Historias del Padre Basili (y III)
- ¿Qué sentido tiene vivir entre estas rocas, apartado del mundo?
- El sentido que tú le des.
- ¿Usted qué sentido le da?
- Yo estoy aquí y ahora, hablando con ustedes. ¿Qué más quieren?
- Claro, claro, pero…
- Todo lo demás son elucubraciones.
[...]
- Usted…
- Mi vida no es importante.
- Cuando decidió hacerse ermitaño llevaba ya muchos años de vida monacal.
- ¡Treinta!
- Y es además el hombre que más lenguas habla de los miembros de la comunidad –inglés, árabe, alemán, hebreo…, ha visitado más de medio mundo, ha vivido en Alemania, Gran Bretaña, Oriente Medio…
- No exageremos. Todo esto no tiene ninguna importancia, son cosas que me han ayudado a prepararme para descubrir que lo único que merece la pena es lo innecesario.
- ¿Lo innecesario?
- “Venga a nosotros tu Reino…”
- ¡No pretenderá decir que el gesto de renunciar al mundo para un hombre de mundo no es importante! ¿Por qué se hizo ermitaño?
- ¡Porque sí!
- ¿No huía de nada?
- Evidentemente existen algunos motivos que condicionan…
- ¿Por ejemplo?
- Ver que en el fondo no vales nada. Aunque no merece la pena remover estas cosas.
- Venga, cuente, por favor.
- Bueno, si quieren les diré que uno de los motivos fue la ejemplaridad del Padre Estanislau, mi predecesor. Yo tenía la impresión de que había muchas cosas que las había captado bien intelectualmente, pero que no tenía la experiencia real. Que hablaba por los libros. Y he querido llegar a estas cosas a través de mi propia experiencia. Es muy importante descubrir lo que tenemos dentro, llegar al fondo. Normalmente la gente va por el mundo pensando que tiene que hacer esto y lo otro, y dedican más esfuerzos a estar ocupados que a descubrir el sentido que tienen las cosas que tanto les ocupan. ¡Pero cuando estás totalmente solo! Entonces sale todo. ¡Es una terapia extraordinaria!
- ¿No le ha pesado nunca estar solo?
- Nunca.
- La soledad es el sentimiento más extendido ahí abajo…
- La soledad es el sentimiento de la no realización interior, de no fiarte de ti y de los que te rodean.
[...]
- ¿No le molestan las visitas?
- Sí y no. A veces alguien me pregunta si no me estará molestando y yo le contesto: “Mire, yo he venido aquí para que no me moleste nadie y por lo tanto usted tampoco me molesta.” ¿Qué les parece?
El Padre Basili, un ratito antes de la puesta de sol, nos avisaba y paseábamos por un sendero curvo hasta una especie de mirador natural situado a la distancia pero más o menos enfrente de su cueva. Desde allí, observábamos sentados cómo el Lorenzo se despedía tras las peculiares montañas de Montserrat.
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Ermita Sta Creu (de gencat) |
- ¿Y no le aburre nunca, Padre?
- ¡Pero cómo...!?!? Cada día es distinto, nuevo. Nunca es igual. Como si fuera la primera vez. Sin "como": siempre es la primera y única vez - decía, posiblemente ya un poco saturado de nuestra estupidez.
- ?
- Sólo hay que mirar bien.
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4 comentarios:
Hay quienes usan su inteligencia para obtener solamente poder, riquezas e influencias. En cambio, hay quienes emplean su sabiduría para ser plenamente buenos, libres y felices. En medio de este clima de desasosiego (que diría Pessoa), estas historias del Padre Basili demuestran que aún hay posibilidades, no probabilidades, de esperanza (aunque resida en lo inesperado).Salu2
Suscribo, compañero. Forza Basili.
Realmente, me alegro que Basili este vivo en mi.
El amor es mas fuerte que la muerte, pues este, da vida, a quien amas.
Un maestro.
salud amigos
Eramos unos críos... Íbamos a Montserrat,saliendo el viernes del colegio, con 14 o 15 años y pasábamos allí el fin de semana. Durmiendo al raso, comiendo bocadillos... Un invierno, mientras preparábamos un mini-campamento para dormir, apareció un personaje enigmático, con una túnica oscura, una larga barba blanca y un bastón. Se nos quedó mirando y nos dijo: ¿ Qué hacéis, desgraciados, no veis que os vais a morir de frío ? Seguidme y os enseñaré un buen lugar para dormir. Nos llevó a una pequeña ermita abandonada donde pudimos pasar la noche tranquilos. Ese hombre era el Pare Basili. Desde entonces quedamos 'enganchados' a él y semana sí y semana no íbamos a Montserrat a visitarlo. Le llevábamos arroz, queso, frutas... cosas simples que él siempre agradecía explicándonos sus historias, enseñándonos el lado sencillo de la vida...
Un hombre extraordinario.
Saludos !!
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