25 de marzo de 2011

Misturado 10

"Es la economía, estúpido"
Bill Clinton, 1992, carrera presidencial

La macroeconomía es una disciplina fascinante: creo que es la única que supera en esoterismo a la propia psicología, pero son más convincentes en hacer ver que saben de lo que hablan. Como nosotros, no saben predecir pero postdicen un montón. En fin, que en general escuchar una tesis de macroeconomía es como asistir a la revelación de los misterios de Eleusis. Entiendo poco, pero me parece entretenidísimo el dominó de las explicaciones: es una cadena lógica en la que todo está obligado a ser explicado, lo cual produce acabadísimos productos de la imaginación. Un blog que, aunque sigue siendo algo críptico, al menos parece honesto, es el de Antonio Iruzubieta: confieso que no entiendo ni la cuarta parte, pero hace un año estaba cerca del cero, así que progreso adecuadamente; la verdad es que lo sigo con la fascinación de quien escucha swahili por su musicalidad y con la (vana) esperanza de que se le pegue algo. No obstante, con la que cae está bien intentar entender qué ha pasado y qué podemos esperar; ahí van algunas recomendaciones estimulantes:

Inside Job: la verdadera historia de la crisis económica que padecemos. Todo ha cambiado para que todo siga igual. Los máximos responables de la debacle son los actuales asesores de la recuperación: igual estamos en la Edad Media y sin saberlo...En cualquier caso un documental fascinante y de una pedagogía muy lograda. Choriceo sin recato. Aviso al consumidor:  da un poco de miedo y potencia el resentimiento documentado.

El póquer del mentiroso: de Michael Lewis. Los 80. Memorias de un agente financiero en los comienzos del burbujón: es la inspiración natural hecha carne de Gordon Gekko. Divertido pero una confirmación algo pesimista de la inmensa capacidad de la estupidez (y la avaricia) humanas.


Un crack local de la crítica económica muy bien documentado y al que conocí personalmente (excelente tipo) y seguí en un ciclo de conferencias en BCN: Arcadi Oliveres, profesor de economía aplicada de la UAB. Aquí una conferencia del 2010 en castellano. Imperdible y un luchador honesto por la causa de la tasa Tobin.

En relación a las tesis de Arcadi, y a la prioridad absoluta de la (eficiente) lucha contra la pobreza, dos pendientes de publicación inmediata; parecen de los libros verdaderamente revolucionarios, al menos el primero (lean esta ardiente recomendación): Poor Economics, de Banerfit y Duflo; y More than Good Intentions, de Karlan y Appel. Para acabar con algo de esperanza...

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21 de marzo de 2011

La identidad de Mihaileanu

Un periodista le preguntó a Bergman, “¿Usted hace siempre la misma película?”. 
“Es que ésa es mi película, señor”.

Radu Mihaileanu nació en Bucarest en 1958 en una familia judía. Su padre, Mordechaï Buchman, comunista y periodista, al volver de los campos de trabajo nazis, cambió su nombre por él de Ion Mihaileanu para rumanizar su origen judío. En 1980, Radu huye de Ceaucescu en dirección a Francia, donde desarrolla su carrera en el mundo del cine.
Mihaileanu tiene un film primerizo, y otro que se acaba de estrenar en Francia, que aún no he conseguido ver, pero hay tres grandes obras de este tipo, absolutamente recomendables, que sostienen un hilo común:

- El tren de la vida: Durante la Segunda Guerra Mundial y con el objetivo de escapar de los nazis, un grupo de judíos de un pequeño pueblo de Europa del Este organiza un convoy simulando que se trata de un tren de prisioneros que se dirige a un campo nazi. Algunos de ellos, a pesar de las reticencias, tendrán que hacerse pasar por soldados nazis, todo ello para evitar que el pueblo sea exterminado.
La mejor de las tres para mi gusto, por divertida, y por transgresora (¡hacer comedia de la Shoah!). Es como el experimento de la prisión de Stanford en cachondo.

- Ve y vive: Gracias a la iniciativa del Estado de Israel y de Estados Unidos, en 1985 se llevó a cabo una amplia operación para trasladar a miles de judíos etíopes (Falashas) a Israel. Una madre etíope cristiana impulsa a su hijo a que declare ser judío, para que no muera de hambre. El niño llega a Tierra Santa, y como figura como huérfano le adopta una familla sefardita francesa que vive en Tel-Aviv. Pasa la infancia atemorizado de que se descubra su doble secreto, su doble mentira : no es ni judío ni huérfano, sólo sabe quién es su madre.
You told that joke twice - Banksy
Muy bella, íntima, previsible algunos ratos pero honesta igual.

- El concierto: En la era de Brézhnev, Andreï Filipov estaba encargado de dirigir la magnífica orquesta del Bolshoi. Sin embargo, caído en desgracia por negarse a discriminar a los músicos judíos, vive treinta años después como empleado de la limpieza de esa institución. Cuando descubre por casualidad un fax de un teatro de París en el que se encarga la celebración de un concierto en la capital francesa, a Andreï se le ocurre reunir a su antigua orquesta y suplantar al actual Bolshoi para darse una segunda oportunidad.
La más flojilla, pero aún así da caña por todos lados y te atrapa en su divagar, aunque en algunos momentos se le vaya la pinza...La música, extraordinaria.

Algunos críticos dicen que le falta realismo (supongo que son críticos que leen el Anuario de la Política 2003 en vez del Quijote o Cien Años de Soledad); otros, que su técnica no es excelente, tampoco la fotografía es soberbia y de vez en cuando falla el ritmo (y algún que otro agujero de guión). ¿Y qué? No necesita ser perfecto: porque ya es auténtico, honesto. La película de Mihaileanu, su película, es precisamente esa: la identidad, quién es uno a pesar de los envoltorios. La identidad no es un montón de cosas: ni la nación, ni la religión, ni la ideología. La identidad es posiblemente el poder no ser nada, o al menos nace de ahí. La identidad es elegir, o mejor es poder elegir (y eso es algo íntimo, un espacio inatacable): los judíos perseguidos por nazis se trasvisten en SS; el refugiado negro es enviado por su madre a convertirse en un judío huérfano; los rusos desclasados se fingen miembros del Bolshoi. Cada uno busca ser a partir del mismo sitio: se fingen otra cosa para precisamente disociarse de esa mentira con la que juegan, y convertirse íntimamente en lo que ya son: buscadores de libertad, de amor, o de armonía, sin definición ajena. Para Mihaileanu parece haber una idea esencial: la identidad es una libertad privada y responsable que sólo define uno mismo, y lo hace en sus elecciones (hasta el punto que la máxima libertad es la de contradecirse, fingirse, aparentar lo que no se es). Por otro lado, una de las claves de este transvestismo que trasciende es el humor sobre uno mismo, o al menos la convivencia serena con el absurdo (sobre todo el ovejil). 
Nada es sagrado, excepto lo que libremente uno elige para sí que lo sea, y que en cada caso para Mihaileanu acaba más allá de uno mismo:  la Corriente de la Vida, el Cierre en la Devolución del Amor Recibido, la Belleza de la Música. El Yo no es lo que parece ser: es siempre otra cosa, un pálpito profundo sin forma definitiva, un saber íntimo e inefable, una corriente subterránea que puede burlarse de su propio traje y jugar con él.


Anexo: tras  mi eslogan (ponga un Mihaileanu en su casa, su pueblo, su país), les presento otro extraído de cierto folklore local (hay versiones cerca de uno siempre, viva donde viva), que me asaltan en algunos muros de la ciudad. Definitivamente una obra maestra, pero ¿de qué exactamente? ¿Parodia humorística del borreguismo o seria estupidez autocomplaciente? Elijan ustedes mismos...

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18 de marzo de 2011

Tomasín y otros distintos

Pasaba hace unos días por la plaza de San Roque, en mi pueblo, cuando reparé en lo muy especial de la escultura a Tomasín: un señor algo distinto que la inauguró en vida y cuyo mérito fue el mejor posible para una escultura (logro que no igualan ni generales ni salvadores de la patria): el afecto atemporal y muy intenso que el pueblo le tuvo (le tiene). Yo lo recuerdo de mi niñez, pero más recuerdo otros distintos que formaron parte de mi preadolescencia (segunda fase: Yayo y las palomas, Tariro y sus sandalias con calcetines, Mari Paz). Lo de especial viene por el respeto cariñoso o al menos la tolerancia delicada que entonces se dispensaba (casi siempre) a aquellos que no estaban en la normalidad; viendo el busto de Tomasín se me ocurrió que quizás eso sólo puede suceder así de espontáneamente en una comunidad pequeña (por entonces en el casco éramos como 5000) que sea muy consciente de los individuos y del lugar (de la importancia) que cada uno tiene en ella. Ahora que en mi tercera fase en el pueblo éste creció y se expandió y se llenó de residenciales, me preguntaba si otro Tomasín tendría su busto, pero como foráneo desarraigado necesitaba la mirada de alguien de aquí. Así que propuse a Javi, escritor (entre otras cosas), que me escribiera algo para este blog. Javi entendió a su manera (faltaría más) lo que yo buscaba, y me envió un escrito con permiso a arrojarlo a la papelera de reciclaje si no encajaba. No lo hice por dos motivos: primero, porque me debo lealmente a mi ofrecimiento, y nada más feo que invitar a alguien a casa y hacerle pasar la fregona; segundo y más importante, porque como suele suceder, el resultado es mejor aún que mi intención. En efecto, mi curiosidad local por entender qué hace que Tomasín tenga un busto en una plaza se actualiza, se enaltece y se convierte en una estampa universalizable de comprensión, de aprecio y de valoración, y se demuestra en fin cómo, para cambiar el mundo, también (o quizás sobre todo) vale con cambiar una mirada.

Si hay algo que me fascina de él es ese silencio hondo y absoluto en el que se envuelve. Es como una isla dentro de la isla. No sé qué edad tiene aunque sospecho que rondará los veintitantos pero creo que el tiempo a él ni le inquieta ni le importa.  En ese sentido es todo un privilegiado.  A Javier lo descubrí verdaderamente hace tan solo unos años, cuando me mudé a una casa que está muy cerca de donde él vive con sus padres. Hasta ese momento éramos meros vecinos de pueblo y yo lo conocía someramente al coincidir en  varias acampadas organizadas por los scouts, a los que él pertenecía y con los que yo colaboraba siempre que podía en todo lo relacionado con el medio natural.
Entonces su existencia me resultaba estólida pero cuando pasamos a ser vecinos de calle y nuestros encuentros fueron más frecuentes me sorprendió gratamente su natural bonhomía y la amplia autonomía de la que disfruta a pesar de su notoria incapacidad psíquica, que según he sabido con posterioridad, deriva de una complicación fortuita en el momento justo de nacer. Los tramos sin asfaltar por los que transcurre a veces la vida, que diría el poeta.  
Basta con mirarlo a los ojos, siempre ausentes a pesar de su fijeza, para advertir su discapacidad. Es un niño perenne en un cuerpo que envejece. Ahora lo sé a ciencia cierta por su discurso, falto de madurez y de coherencia y por su voz aún aflautada que surge de un hombre ya en sazón, y que en ocasiones, mientras habla cosas triviales con algún vecino, entra en mi casa, delgada y sutil, por los intersticios de la puerta.
Hace unos meses coincidimos mientras estaba cada uno en su azotea. Él permanecía acodado en la cornisa de la fachada, mirando el paisaje que se abría hacia el poniente. Lo llamé, pero no respondió. Volví a llamarlo y continuó en su ausencia, absorto, indiferente a mi presencia. Sé que me oyó pues la distancia entre ambas cubiertas es de apenas unos metros. No sé porqué pero en ese momento, mientras él observaba quedamente el paisaje, pensé en las gárgolas de Notre Dame, que acodadas en la balaustrada de la catedral otean desde el medievo la extensión ya sin límites de París. He de reconocer que me embelesó su contemplación y aquel silencio de burbuja que decidió establecer entre él y el mundo exterior mientras sucedía un bellísimo atardecer. Ahora no hay semana que suba a la azotea y lo busque y lo descubra en esa posición, en su rincón orientado al atardecer, deleitándose siempre ante el mismo paisaje de tierra, luz, cielo y mar. Ahora cuando suceden estos encuentros, mientras desdoblo y expongo la ropa al soplo necesario del alisio, ralentizo la tarea y lo observo porque su silencio y su contemplación me fascinan y me sosiegan.
Ayer, entre una aglomeración confusa de sucesos y de gentes lo vi en el parque, empleado como jardinero, con el peto verde y unas botas enormes, mientras recogía con otros compañeros de igual condición las hojas secas que arrancaba el viento de un viejo flamboyán. Luego, de nuevo entre las gentes y los ruidos que convoca cada mañana la insistencia de la rutina, lo divisé ya apartado, solo, sentado entre las lavandas con un pequeño rastrillo que sostenía inconsciente entre sus pies. Estaba profundamente callado entre el fragor de un mundo que gira y gira sin parar y sin esperar, entregado a sus elucubraciones, como lo haría un monje cartujo en la celda solitaria de su monasterio. Lo llamé y, como esperaba, ni se inmutó ante su nombre y mi voz, pero he de reconocer que al verlo allí, tan callado, pensé en lo necesario que es el silencio hoy en día para sobrevivir.
Javier Estévez 


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12 de marzo de 2011

El salto mortal de nº 5

Hace unos días en Mind Hacks se comentaba un reciente artículo de Time sobre la actualización del estudio del proceso de duelo: ya no se sostienen los estadios fijos de Kübler-Ross, (hace tiempo, no es noticia, aunque otros hablan de fases solapables etc.; más pertinente es la crítica de que se mantenga la opinión mayoritaria de que el duelo ha de ser trabajado, elaborado (p.e. J W Worden: el tratamiento del duelo, una referncia en castellano), lo cual tampoco parece sostenerse). Vamos, de nuevo lo de ca uno es ca uno y cuidado con ir salvando a la gente a la fuerza.
Un metanálisis reciente del mes pasado en Clinical Psychology Review (The prevention and treatment of complicated grief: A meta-analysis), ahondaba en la puesta al día del duelo complicado señalando que si bien el tratamiento psicoterapéutico es efectivo, las estrategias preventivas son por lo visto estériles (lo cual es un tirón de orejas a considerarnos necesarios antes de serlo, que es otro error distinto).
En una vuelta de tuerca al asunto, aparece en escena un señor que no conocía (imperdonable, intuyo) que se llama Wakefield (coautor de un clásico que no he podido conseguir aún del sr google; seguiré intentando: The Loss of Sadness How Psychiatry Transformed Normal Sorrow into Depressive Disorder ) y en cuya web de la NYU se describe así:
 Rejecting both the anti-psychiatric critique that holds that there is no such thing as mental disorder other than as a label for socially disvalued conditions, and the standard psychiatric position that any well-defined syndromal set of symptoms can define a disorder, Dr. Wakefield argues for a middle ground position in which the concept of a physical or mental medical disorder is a hybrid value and scientific concept requiring both harm, assessed according to social values, and dysfunction, anchored in facts about evolutionary design. Unlike the anti-psychiatric view, the "harmful dysfunction" analysis offers a position from which to mount meaningful criticism and detailed suggestions for improvement of standard psychiatric diagnostic criteria based on assumptions about disorder that lie at the foundation of psychiatry itself.

Hace unos años, Wakefield, bajo estas premisas, denunciaba en el Archives que no sólo el duelo no complicado (vamos, el de toda la vida) es ejemplo de cómo el malestar emocional intenso puede ser no-síntoma / no-trastorno, sino que ambicionaba extender esa contextualización nosológica del malestar en otros tipos de pérdidas. En otras palabras: salir de la sospecha casi delirante de que todo malestar emocional es patología y recuperar la presunción de inocencia, o al menos la necesidad de contextualizar para comprender y valorar antes de etiquetar. 
Ahora, leo en Neuroskeptic, Wakefield está argumentada y articuladamente cabreado porque el puñetero ha revisado el criterio de exclusión para la depresión por duelo y confirma que bajo el vetusto y simplón dsm III-R (tosco, sí) de exclusión más restrictiva que el dsm IV, se diagnosticaban como duelos complicados (depresión) vs no complicados menos casos (45 vs 80%; menos patologizante) y además esa distinción con los duelos digamos normales era más acertada (identificaba mejor realmente los cuadros que finalmente suponían gravedad bajo criterios adicionales). Es decir: la nueva versión era un empeoramiento a todos los niveles; se habían lucido (y nos lo habíamos tragado, claro).
Como todo sin embargo puede empeorar, aquí viene el último ingenio creativo del dsm-5, el que va a matar definitivamente mi vínculo: planean sacar del todo el criterio de duelo. Sí: diagnóstico de depresión sin contexto, a pelo. Suma de síntomas y me llevo una. Sutileza llamo yo a esto; psicopatología de garrote. De hecho, recordé que tuve un compañero mir de psiquiatría durante la residencia que defendía precisamente en una sesión clínica que el duelo en queja ha de ser tratado sintomática (y funcionarialmente diría yo) como depresión mayor y convenientemente medicado; no era asunto del profesional a cuento de qué viene el síntoma (o como decía otro ilustre psiquiatra del honorable hospital "¿por qué me cuenta usted su vida?"; graciosísimo, sí: festival del humor).  El mir fue ingresado unas semanas después con un cuadro delirante, y hasta ahora ahí había contextualizado yo, parece que erróneamente, sus digresiones.
Neuroskeptic sacará en breve una segunda parte del post, con extra-rebote argumentado de Wakefield. Permanezcan atentos a sus pantallas: In Wakefield We Trust. Yo, mientras, estoy ya oficialmente de duelo (sin complicarme).
Actualización: gracias a la exquisita y espontánea amabilidad de Nietos de Kraepelin desde Canadá (¿quién dijo que los blogs eran pasatiempos inútiles?), pude acceder a ese round de Wakefield vs nº5: Knock Out, diría yo.

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5 de marzo de 2011

Lecciones de Sanación desde el Voudoutismo

Esto me dio en mano un señor moreno ("¡protesto!: irrelevante" - sí, pero le da más credibilidad) amable aunque algo silencioso que circulaba por mi pueblo (el de este año, al menos) el otro día:


El Maestro Bassane trabaja, al igual que yo, con creencias (y me temo que otras cosas, quizás gallos decapitados según mi incultura televisiva, pero ahí ya diferimos). Sin embargo el Maestro es un Maestro: lo cura todo. "No hay problemas sin solución", dice (y yo, que pensaba que hay muchos problemas sin solución; de hecho creía que la mayoría y que llamamos solución muchas veces a decir que "ése no es el problema, lo define usted mal"; otra cosa es si nos interesa vitalmente andar solucionando problemas). Pero probablemente sólo expreso mi incapacidad; por contra, su amplitud es brutal (y quizás su narcisismo también, aunque es posible que sea en parte necesidad de buscarse la vida, o de maximizar el efecto placebo consustancial a nuestra tarea). Ese etc seguido de cien puntos parece absorber toda la variedad de experiencia humana: qué envidia la maestría del maestro. Por supuesto, su CV es intachable: posee un don hereditario (bendita ciencia genética, lo que se va descubriendo), lo cual tiene la ventaja de convertirlo no sólo en profesional cualificado sino en excelente partenaire potencial (chicas, recojan su ADN); yo, sin embargo, hube de estudiar muchísimo, tanto Ciencias Áridas (psicometría, p.e.) como Ciencias Estériles (casi todas las otras asignaturas) y luego tuve que intentar olvidarlo porque tenía pesadillas, y aún estudio, pero ya de lo que me interesa (igual eso ya no es estudio, sino aprendizaje). Me faltó, por lento de reflejos, preguntar lo de las garantías al 100%: ahí me barre (compartimos mercado y de alguna manera nos dedicamos a actividades paralelas, no sé si a veces solapadas).

Eso sí, donde no pienso claudicar es en el aspecto que a primera vista parece más inocuo de su anuncio: "Resultados en TRES DIAS". Ahí me pongo garrulo, no puedo transigir; ustedes me comprenderán. Sí, ya sé que muchos de mis compañeros (de los tradicionales) anuncian Terapia Breve sin siquiera conocer el objeto, el contexto, la demanda, ni la persona en la terapia (postura tan curiosa como si alguien ofreciera Terapia Larga), pero déjeme Maestro voudoutista (¿existirá esa palabra?) que me niegue, al menos, a decidir de antemano cuánto dura una terapia, a tener que convivir con esa terrible certeza de destino.

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23 de febrero de 2011

Historias del Padre Basili (y III)

- ¿Qué sentido tiene vivir entre estas rocas, apartado del mundo?
- El sentido que tú le des.
- ¿Usted qué sentido le da?
- Yo estoy aquí y ahora, hablando con ustedes. ¿Qué más quieren?
- Claro, claro, pero…
- Todo lo demás son elucubraciones.
[...]
- Usted…
- Mi vida no es importante.
- Cuando decidió hacerse ermitaño llevaba ya muchos años de vida monacal.
- ¡Treinta! 
- Y es además el hombre que más lenguas habla de los miembros de la comunidad –inglés, árabe, alemán, hebreo…, ha visitado más de medio mundo, ha vivido en Alemania, Gran Bretaña, Oriente Medio…
- No exageremos. Todo esto no tiene ninguna importancia, son cosas que me han ayudado a prepararme para descubrir que lo único que merece la pena es lo innecesario.
- ¿Lo innecesario?
- “Venga a nosotros tu Reino…”
- ¡No pretenderá decir que el gesto de renunciar al mundo para un hombre de mundo no es importante! ¿Por qué se hizo ermitaño?
- ¡Porque sí!
- ¿No huía de nada?
- Evidentemente existen algunos motivos que condicionan…
- ¿Por ejemplo?
- Ver que en el fondo no vales nada. Aunque no merece la pena remover estas cosas. 
- Venga, cuente, por favor.
- Bueno, si quieren les diré que uno de los motivos fue la ejemplaridad del Padre Estanislau, mi predecesor. Yo tenía la impresión de que había muchas cosas que las había captado bien intelectualmente, pero que no tenía la experiencia real. Que hablaba por los libros. Y he querido llegar a estas cosas a través de mi propia experiencia. Es muy importante descubrir lo que tenemos dentro, llegar al fondo. Normalmente la gente va por el mundo pensando que tiene que hacer esto y lo otro, y dedican más esfuerzos a estar ocupados que a descubrir el sentido que tienen las cosas que tanto les ocupan. ¡Pero cuando estás totalmente solo! Entonces sale todo. ¡Es una terapia extraordinaria!
- ¿No le ha pesado nunca estar solo?
- Nunca.
- La soledad es el sentimiento más extendido ahí abajo…
- La soledad es el sentimiento de la no realización interior, de no fiarte de ti y de los que te rodean. 
[...]
- ¿No le molestan las visitas?
- Sí y no. A veces alguien me pregunta si no me estará molestando y yo le contesto: “Mire, yo he venido aquí para que no me moleste nadie y por lo tanto usted tampoco me molesta.” ¿Qué les parece?

        
                                             * * * * * * * *      

(viene de I y II)

El Padre Basili, un ratito antes de la puesta de sol, nos avisaba y paseábamos por un sendero curvo hasta una especie de mirador natural situado a la distancia pero más o menos enfrente de su cueva. Desde allí, observábamos sentados cómo el Lorenzo se despedía tras las peculiares montañas de Montserrat.

Ermita Sta Creu (de gencat)
- Cada día, si puedo, vengo.
- ¿Y no le aburre nunca, Padre?
- ¡Pero cómo...!?!? Cada día es distinto, nuevo. Nunca es igual. Como si fuera la primera vez. Sin "como": siempre es la primera y única vez - decía, posiblemente ya un poco saturado de nuestra estupidez.
- ?
- Sólo hay que mirar bien.

No puedo decir que conociera en profundidad a Basili; de hecho, ni siquiera podría decir que Basili me reveló alguna Verdad sabia. Creo que realmente ni siquiera hablamos de nada especial, excepto en esos momentos en que surgía algo breve, colateral, de manera casi inevitable pero que acababa en silencio, o en una anécdota. Sin embargo, creo firmemente que el Padre Basili transformaba a las personas que compartían su presencia. Y esto sucedía sin palabras, sin personalismos, sin nada especial ... excepto esa presencia misma. Hacía no haciendo nada. Basili era autenticidad, realidad, equilibrio, aceptación, comprensión, tolerancia. Aunque eso son sólo palabras. Para mí, su herencia consistió exactamente en que esa aspiración existencial universal se materializaba y se hacía real en Basili; después de tratarlo no fui más sabio o algo así, pero me di cuenta de que me llevaba un regalo valiosísimo: cuando regresábamos al tercer día a la zona del monasterio, bajando esa montaña supe (porque lo había vivido, y así ha permanecido) que alguien fue capaz, que es posible, que todos podemos de manera realista aspirar cada día a estar un poco más cerca de esa alegría total por estar vivo.

Gracias y hasta siempre, Padre Basili.

Padre Basili Mª Girbau
(1925-2003).

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21 de febrero de 2011

Misturado 9

Esta película se analiza mejor desde una perspectiva económica. John Von Neuman aplica la Teoría de Juegos, de John Nash, a la conducta social, y esa es la idea de la película. No sabrás moverte en una sociedad si no sabes las reglas del juego. Y las reglas no sólo son las leyes, sino los patrones de comportamiento. La policía en Brasil coge a gente sin formación, con un sueldo de 500 dólares al mes y una pistola. El resultado de esas reglas es que de 40.000 policías, 30.000 son corruptos. Toman la ideología de la violencia para poder sobrevivir a su contexto. Esta gente tiene que pensar que es más fuerte que nadie, aunque eso les lleve a la tortura. 
P: ¿Es una justificación? 
No, es una de las consecuencias de las reglas del juego.
Jose Padilha, sobre Tropa de Élite I 
Tropa de Élite 2, de Jose Padilha. No se confundan ni por un momento: no es Chuck Norris; ni siquiera es una cinta de acción. Es cine social, latinoamericano, vigente, de denuncia, y sobre todo, como me gusta: moralmente ambigüo. Diría que heredero de la fascinante Cidade de Deus pero en otra óptica. La primera parte ganó premio gordo en Berlín 2008 (en Lima también, caramba). Entonces, la historia era la guerra narcotraficantes-paramilitares en Rio de Janeiro en el contexto de una policía incompetente y corrupta: una guerra sin vencedores, pero ¿necesaria? ¿hay buenos / malos?. En esta segunda, el salto llega al sustrato político: la connivencia de la ley y el poder político con la corrupción policial, y la necesidad de guerra para autoperpetuarse. Ambigüa, pero también se moja (más), y para mí más trascendente, más impactante;  la película de más recaudación de la historia del cine brasileño: debe contener muchas verdades para la gente de a pie. O inimigo agora e outro. De actualidad absoluta.

Historias de Roma, de Enric González (gracias Javi). Este señor puede escribir de cefalópodos o de la historia del color blanco, de lo que quiera: es un crack. Ingenioso, documentado, inconformista, autocrítico, divertido, erudito, diletante, sumergible y no encasillable. Su blog sobre el pollo orientemedio, ahora que vive en Jerusalén, es imperdible (Fronteras Movedizas).

Ciclo Barroco, de Neal Stephenson. Historia de la Ciencia: finales del siglo XVII, Newton, Leibniz, Hooke, Royal Society, etc. + crecimiento del capitalismo y nuevo orden monetario,  epidemia de peste, especulaciones financieras, novela de aventuras, de espionaje, intrigas cortesanas en Versalles y Londres, la Inglaterra de Cromwell, amores tortuosos, criptografía, piratas, relaciones epistolares, esclavitud, y mil cosas más en una macronovela de casi 3000 páginas. La leí en inglés hace 2-3 años, y aproximadamente me enteré pero me perdí mucho detalle (lo cual con Stephenson es imperdonable), porque la erudición es extraordinariamente amplia y el lenguaje de Stephenson exigente (sobre todo cuando replica los giros de la época), así que la estoy releyendo en castellano y estoy disfrutando como ser de crecimiento vertical limitado. Fascinante, Neal Stephenson (Criptonomicón, La era del diamante, SnowCrash); lo próximo será Anathem (sólo la tengo en inglés, y me va a pasar igual que con C Barroco, pero bueno) que parece ser que es Penrose novelado (a ver si lo entiendo).
Bien traducido por Pedro J Romero, cuyo blog está en la lista de importantes.


B.S.O. Misfits 1 y 2 : para puretas (+40) en desactualización que nos quedamos en Led Zeppelin / Caetano Veloso / Best of Klezmer music. Una banda sonora completísima con descubrimientos excelentes, de los últimos 30 años pero bastante de hace poco: soul, funky, hard rock, pop de toda la vida, electro, hip-hop, etc. Ahí están los enlaces...

And now, for something completely different: risoterapia brit genuina. The Inbetweeners: adolescencia sector masculino pajillero; real como la vida misma (Step into a world of shame, awkward moments and bumdars, with class act). Divertidísimos; risa a borbotones. Los americanos te sacan buenas sonrisas (Modern Family, Community: muy buenas sonrisas, de hecho) pero los british te rompen: Black Books, IT Crowd. Y si quieren algo inclasificable (comedia-musical) y además neozelandés: Flight of the Conchords. Ni se les ocurra verlas dobladas. En su punto de torrents / subs habitual.


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