4 de julio de 2009

Psicología Evolucionista: ¿desadaptada?

La psicología evolucionista ha supuesto desde hace unos 20 años, derivada de la sociobiología, un intento interesante y necesario de reestructurar el modelo estándar en las ciencias sociales, trayendo al fin a Darwin al estudio del comportamiento humano. Supone que la mente está constituida por numerosos módulos específicos de base innata diseñados por selección natural en un entorno cazador-recolector paleolítico; esa dotación genética es universal (con la clara excepción del sexo) y permanece en la actualidad. Las pegas básicas que se han planteado a este modelo solían ser ideológicas, tachándolo de derechista, conservador y en última instancia justificador de asimetrías sociales; ciertamente los teóricos como Geoffrey Miller, D Buss, S Pinker o Tooby/Cosmides no ejercen de retrógrados políticos, y se defienden con "la verdad os hará libres": conocer es mejor que no conocer, y precisamente ese conocimiento puede servir de base para corregir ciertas desviaciones a través de políticas sociales más equilibradas. Entre otras cosas, uno de sus grandes impulsos provino de los estudios sobre el mecanismo del altruísmo recíproco.
Los psicólogos evolucionistas han sido criticados por Chomsky (uno de sus inspiradores a raíz de sus estudios sobre el innatismo en el lenguaje) por ser "una filosofía de la mente con un poquito de ciencia dentro". Generan narrativas interesantes, creativas, pero son postdictivas y ad hoc. De hecho parecen poder explicar una conducta y su contraria con facilidad (John Horgan, La mente por descubrir, Paidós, 2001).
En un artículo de Enero en Scientific American de D Buller, un filósofo de la mente opositor de las versiones hard-core de la psicología evolucionista, se detallan 4 falacias frecuentes en este campo (que podemos conocer la psicología de nuestros antecesores en el Pleistoceno; que por tanto podemos precisar la evolución de los rasgos humanos distintivos; que nuestras mentes no han evolucionado significativamente desde la Edad de Piedra, y que los procedimientos psicológicos estándar - cuestionarios- de recogida de datos nos ofrecen evidencias claras de las adaptaciones). Estas falacias han dado pie a asunciones básicas definitorias de la disciplina que sin embargo son problemáticas; en concreto estas tres: 1) que la naturaleza de la adaptación evolutiva crea una modularidad masiva en la mente (órganos mentales separados para tareas distintas); 2) que esos módulos continúan estando adaptados a un estilo de vida cazador-recolector; y 3) que esos módulos son universales y definen una naturaleza humana universal. El gran libro de la psicología evolucionista había sido The Adapted Mind (Cosmides, Tooby; La Mente Adaptada), y Buller contraatacaba con Adapting Minds (Mentes Que Se Adaptan).
Un artículo de hace unos días en Newsweek actualiza (más bien del lado de los críticos) este debate: éste es un resumen.
En A Natural History of Rape: Biological Bases of Sexual Coercion R. Thornhill defendía en 2000 que la violación era una conducta evolutivamente adaptativa en ese marco paleolítico en el sentido de que los violadores aumentaban drásticamente las posibilidades de transmitir sus genes (su mercado es virtualmente ilimitado); posiblemente somos desdendientes de esos tipos. Un colega de Thornhill, K Hill, no tenía máquina del tiempo pero sí la oportunidad de convivir con una de las escasa tribus que quedan de cazadores-recolectores virtualmente idénticas a las de hace 100.000 años: los ache de Paraguay. Y averiguó que el coste era muy superior al beneficio - por un factor de 10- (p.e., por riesgo de morir por venganza de familiares, o por la pérdida de apoyo de la comunidad en situación de escasez de alimentos); la hipótesis no se sostenía con datos empíricos (según su modelo), y se había cruzado una raya hacia la especulación pura y dura; también se desataba con ello la vertiente más ideológica/política del debate. Una aproximación más amplia en castellano, en este blog.
En los últimos años, se acumulan las críticas a la psicología evolucionista: evidentemente el cerebro humano debería estar sujeto a mecanismos evolutivos, pero pretender que el producto es una suma de mecanismos modulares invariables desde el Pleistoceno es otra cosa. Nuestro ambiente (incluido el social) es tan complejo y dinámico que la evolución requeriría más flexibilidad que modularidad estricta, dicen los críticos; un cerebro polivalente y adaptable a entornos cambiantes. Es decir, "depende": no hay una naturaleza humana universal. P.e., un clásico es la relación 0.7 entre cintura y caderas, asumida como canon de belleza femenina de validez universal; es así entre los omnipresentes universitarios americanos, pero podría haber cultura mediando esas preferencias. Se me ha venido a la cabeza que el punto de referencia que documentan gráficamente las chicas del Playboy, un clásico científico -en serio- de valoración de preferencias masculinas sobre atractivo físico de las mujeres, ha ido evolucionando desde el 59 (perdiendo IMC; Marilyn igual hoy wouldn´t have made it to the centerfold, oh my god).
Efectivamente, en Diciembre pasado un estudio reveló que la relación más atractiva para los hombres era más bien superior (hacia 0.9, chicas potentes) en países donde la mujer era económicamente más independiente (UK, Dinamarca) o países en desarrollo en las que ellas proveen regularmente la comida; en sociedades donde la mujer es más dependiente del hombre (Japón, Grecia, Portugal), había una preferencia clara por el tipo Barbie (bueno, muy preliminar todo). Diferentes entornos, diferentes culturas, y...diferentes "naturalezas": esto se llama Ecología Conductual.
Otra: cuanto más independiente económicamente una mujer, parece ser que menos selecciona una pareja por factores económicos y más por factores de atractivo físico.
Otra más: la psicología evolucionista defiende que un niño tiene entre 5 y 40 veces mayor riesgo de ser abusado por su padrastro (síndrome del padre malvado, Wilson y Daly; si no son sus genes, no hay cuidado sino rechazo); sin embargo las estadísticas estaban sesgadas (en caso de falta de datos se asumía que el abusador era el padrastro pero podría haber sido la madre, fenómeno no del todo infrecuente), y parece ser que estos padrastros presentan tasas mayores de enfermedad mental (¿variable intermediaria y reflejo del nicho más limitado de una madre soltera con hijos?). Y de hecho podría igualmente argumentarse que en orden a tener acceso sexual estable a una madre soltera, la estrategia de nuestros genes debería ser tratar a sus hijos particularmente bien. Al mismo tiempo, los padres que adoptan niños tienen menor tendencia a maltratarlos que los padres biológicos. Um...todo se vuelve muy confuso. Pinker, al límite, acabó reivindicando la adaptabilidad puntual del infanticidio materno (otro de esos casos en los que los opuestos - el sacrificio de la propia vida y el homicidio del hijo- son explicables - o narrables, podríamos decir- ya un poco a saco).
Otro clásico sostiene que la mujer es más celosa de la infidelidad sentimental (deslealtad; él podría abandonarla en la cueva) y el hombre de la sexual (sólo faltaría tener que ir de caza para alimentar la descendencia del vecino). Sin embargo, en Alemania u Holanda los hombres no parecen ser muy quisquillosos con el resbalón ocasional de sus señoras y por tanto las predicciones no cuadran (los datos son más neutrales respecto al género).
Incluso el axioma de que el ADN humano es invariable desde hace 50.000 ó 100.000 años está en duda: parece ser que se han descubierto últimamente genes más recientes que la invención de la agricultura (10.000 años). Todo parece un poco más complejo (y menos cavernícola) de lo que los evolucionistas heavies sospechaban.
En resumen, en palabras de Buller, "la variación humana no es ruido en el sistema; es el sistema mismo".

* Sé que me arriesgo a alguna colleja documentada por algún paseante perdido que sepa más que yo; será bien recibida.

Hablando de nature vs nurture, hoy mismo una entrada interesante y pedagógica en MindHacks.

4 comentarios:

arturo 5/7/09 10:15  

Creo que en Biología (evolución) es oportuno generalmente mantenerse en la posición del "ni tanto ni tan calvo". Las diatribas sobre modularidad acaban adquiriendo en ocasiones un carácter "modular" en el sentido en que se encapsulan las posiciones y se generan conjuntos de argumentos y credos cerrados.
No soy partidario de la modularidad estricta ni del localizacionismo pero es claro que, desde el punto de vista funcional, aparecen los módulos y las localizaciones.

El Sistema contiene siempre incertidumbre porque el entorno y el desarrollo también lo contienen y, tal como comentas el ruido forma parte (o esss) del sistema.

Enhorabuena por el artículo y el blog y gracias por la visita y el comentario.

Gustavo 5/7/09 10:28  

Igualmente, un saludo.

E. L. 12/7/09 00:15  

Muy bueno! Añadiría las críticas de McDonald al modelo modular radical de Tooby y Cosmides / Pinker y a la creencia de que el individuo es la única unidad de selección posible (propiciada por Dawkins y Jay Gould).
Un abrazo,

Anónimo,  7/12/09 22:27  

Te felicito por tu artículo por ser una crítica documentada a la psicología evolucionista. Yo soy psicólogo de orientación psicoanalítica y me decía a mí mismo antes de leer el artículo: "bueno, veamos qué escribe un ¿psicólogo? más de orientación conductista sobre esta psicología, evolucionista, que cada vez me atrae (ía) más". Y lo que de más valor considero de tus documentadas opiniones es la idea subyacente que una de las características que debe presidir el pensamiento científico es la PARSIMONIA, la mesura, en la afirmación de sus hipótesis. Posiblemente no podamos sostener por más tiempo que la mente es una Tabula Rasa, como sostenían los pioneros conductistas radicales De ahí la acertadísima crítica de Chomsky a las tesis de Skinner sobre el origen aprendido del lenguaje.
Me alegro de leer este comentario tuyo sobre psicología evolucionista porque, aun considerando que es una rama de investigación sobre la naturaleza del funcionamiento mental, no podemos de perder el norte y no otorgar peso a la crianza y a la cultura.
Saludos.
Frank Castrillón

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