12 de julio de 2009

Haidt: felicidad, moralidad y política

Jonathan Haidt es un interesante autor, profesor de Psicología Social en la Univ. de Virginia (USA), e interesado en Psicología Positiva y Moralidad. Sobre el primer tema, tiene un libro interesante, y espantosamente traducido al castellano (que debieran evitar; los errores son tales que a veces se traduce lo opuesto exactamente, así que es confuso), llamado The Happiness Hypothesis, según Nature the most intellectually substantial book to arise from the positive psychology movement, y del cual les dejo un nota del autor a modo de resumen ligero, tomada de Edge.org:


Haidt investiga recientemente sobre todo la psicología de la moralidad en aplicación a la política y la religión contemporáneas. El acercamiento tradicional de la psicología se inició con el conductismo (aprendemos los valores a través del reforzamiento) y la teoría de desarrollo cognitivo en etapas de Kohlberg (construcción del sentido de justicia a través de la experiencia social, medido a través de la comprensión consciente de los dilemas y sus resoluciones). Sin embargo, cuando el péndulo histórico recuperó el papel decisivo de los circuitos emocionales en la racionalidad (Damasio), y se reconocieron las similitudes de los componentes morales con otros primates (De Waal), y la ubicuidad del sesgo autoconfirmatorio post-hoc (no somos tan racionales como racionalizadores), el estudio de la moralidad desde la psicología entra en un terreno renovado, inclusivo y muy ambicioso. Esta nueva atalaya implica 4 principios que Haidt expone con claridad en un artículo en Science:

1- Primacía Intuitiva (sin dictadura)
. La primacía afectiva (affective primacy, Zajonc) justifica la distinción entre intuición moral (afectiva, rápida, automática, hacia una valoración bueno-malo o atracción-rechazo) y razonamiento moral (controlado, consciente, busca una justificación/decisión moral). La intuición es primaria, el razonamiento es post-hoc (y somos muy buenos encontrando apoyo a lo que queremos creer). La reacción afectiva no es una dictadura (no es decisiva), pero sí un empujón sustancial. Haidt detalla 3 vías para contrarrestar este fenómeno, siendo la principal el exponernos a otras personas con contrargumentos (debatir).

2- El pensamiento (moral) sirve al acto (social)
. El razonamiento moral se parece más a un abogado o un político que a un científico: siempre nos es útil explicarnos lo que hemos hecho, y tener una explicación que nos justifique ante los otros, y poder analizar los actos de los otros a la vez. La reputación social es importantísima. Somos racionalizadores de lo propio y detectives desconfiados de lo ajeno.

3- La moralidad vincula y construye
(Durkheim). La cooperación se tiende a explicar en base al parentesco (genética común) o a la reciprocidad (interés directo). Pero ¿y el altruismo con extraños que nunca veremos de nuevo, o con el grupo como un todo? La moralidad obliga a los individuos a ligarse entre sí y construir grupos cada vez mayores con propiedades emergentes nuevas, más poderosas, y adaptativas.
La reciprocidad indirecta basada en el conocimiento público de las reputaciones de los individuos fomenta la cooperación. Aunque durante un tiempo se presuponía que la selección grupal era fácilmente reemplazable por versiones egoístas en la especie humana, lo cierto es que los grupos humanos se ven envueltos en prácticas culturales (que benefician al grupo y castigan el egoísmo) que modifican las circunstancias en las que los genes son seleccionados. Ahí Durkheim situaba la función de la moralidad colectiva - y de la religión como variante típica: crear normas, prácticas, creencias, que suprimen el ego-ísmo e instan a la cohesión del grupo para su beneficio como tal (cuya ausencia, la anomia, es tan nefasta para grupo e individuos).

4- La moralidad es más que Daño/Protección y Justicia
. Aquí está el nivel más original de aportación de Haidt. En la psicología de la moral, siempre se alude esencialmente a dos factores: el daño/cuidado/protección (paralelo a lo dicho sobre cuidado del parentesco) y la justicia/reciprocidad (paralelo al altruismo recíproco). Sin embargo, el nivel grupal añade otros tres factores usualmente descuidados en la investigación: Lealtad (dinámicas dentro-fuera del grupo); Autoridad (respeto y obediencia), y Pureza (corporal y espiritual). En general, en sus estudios Haidt observa que en occidente se valoran con frecuencia exclusivamente los dos originales (que suponen factores de individualización), y en oriente más los 5 (que incluyen por tanto diferencialmente una dimensión grupal). Además, en occidente (en estudios en diversos países) los de izquierdas se aferran a ese reduccionismo moral a dos valores, mientras los conservadores aplican los cinco factores (Haidt se cuida de aclarar que esto no supone ninguna valoración de superioridad moral per se de ninguna corriente política).

Caso de que sospechen que Haidt pudiera ser un infiltrado al servicio de la ideología más conservadora, aquí tienen una descripción de su próximo libro (2010) The Righteous Mind: Why good people are divided by politics and religion:

This book will be a friendly slap in the face to liberals and atheists, delivered by a liberal atheist who desperately wants his peers to wise up, drop their self-righteousness, and understand the moralities of conservatives and of religious groups.

Esto es apertura mental, digo yo.

TED tiene en abierto, subtitulada, una excelent y muy amena charla de Haidt sobre estas diferencias políticas. Si quieren participar en su investigación, visiten www.yourmorals.org.
Aquí hay una entrada anterior sobre felicidad y política y aquí sobre el factor del fundamentalismo en esa relación.
En este artículo en Edge, sugiere que la izquierda debe asumir moralmente esa utilidad necesaria de la dimensión grupal para expandir una convivencia más cohesionada, armoniosa, e inclusiva (eso sí, nutriéndola de valores coherentes con sus planteamientos, pero que atiendan a esa dimensión). Después de todo, el efecto Obama es, aparentemente, la suma de ciertos valores de izquierda (a la americana, claro) más un intento de unidad trascendente, de superación de las guerras de la cultura, de sumar talentos de todo el espectro político (que lamentablemente por estos lares aún no incorporamos con coraje).

Por otro lado, nadie es perfecto (Obama en el G8 sucumbiendo humanamente a la tentación, ante la mirada comprensiva de Sarkozy; empatizo).

7 comentarios:

Jesús Castro Rodríguez 13/7/09 08:38  

Efectivamente, somos racionalizadores mas que racionales. Por este motivo se nos va con tanta frecuencia la pinza a los que trabajamos con esto de la salud mental. El material de que estamos hechos, hace que cuando se autoanaliza o se estudia a si mismo, reproduzca el proceso y los problemas que tenemos con todo. Cuando hablamos de verdades científicas a veces estamos diciendo que "¿despues de estudiar esta dura carrera durante ocho años, y empaparme de medicina y de bioquímica va a ser que en la mayor parte de los casos, esto no tiene nada que ver...?. Ojo, también a la inversa.
Sin ir mas lejos, ayer el PP una vez mas nos hizo disfrutar con uno de sus "científicos", esta vez psiquiatra, que "demostró" en el congreso que la violencia de género es debida a un exceso de serotonina en las señoras cuando tienen la regla. Toma ya verdad científica.
En cuanto a la moral y las explicaciones, también por supuesto, en eso somos máquinas autoexculpatorias, somos especialistas en salvar la cara con nuestras explicaciones.
Detrás de un "no puedo" muchísimas veces se esconde un "no quiero", pero claro, el "no puedo" como mucho me convierte en un minusválido, el "no quiero" seguramente en un cabrón ante mi mismo.
Un saludo.

E. L. 13/7/09 18:57  

Me alegra que Haidt dedique un libro a los "atheists liberals" norteamericanos. Detrás del continuo rezongar de Dawkins contra la religión hay tanto fanatismo como entre los religiosos que deplora; lejos de favorecer la reflexión, la ahuyenta. Es triste que se haya convertido en el principal vocero de esta tendencia (pseudo)racional.
Un saludo,

Gustavo 13/7/09 21:01  

El del PP es digno sucesor de Aquilino. Y Dawkins es una muestra ejemplar de esa primacía afectiva: no intenta comprender, sólo adoctrina (los extremos se tocan siempre); sí, es mu pesao.

Antonio Olives 14/7/09 11:08  

Por favor Jesús, una referencia donde pueda ver con detenimiento los detalles de tan emocionante descubrimiento de la ciencia... las recomendaciones literarias de Gustavo son siempre bienvenidas... pero como literatura... la noticia no tiene parangón.

Gustavo 14/7/09 11:37  

"Los disparates del doctor Coullaut-Valera"
http://www.elpais.com/articulo/sociedad/disparates/doctor/Coullaut-Valera/elpepisoc/20090712elpepisoc_3/Tes

Antonio Olives 14/7/09 12:11  

Sabía que lo iba a disfrutar mucho. Espectacular, con el OPUS topamos (no lo dudaba). Me encanta toda la terminología: "Cariño, me estoy poniendo serotoninérgica". Y lo del trastorno de la inoportunidad es espectacular. Estos del PP, en estas cosas dan siempre en el blanco.

Jesús Castro Rodríguez 14/7/09 22:22  

¿A que es alucinante?. Una gente que ha hecho una carrera de años, dura, muy dura, que tienen un puesto (supongo) de responsabilidad, hasta tal punto que hablan en el congreso, y, o yo me he perdido algo, o es evidente QUE NO SABEN PENSAR, usease (como diria el mago, figura entrañable en mi tierra) no saben emplear, utilizar, los conocimientos tan duramente adquiridos. O eso, o ha sido una concatenación de malos entendidos y declaraciones sacadas de contexto. Yo, la verdad, lo flipo.

  © Blogger templates The Professional Template by Ourblogtemplates.com 2008

Back to TOP