9 de julio de 2009

¿Autoayuda?

Un reciente artículo en Psychological Science argumenta que los libros de autoyuda pueden ser nocivos para su salud. De hecho, el repetirse mentalmente frases de contenido positivo sobre uno mismo sólo es útil, dicen, para los que no lo necesitan (alta autoestima) pero perjudicial para los de baja autoestima. La explicación provendría de la disonancia entre lo que me digo forzadamente y lo que siento/pienso realmente, con lo que refuerzo precisamente esta última cognición ("no valgo nada"; "soy estúpid@"). Hasta aquí, tiene su lógica, su respaldo teórico, y de hecho es algo que uno ve con cierta frecuencia en terapia como parte de la queja que se trae ("creo que tendría que decirme cosas más agradables, pero siempre me siento fals@, peor al hacerlo"). Estando de acuerdo conque es una vía esencialmente simplista y equívoca, también es cierto que el estudio lo es. De entrada, la autoayuda podría entenderse (afortunadamente) como algo más amplio y sólido que Louise Hay, "secretos" y demás. Autoayuda puede ser leer "El Profeta" o "El arte de amargarse la vida" o "El hombre en busca de sentido", o visionar "Pequeña Miss Sunshine", "Una historia verdadera" o "Elling". Aquí se habla de autoverbalizaciones positivas estrictamente. En segundo lugar, el diseño del estudio es absolutamente antinaturalista: repetirse "soy simpátic@" cada 15 seg. al sonido de una campana no parece muy realista. Sí es cierto que la teoría de la disonancia cognitiva y la experiencia clínica dicen que esa vía puede no ser muy sensata ni eficaz, y posiblemente desmoralizante, sobre todo en ausencia de convicción propia y naturalidad al ejercitarla (y de ahí la profunda insistencia en los últimos tiempos de las corrientes cognitivas en la aceptación y la conciencia como paso previo al compromiso de cambio), pero me temo que les ha salido un artículo un tanto amarillista (sensacionalista) o interesado: "no pruebe esto en casa sin la supervisión de un profesional".

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6 de julio de 2009

El lenguaje nos da forma

Ya sabemos que aquel mito básico del relativismo lingüístico (o del determinismo del lenguaje sobre el pensamiento) sobre los tropecientos términos que los esquimales usaban para la nieve es básicamente falso (resultado de una bola de nieve comunicativa) , o al menos similar en variedad al repertorio de esquiadores profesionales. Sin embargo, es indudable que el lenguaje da forma al pensamiento en cierta medida. Este artículo en Edge de una profe de Stanford especialista en el tema expone con convicción y amenidad varias investigaciones recientes sobre el asunto, describiendo ejemplos específicos y muy curiosos relativos a diversas lenguas: las percepciones del tiempo, del espacio, del color, de los adjetivos que asociamos a objetos en función de su género, se generan en parte en la lengua en que crecemos.
Gladwell decía algo similar en "Fueras de serie" para explicar la superioridad manifiesta de los asiáticos en habilidades matemáticas: el lenguaje chino, japonés o coreano está estructurado de manera que pueden hacer cálculos más rápidos, con menos errores, incluso...¡con mayor memoria a corto plazo! (porque su idioma les permite meter más cifras en los dos segundos del span atencional requerido).
No obstante, si el mito esquimal fuera cierto, este podría ser el libro de vacaciones de los esquimalitos.

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5 de julio de 2009

Placebo by proxy

Via Science Daily, accedo a un artículo de revisión del efecto placebo (uno tiene sus manías) en niñ@s con TDAH. Es muy interesante (y esto no sorprenderá a los constructivistas-sistémicos que ocasionalmente pasan por aquí) que, después de constatar que aprox. entre un 20 y un 30% de niños muestran efecto placebo en TDAH, y puestos a analizar los mecanismos del mismo, muestran (haciendo uso de un diseño placebo balanceado - cruzando las condiciones psicoestimulante / placebo con la información en-medicación / en-placebo) un efecto farmacológico independiente de la expectativa creada, pero además una ausencia de impacto en el resultado de la expectativa transmitida al niño. Ahora, cuando se evalúa el impacto de la expectativa en los padres, se observa que:

- Las valoraciones que éstos hacen sobre la evolución del niño sí están muy mediadas por las expectativas de madres/padres (incluyendo expectativas nocebo al recibir pastillas azucaradas que esas madres en ese caso creían que empeoraban el TDAH). Si creen que el niño recibe un fármaco (aunque reciban placebo), observan mejorías en sus hijos.

- Las medidas objetivas-subjetivas de mejoría tiene diferentes curvas dosis-respuesta y correlacionan poco entre sí. Tanto las pautas de modificación de conducta como el metilfenidato mejoraban las medidas objetivas (chequeos diarios sobre síontomas diana operativizables y específicos) pero las valoraciones subjetivas simultáneas de los padres eran positivas en condición medicación, y más bien neutra (esto es, no percibían/atribuían mejoría) en la condición conductista (aunque hubo mejora objetivamente).

- Las madres de niñ@s con TDAH utilizan el estatus de la medicación como explicación del problema, y de su evolución (la medicación explica el éxito de los niñ@s y su ausencia explica los fracasos). Si creen que está en medicación "activa", entonces hacen atribuciones más adaptativas y sanas de sus hij@s (asumen que la sintomatología, si se produce, está fuera del control voluntario).

-A la hora de adivinar si sus hijos/alumos estaban en condición fármaco o placebo (en estudios con variación experimental intra-sujeto), los padres erraban el 58% de las veces (atribuyendo la mejoría a medicación cuando esos días estaban en placebo), los profes el 46%, e incluso en un 19% de niños se asumió que nunca llegaron a recibir placebo (cuando todos lo hicieron al menos el 25% de los días).

- Aunque intervenciones breves conductuales muestran eficacia, los padres tienden a atribuir la mejoría en condiciones mixtas (fármaco+pautas conductistas) casi exclusivamente al fármaco; es decir, minimizan su propia capacidad parental ante el trastorno.

Finalmente, el comportamiento de los padres y profesores cambia: la medicación en general, sea "activa" o placebo, disminuye el nivel de ansiedad, desesperanza y cogniciones autoderrotistas, e incentiva un afrontamiento más eficaz. Posiblemente esto también es cierto al medicar a los niños, y se ha constatado un cambio consecuente en madres (más cerca de sus hijos, les hablan más, les marcan más).

Respecto al mecanismo de condicionamiento puro, aún no hay estudios que aporten mucho.

En suma: que el placebo es tan cañero que (como Antonio, Jesús, Esteban por supuesto saben, un saludo) es un mecanismo de significado que trasciende (e incluso puede no afectar directamente) al individuo (llamémosle sujeto-síntoma, paciente identificado, etc.) y puede suscitar cambios en los sistemas a los que pertenece (by proxy). Al mismo tiempo, involuntariamente se pueden desencadenar significados invalidantes, de atribución externa, que debilitan la eficacia de otras intervenciones complementarias.
Una vez más, ahí están los huecos gigantescos por donde al final nos colamos los psicólogos (y por supuesto cualquiera interesado en el complejo arte-artesanía de lo terapéutico en sentido amplio; muy amplio).


* Esta terapia de la izquierda no parece eficaz, pero también podría descansar (y mucho) a padres desesperados.

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4 de julio de 2009

Psicología Evolucionista: ¿desadaptada?

La psicología evolucionista ha supuesto desde hace unos 20 años, derivada de la sociobiología, un intento interesante y necesario de reestructurar el modelo estándar en las ciencias sociales, trayendo al fin a Darwin al estudio del comportamiento humano. Supone que la mente está constituida por numerosos módulos específicos de base innata diseñados por selección natural en un entorno cazador-recolector paleolítico; esa dotación genética es universal (con la clara excepción del sexo) y permanece en la actualidad. Las pegas básicas que se han planteado a este modelo solían ser ideológicas, tachándolo de derechista, conservador y en última instancia justificador de asimetrías sociales; ciertamente los teóricos como Geoffrey Miller, D Buss, S Pinker o Tooby/Cosmides no ejercen de retrógrados políticos, y se defienden con "la verdad os hará libres": conocer es mejor que no conocer, y precisamente ese conocimiento puede servir de base para corregir ciertas desviaciones a través de políticas sociales más equilibradas. Entre otras cosas, uno de sus grandes impulsos provino de los estudios sobre el mecanismo del altruísmo recíproco.
Los psicólogos evolucionistas han sido criticados por Chomsky (uno de sus inspiradores a raíz de sus estudios sobre el innatismo en el lenguaje) por ser "una filosofía de la mente con un poquito de ciencia dentro". Generan narrativas interesantes, creativas, pero son postdictivas y ad hoc. De hecho parecen poder explicar una conducta y su contraria con facilidad (John Horgan, La mente por descubrir, Paidós, 2001).
En un artículo de Enero en Scientific American de D Buller, un filósofo de la mente opositor de las versiones hard-core de la psicología evolucionista, se detallan 4 falacias frecuentes en este campo (que podemos conocer la psicología de nuestros antecesores en el Pleistoceno; que por tanto podemos precisar la evolución de los rasgos humanos distintivos; que nuestras mentes no han evolucionado significativamente desde la Edad de Piedra, y que los procedimientos psicológicos estándar - cuestionarios- de recogida de datos nos ofrecen evidencias claras de las adaptaciones). Estas falacias han dado pie a asunciones básicas definitorias de la disciplina que sin embargo son problemáticas; en concreto estas tres: 1) que la naturaleza de la adaptación evolutiva crea una modularidad masiva en la mente (órganos mentales separados para tareas distintas); 2) que esos módulos continúan estando adaptados a un estilo de vida cazador-recolector; y 3) que esos módulos son universales y definen una naturaleza humana universal. El gran libro de la psicología evolucionista había sido The Adapted Mind (Cosmides, Tooby; La Mente Adaptada), y Buller contraatacaba con Adapting Minds (Mentes Que Se Adaptan).
Un artículo de hace unos días en Newsweek actualiza (más bien del lado de los críticos) este debate: éste es un resumen.
En A Natural History of Rape: Biological Bases of Sexual Coercion R. Thornhill defendía en 2000 que la violación era una conducta evolutivamente adaptativa en ese marco paleolítico en el sentido de que los violadores aumentaban drásticamente las posibilidades de transmitir sus genes (su mercado es virtualmente ilimitado); posiblemente somos desdendientes de esos tipos. Un colega de Thornhill, K Hill, no tenía máquina del tiempo pero sí la oportunidad de convivir con una de las escasa tribus que quedan de cazadores-recolectores virtualmente idénticas a las de hace 100.000 años: los ache de Paraguay. Y averiguó que el coste era muy superior al beneficio - por un factor de 10- (p.e., por riesgo de morir por venganza de familiares, o por la pérdida de apoyo de la comunidad en situación de escasez de alimentos); la hipótesis no se sostenía con datos empíricos (según su modelo), y se había cruzado una raya hacia la especulación pura y dura; también se desataba con ello la vertiente más ideológica/política del debate. Una aproximación más amplia en castellano, en este blog.
En los últimos años, se acumulan las críticas a la psicología evolucionista: evidentemente el cerebro humano debería estar sujeto a mecanismos evolutivos, pero pretender que el producto es una suma de mecanismos modulares invariables desde el Pleistoceno es otra cosa. Nuestro ambiente (incluido el social) es tan complejo y dinámico que la evolución requeriría más flexibilidad que modularidad estricta, dicen los críticos; un cerebro polivalente y adaptable a entornos cambiantes. Es decir, "depende": no hay una naturaleza humana universal. P.e., un clásico es la relación 0.7 entre cintura y caderas, asumida como canon de belleza femenina de validez universal; es así entre los omnipresentes universitarios americanos, pero podría haber cultura mediando esas preferencias. Se me ha venido a la cabeza que el punto de referencia que documentan gráficamente las chicas del Playboy, un clásico científico -en serio- de valoración de preferencias masculinas sobre atractivo físico de las mujeres, ha ido evolucionando desde el 59 (perdiendo IMC; Marilyn igual hoy wouldn´t have made it to the centerfold, oh my god).
Efectivamente, en Diciembre pasado un estudio reveló que la relación más atractiva para los hombres era más bien superior (hacia 0.9, chicas potentes) en países donde la mujer era económicamente más independiente (UK, Dinamarca) o países en desarrollo en las que ellas proveen regularmente la comida; en sociedades donde la mujer es más dependiente del hombre (Japón, Grecia, Portugal), había una preferencia clara por el tipo Barbie (bueno, muy preliminar todo). Diferentes entornos, diferentes culturas, y...diferentes "naturalezas": esto se llama Ecología Conductual.
Otra: cuanto más independiente económicamente una mujer, parece ser que menos selecciona una pareja por factores económicos y más por factores de atractivo físico.
Otra más: la psicología evolucionista defiende que un niño tiene entre 5 y 40 veces mayor riesgo de ser abusado por su padrastro (síndrome del padre malvado, Wilson y Daly; si no son sus genes, no hay cuidado sino rechazo); sin embargo las estadísticas estaban sesgadas (en caso de falta de datos se asumía que el abusador era el padrastro pero podría haber sido la madre, fenómeno no del todo infrecuente), y parece ser que estos padrastros presentan tasas mayores de enfermedad mental (¿variable intermediaria y reflejo del nicho más limitado de una madre soltera con hijos?). Y de hecho podría igualmente argumentarse que en orden a tener acceso sexual estable a una madre soltera, la estrategia de nuestros genes debería ser tratar a sus hijos particularmente bien. Al mismo tiempo, los padres que adoptan niños tienen menor tendencia a maltratarlos que los padres biológicos. Um...todo se vuelve muy confuso. Pinker, al límite, acabó reivindicando la adaptabilidad puntual del infanticidio materno (otro de esos casos en los que los opuestos - el sacrificio de la propia vida y el homicidio del hijo- son explicables - o narrables, podríamos decir- ya un poco a saco).
Otro clásico sostiene que la mujer es más celosa de la infidelidad sentimental (deslealtad; él podría abandonarla en la cueva) y el hombre de la sexual (sólo faltaría tener que ir de caza para alimentar la descendencia del vecino). Sin embargo, en Alemania u Holanda los hombres no parecen ser muy quisquillosos con el resbalón ocasional de sus señoras y por tanto las predicciones no cuadran (los datos son más neutrales respecto al género).
Incluso el axioma de que el ADN humano es invariable desde hace 50.000 ó 100.000 años está en duda: parece ser que se han descubierto últimamente genes más recientes que la invención de la agricultura (10.000 años). Todo parece un poco más complejo (y menos cavernícola) de lo que los evolucionistas heavies sospechaban.
En resumen, en palabras de Buller, "la variación humana no es ruido en el sistema; es el sistema mismo".

* Sé que me arriesgo a alguna colleja documentada por algún paseante perdido que sepa más que yo; será bien recibida.

Hablando de nature vs nurture, hoy mismo una entrada interesante y pedagógica en MindHacks.

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Psicodiagnóstico del vaso de agua

Retocado de despair.com

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Psicodiagnóstico del tatuaje



Retocado de sober in a nightclub.

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2 de julio de 2009

Lao-tsé en Guía

Una íntima y bella aportación que Javier comparte conmigo desde Santa María de Guía (Gran Canaria), y yo con ustedes; ya sabemos que la psicología de calado, esa que pretende entender la Vida, se nutre de la literatura.

Coincidimos en el encuentro de las calles de Enmedio y Canónigo Gordillo, allí donde la ferretería hace esquina. Siempre fue una mujer divertidísima, fumadora hasta el fin, admirable, risueña y simpática como pocas he conocido, a la que le entraba la risa en medio de una regañina –y entonces estaba perdida- . Cuando tuve cuatro años, fue ella quien me enseñó a leer y escribir. Tras un pequeño diálogo intrascendente, con sus maneras suaves y algo distraídas, con su expresión afable y hablar pausado, me preguntó: ¿Eres feliz?. Y no me mientas, que a los ancianos no hay quien nos engañe.

La felicidad, esa gran palabra, es un concepto equívoco. Y aunque la canción diga qué bonito nombre tiene, es una entelequia que puede causar daño y angustia. Si algo he aprendido con la edad es que en el terreno de la felicidad no existen ni fórmulas magistrales ni consejos infalibles. Cada cual ha de buscarse su felicidad como pueda.

No deja de ser sintomático que seres humanos que aún andan por el mundo desnudos y desposeídos de casi todo, como los pigmeos africanos o los yanomami amazónicos, no tengan en su vocabulario la palabra felicidad. No la necesitan. Mientras, en nuestra moderna sociedad, las enfermedades psicológicas, la angustia, la ansiedad o la depresión van en aumento. La obligación de ser felices nos convierte en infelices patológicos, a pesar de que hoy presumamos de tener muchas cosas que aparentemente nos deberían procurar la ansiada felicidad.

La conversación pronto finalizó. La esperaban en su casa y hacia ella se dirigió caminando por una acera tan estrecha que era tan ancha como ella. Dejé que se alejara unos metros y la observé marchar despacio hacia la calle del Agua, mientras el bastón en el que se apoyaba le imprimía una cadencia sonora y una serena dignidad a su vejez. Entonces, no sé aún bien porqué, pensé que quizás la felicidad no es un lugar al que llegar; es más bien una manera de andar.

Javier Estévez

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