21 de julio de 2009

Psicólogos, canguros y animadores de fiestas

Arien Hochschild es una socióloga feminista (sic) que desde hace años investiga cómo trabajo y hogar se han disociado hasta el punto de que la capacidad familiar para el cuidado afectivo se ha desintegrado, y de hecho contratamos en el mercado a personas que provean ese cariño/cuidado. En la introducción de su último libro (La mercantilización de la vida íntima):

En el año 1900, menos de un quinto de las mujeres estadounidenses casadas trabajaban por un salario; en 1950 lo hacía aproximadamente el 40 por ciento, y en el año 2000, cerca del 70 por ciento. En efecto, esté o no presente el marido, seis de cada diez mujeres con hijos de 2 años y más de la mitad de las mujeres con hijos de 1 año trabajan fuera del hogar, y hoy en día también trabajan las abuelas, las tías y las vecinas a quienes una mujer podría haber acudido en busca de ayuda para cuidar a sus hijos. Lejos de reducir su horario de trabajo, los padres lo han extendido, en tanto que el índice creciente de divorcios ha llevado a que muchos padres dejen todo el cuidado de sus hijos en manos de sus ex esposas. Como consecuencia de este proceso hay menos colaboradores en el hogar, en tanto que mucha gente no encuentra o no puede pagar personal que cuide bien a sus hijos.[...]

Y este vacío ha tenido consecuencias curiosas. Por un lado, el cuidado de niños y ancianos parece haber descendido de categoría en cuanto a los honores y la recompensa monetaria, y se ha transformado en un trabajo del que es preciso salir o que debe dejarse vacante para quienes no logran conseguir un empleo mejor. Por otro lado, la tarea ha adquirido mayor importancia ideológica, como parte de un vehemente y confuso intento de crear una familia y una nación más cálidas y gentiles. El "cuidado" se ha ido al cielo en el terreno ideológico, pero en la práctica se ha ido al infierno.[...]

Cuando reemplazamos el cuidado familiar por cuidado pago, ¿qué podemos hacer para que éste funcione bien desde el punto de vista humano? A medida que la familia "artesanal" se transforma en una familia posindustrial, las tareas que antes se llevaban a cabo en el interior del núcleo familiar se confían cada vez más a especialistas externos: cuidadores de niños y de personas mayores, enfermeros, profesores de colonias de vacaciones, psicólogos y, entre los más ricos, choferes, ensambladores de álbumes familiares y animadores de fiestas de cumpleaños
[smile!]. Cada vez producimos menos cuidado familiar y cada vez lo consumimos más. En efecto, cada vez es más común que "cuidemos" mediante la adquisición del servicio o el objeto apropiados.[...]

Hochschild analiza cómo contratamos en el mercado capitalista a quienes se encargan de los afectos (familiares y personales) bajo esa aparente contradicción de invertir nuestro tiempo en ganar pasta con que pagar el tiempo de otros que hagan lo que nosotros deberíamos hacer (que es propia de la eficacia del mercado, pero que si implica lo afectivo no parece compensar tanto), e incluso reparte estopa contra los libros de autoayuda feministas tipo Mujeres que aman demasiado que realmente propugnan una afectividad más fría y desapegada, un formato de inversión a supervisar (en la línea del Amor Líquido de Baumann).
Hochschild, que plantea una tesis interesante y que merece una reflexión, incluye en esta cuadrilla de cuidadores afectivos explícitamente a los psicólogos. Además de en el texto anterior, en el último suplemento cultural de La Vanguardia (369) dice literalmente en un extenso artículo: "Cien años atrás a nadie se le ocurriría pagar para que otros le escuchasen. Para eso estaban los amigos o el sacerdote. Ahora, incluso la gente más madura emocionalmente acude al terapeuta. Está totalmente aceptado". Esta frase es muy importante. Entiendo que hay muchos tipos de relaciones de ayuda, y que algunas igual se basan exclusivamente en la escucha; esto es lícito, tanto en la venta como en la compra (ca uno es ca uno). Sin embargo, creo que igualar la psicoterapia con esto (y con ser una oreja de alquiler) es una generalización sensacionalista y poco creíble. Es posible, pero no probable. Y trae a cuestión cuál es la percepción que genera nuestra profesión (el artículo revela en la misma línea que en USA hay gente llamada wantologists que le averigüan a uno lo que uno quiere en la vida; esto, p.e., es exactamente lo que un psicoterapeuta no hace; en mi opinión tampoco hacemos lo que el sr. prostituto de la viñeta - que encuentro muy divertida, por cierto).
Hochschild no parece reconocer que una cosa es la queja y otra la demanda, y que ésta última es la razón de ser de una psicoterapia (y no la primera): se busca un objetivo, hay un acuerdo (a veces cambiante, o algo ambiguo) de propósito (y ojo, que la demanda puede ser o no clínica; es decir, la psicoterapia puede tener perfecto sentido en procesos no patológicos sino adaptativos o de conciencia). Ocasionalmente, puede que la escucha sea el eje principal (un duelo bloqueado, p.e.), pero incluso si así fuera, el objetivo de una psicoterapia es ¡que el cliente deje de acudir!. Damos espacio a los afectos, pero si ocupamos una posición de cuidador ésta es necesariamente transicional y dirigida desde el principio a dejar de serlo, al empowerment del otro, muy distinto al cuidar como objetivo en sí de una nanny o un cuidador para el abuelo o un enfermo (sin menosprecio; la autora tampoco lo hace, simplemente señala el vacío social generado en nuestro sistema económico productivo que obliga a subcontratar estas funciones fuera de la familia). Quizás la de escuchador es una imagen que deriva aún de los iconos populares y caricaturizados del psicoanálisis de diván y asociación libre o de la terapia rogeriana, pero el psicoterapeuta debe siempre (intentar) tener la mayor y más objetiva conciencia posible del tablero de juego y de hacia dónde mueven (ambas partes) las fichas (la escucha es parte del encuentro, pero no su finalidad). Por otro lado, sí tiene parte de razón en su cuestionamiento: es cierto que muchas personas/padres/familias acuden con el deseo de que nos hagamos cargo (nos responsabilicemos) de sus carencias, e indefinidamente si pueden, y que los sustituyamos como padres/parejas/sí mismos, y aunque esa vieja trampa se supone que está reconocida, puede que en casos particulares sea aceptada erróneamente esa en principio inaceptable demanda. Ciertamente es uno de los peores correlatos de la psicologización de la vida cotidiana: la dependencia del experto. Pero igual que la psiquiatría afortunadamente no es igual a sus usos equivocados tipo Malleus Maleficarum, la psicoterapia como concepto no es igual a la parentalidad o a la abrazoterapia.
En fin, que el mito del psicólogo como confesor moderno, pañuelo de lágrimas u oreja prestada me parece que habla más de las (¿seudo?)terapias amateurs y de una visión que, quiero pensar, es distorsionada... o quizás francamente sintomática (no de Hochschild, sino del espacio social en que la psicoterapia se (¿nos?) ha caído).

3 comentarios:

Jesús Castro Rodríguez 21/7/09 18:10  

Este tema lo toqué en modo humorístico en una entrada hace un tiempo: http://haymicabecita.blogspot.com/2008/11/los-tpicos-tpicos-los-psiclogos-y-la.html
En resumidas cuentas, me niego a aceptar la simple escucha, aunque saber hacer eso ya es bastante, no puede ser todo. Cuando hablo en consulta lo hago de un modo estratégico, tiene un sentido y un fin.
Efectivamente una de las cositas que tenemos que andar con ojo es nuestra necesidad de cuidar, porque si no sabemos gestionar esto, probablemente impidamos a nuestro cliente cambiar.
En cuanto a los temitas familiares, lo que está ocurriendo es tremendo, y mi impresión es que la psiquiatria y la psicología con sus diagnósticos que no dicen nada (en tanto en cuanto no explican de donde vienen), especialmente en el caso de los niños, vienen a ser, como el lubricante en los motores, permite que el sistema siga funcionando de la misma forma.
En mi caso, respeto a este tema de los niños y los cuidados, nos han llegado a tachar de "anormales" a mi y a mi mujer (tambien psicologa) por el hecho de que por ejemplo la pequeña (dos años, casi tres) aún sigue con lactancia. Cuando llevaba un año y pico solo a base de "teta" el pediatra se empeñó en que teniamos qeu darle de comer aunque no quisiera, alimentos solidos. La niña, por supuesto, comenzó a comer solido cuando le salió del forro. Un psicoanalista dirá que tendrá un trauma oral o algo ansina, por seguir mamando. Yo la verdad, la veo bastante bien....
Un saludo

Gustavo 21/7/09 20:17  

Sí, buena entrada relacionada.
A mí con la mía fue a la inversa: las proselitistas de la Liga de la Leche decían que el bibe la trastornaría (les faltó invocar la maternidad fría de Bettelheim) pero a los 3 meses se aficionó... y también parece sanita. No tiene trauma por defecto.

Jesús Castro Rodríguez 21/7/09 20:44  

Si es que todo el mundo está dispuesto a decirte lo que hay que hacer, como si no hubiera bastante con lo propio.
Al proselitismo tetabrickeo lo conozco bien.....la cosa va mas allá.....¿Como te explico?: vamos a ver....hay gente que por el hecho de yo tener tres crios y uno en camino, piensan que debo de pertenecer al OPUS. Pues algo similar con lo del tetabrick. Mucha, muchísima carga ideológica, y eso, claro, nubla el sentido....
Somos simplones los humanos.

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