30 de mayo de 2008

La felicidad de los fundamentalistas es excluyente

Arthur Brooks finaliza su serie de artículos sobre política y felicidad. Después de observar que los conservadores parecen más felices (o satisfechos), Brooks revisaba la evidencia de que los más radicales (de cualquier orientación) también parecen más satisfechos que los moderados (la certeza crea bienestar, o al menos más alivio que las opciones más abiertas). Esto parece ligeramente turbador, o cuando menos desdice una creencia común que aboga por el vive y deja vivir. Y efectivamente: los fundamentalistas se sienten más felices, pero esa felicidad es altamente excluyente; tú no les gustas, a no ser que pienses como ellos. Como señala Brooks, no es que muestren rechazo de ciertas ideas, sino que lo que rechazan son las personas que tienen esas ideas. En otras palabras, estarán encantados de haberse conocido a ellos mismos, pero no les gusta que existamos los demás.

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28 de mayo de 2008

Los lunes no son tan malos...


Ni los sábados tan buenos. Un par de investigadores sondearon a más de 200 personas sobre su valoración en un momento determinado sobre la calidad de los días de la semana, uno a uno, y de forma previsible el resultado general fue valorar como bastante mejores los viernes y sábados que los lunes (o bastante peores éstos; en rojo). Hasta aquí (casi) todos de acuerdo. Lo curioso es que cuando hicieron que cada participante de otra muestra más amplia valoraran durante una semana cada día en ese día, el resultado fue bien distinto: todos son más o menos igual (de buenos o malos; en azul). Es otro ejemplo más del sesgo de memoria: cuando valoramos en abstracto, tiramos de recuerdos, pero al buscar encontramos indefectiblemente recuerdos sobresalientes, no medios: los lunes son esterotipadamente malos, así que recordamos lunes malos (la UD perdió, el trabajo fue pesadísimo, y recordamos cómo nos fastidiaba que quedaran 4 días más hasta el finde); los sábados y viernes son estereotipadamente divertidos, así que nos acordamos de aquél sábado de farra en que triunfamos, o de la sensación el viernes de vuelta a casa de que podríamos dormir al día siguiente toda la mañana. Pero la verdad es que, día a día, hay lo que hay. Afortunadamente, diría yo.

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24 de mayo de 2008

La sabiduría es lenta

Acabo de leer en Mind Hacks que Terry Pratchett, un excelente escritor inglés de novelas-parodia (la saga del MundoDisco es muy buena; me encantan Dioses Menores y Mort) tiene Alzheimer. Luego me he ido al vínculo con el New York Times sobre la vejez cerebral normal y sus ventajas (esto no incluye, evidentemente, la demencia). Resulta que a mayor edad, el cerebro se vuelve más lento en sus funciones frontales (es decir, más distraíble y menos selectivo para filtrar rápidamente la información; más lento porque, entre otras cosas, no inhibe información sino que tiende a facturarla toda). Quizás por esto a mayor edad cuesta más acordarse de un nombre o recuperar de la memoria a largo plazo un número de teléfono (lo que se conoce algo peyorativamente como deterioro cognitivo o de la memoria asociado a la edad o benigno). Los jóvenes, mientras, van más bien a toda pastilla y jerarquizando la información con cierto ímpetu característico.
Lo que es muy interesante en las investigaciones que refiere el artículo, es que esta mayor lentitud cognitiva, que en una prueba estándar aparece como un leve déficit, y que implica realmente mayor distraibilidad (irse a lo periférico, a lo supuestamente irrelevante, al detalle)pero también un mayor procesamiento de información, da como resultado una mejor capacidad para resolver situaciones que requieran de creatividad (o sea, capacidad para relacionar información de una forma nueva). Otros estudios ya muestran que la creatividad se relaciona con menor actividad frontal (mayor distraibilidad, menos filtrado de información). Es decir, que la gente mayor posiblemente absorbe al final más información (pagando el precio de la lentitud, claro) de una situación, y esto les da la posibilidad de combinarla entre sí y con un depósito de conocimiento almacenado mayor (por mayor experiencia, por más procesamiento previo de toda una vida, lo que llaman inteligencia cristalizada). Esto al final puede ser una ventaja comparativa para la cual (sorpresa) ya teníamos un nombre: sabiduría.

Esto ya lo sabían Kundera (La Lentitud) y el que hizo aquella peli tan buena de Primavera, Verano, Otoño, Invierno...y Primavera (Kim Ki-Duc; preciosa). Y supongo que cualquiera que se haya visto seducido alguna vez por el Zen.



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Terapia de relajación


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21 de mayo de 2008

La escafandra y la mariposa


"¿Había estado ciego y sordo, o había sido necesaria la severa luz del desastre para encontrar mi verdadera naturaleza?", se pregunta Jean-Dominique Bauby. ¿Hace falta un“síndrome de cautiverio” para hacer al hombre consciente y para que los demás empaticen?¿Necesitamos enfermar para que los ángeles aparezcan y nos ayuden?Mi padre murió a los 92 años y no había estado enfermo en su vida. Estuvo felizmente casado con mi madre durante 60 años. La mayor parte de la gente firmaría eso inmediatamente, pero al no haber estado nunca enfermo, no estaba preparado y le aterrorizaba la muerte. Vivió con mi mujer y conmigo al final de su vida pero no conseguí salvarle de ese miedo. La vida no puede ser sólo dolor, caos sexual
y la nada. Tiene que haber algo más.Cuando Jean-Dominique Bauby era un miembro sano, robusto e inteligente de la comunidad, era un autor cualificado. Pero no era más que un escritor de éxito de acuerdo a los parámetros de la sociedad. A través de su parálisis y su renacimiento, a través de su nuevo de punto de vista, lo que el llamó “la mariposa”, busca su vida y las paradojas de ésta consiguiendo un profundo efecto en cualquiera que haya leído su obra."Mi vida fue una cadena de
posibilidades fallidas: las mujeres que no pude amar, las oportunidades de alegría que dejé pasar... Una carrera cuyo resultado conocía de antemano y aún así no fui capaz de apostar por el ganador". Una mirada introspectiva de la vida. Una oportunidad para la consciencia. Esta es la historia de todos nosotros, que seguramente nos enfrentamos a la muerte y la enfermedad.
Pero si nos fijamos, podemos encontrar el sentido y la belleza.
Quería que esta película fuera una herramienta, un mecanismo de autoayuda que nos ayudara a manejar la propia muerte. Es lo que esperaba, por eso la hice.
Julian Schnabel


Muy pocas veces el cine que nos llega filtrado por el mercado tiene el sentido de riesgo, de belleza, de pausa y de conciencia que hace que merezca la pena decir lo siguiente aunque pueda parecer pretenciosamente excesivo: dejen lo que están haciendo ahora mismo y vayan a verla.

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19 de mayo de 2008

Nadie pierde

De Robert Wright, editorial Destino. Estoy releyendo estos días este libro interesantísimo sobre la Historia y la dirección de progreso que encarna en términos de juegos en que todos ganan:

En el siglo XVIII Immanuel Kant señaló la "insociable sociabilidad" del hombre.
"Movido por el ansia de honores, poder o bienes, trata de conquistar una posición entre
sus congéneres, a los que no puede sorportar, pero de los que tampoco puede prescindir".
... para Kant la historia humana encarnaba "un plan secreto de la naturaleza" y aseguraba
que se podía tener una perspectiva consoladora del futuro porque "la especie humana
va llegando a ese estado en que todos los gérmenes depositados en ella por la Naturaleza se
desarrollan por completo y ella puede cumplir su destino en este mundo",
lo que llevaría a la paz perpetua tras milenios de "insociabilidad". Para Robert Wright
la globalización ha acercado ese momento, según explica en su ensayo Nadie pierde, que ha
logrado los elogios de Fukuyama o The Economist, y que mezcla la generosidad y el egoísmo,
el avance de las tecnologías de la información y la sociobiología, la libertad y el sentido
de la existencia. El asunto básico es que en la vida hay dos tipos de situaciones:
los juegos de suma cero, en los que si uno gana el otro tiene que perder
- como un partido de fútbol-, y los juegos de suma no nula, en los que los diferentes jugadores
pueden ganar o perder a la vez. Al comprar algo, comprador y vendedor ganan, y cuando
los hombres prehistóricos participaban en grupo en una cacería, se repartían lo cazado. O nada.
Extracto de La Vanguardia, 26-2-06
Igual que la guerra (el miedo a ella) ha empujado a la paz (crear alianzas, tratados), la globalización (también de nuestros problemas, como el medio ambiente) nos está empujando a crear estructuras globalizadas de supragobierno en base a la tecnología y el comercio.
Aquí una web dedicada al libro (en inglés).

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15 de mayo de 2008

Terremotos y empatía

Es sabido hace tiempo que ante una tragedia, nuestras emociones morales se activan más fácilmente cuando atendemos al caso único (el reportaje sobre el niño en Birmania o la chica en China que han sufrido la tragedia, en su contexto único y personalizado) que cuando nos saturan con estadísticas y números grandes: a la mente le es muy difícil "ver" un número como 7500 (no digamos 30000); no sabemos traducir eso emocionalmente. Los números no tienen capacidad para disparar el gatillo afectivo que inicie la acción; de hecho, esa disolución de lo humano en la estadística comienza según recientes estudios posiblemente en el número dos: creo que esta particularidad humana debe ser tenida en cuenta por los reportajes periodísticos y campañas sociales, al menos si pretenden movilizar hacia la compasión activa.

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