pasar de crio a hombre. Aqui en mi casa, colgada de la pared tengo una foto en la cual, mirandome nos damos la mano. Yo quise a ese hombre y lo recuerdo, a el sus charlas sus palabras su perra Violeta sus pajaros en su mano..

Gustavo Pérez Domínguez 2/12/12 09:41  

Un maestro muy vivo, ciertamente.
Un saludo Cándido.

ajlak2009 12/3/14 20:40  

Yo le visité y, ante la sorpresa de la amiga que me lo había presentado, estuve mucho rato hablando con él. Parecía como si nos conociéramos de toda la vida. Hablamos de lo divino y de lo humano, de la Biblia, de su interpretación, incluso de las lagunas que existen en la Historia, de otras religiones y filosofías... Para mi asombro, puesto que no soy muy dada ni a conversar ni mucho menos, a intercambiar opiniones con personas pertenecientes al clero, coincidíamos en todo. Una experiencia maravillosa. A pesar de su aparente seriedad era un ser adorable, de una espiritualidad fuera de lo común, y al propio tiempo muy conocedor del "mundo" y de los clásicos como muy pocos y dotado de una sutilísima y muy inteligente ironía, Incluso bromeó conmigo acerca de las supuestas "virtudes" de la fuentecita. Nos enseñó donde estaba enterrado su amigo , que desahuciado por los médicos fue allí a morir.... ¡Ah! Y me riñó porque , sin querer, le desbaraté el altar.. Allí había también un muchacho vasco , Joseba, creo que se llamaba que vivía en otra ermita.. Fue una experiencia entrañable que siempre perdurará en mi memoria..

Gustavo Pérez Domínguez 12/3/14 21:03  

Gracias por tu testimonio, que mantiene viva su presencia.

Jordiet 20/4/15 12:46  

Hola! Me llamo Jordi.
Conocí al Pare Basili hace unos años y me ha gustado mucho tu relato porqué ha hecho rememorar aquellos curiosos "encuentros" con el Pare Basili que acontecieron muy parecidos al modo como tu relatas.
Otro tema sería lo que me sucedió tras el haber podido estar con él y que en cierta manera cambió mi vida de manera fulminante.
Muchas grácias por haber compartido tu experiencia !

Gustavo Pérez Domínguez 20/4/15 17:51  

Somos muchos los que crecimos como personas por haber compartido un tiempo con el Pare Basili...Gràcies pel teu testimoni.

Antonio Lanada 22/3/16 07:24  

Yo también bebí de esa fuente de inspiración que era el Pare Basili..... me ha alegrado mucho saber que otros tuvieron experiencias análogas a la mía..... de alguna forma compartimos una energía, unas experiencias...... conectados estamos..... Viaje con él en varias ocasiones.... por ejemplo a Asturias.... uno de los viajes mas surrealistas de mi vida..... un fuerte abrazo a todos.....

Gustavo Pérez Domínguez 23/3/16 09:49  

Un abrazo Antonio. Hermosa y fructífera huella la que dejó el Pare Basili...

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